18-01-2026, 11:32 PM
Elara sentía que la cara le iba a explotar, se sentía muy, muy roja y con un calor que no era normal. Al ver que Dharma era tan alto, tuvo que echar la cabeza hacia atrás para mirarlo y eso la puso más nerviosa todavía, porque desde ahí abajo los músculos de él se veían todavía más... más grandes. Sus ojos no podían dejar de mirar cómo la camiseta se le pegaba al pecho por el sudor, era algo que la tenía totalmente hipnotizada y muy ida, porque nunca había tenido a una "roca" tan cerca de su cara. Y eso le causaba muchísima vergüenza, pero poco y nada podía hacer. Simplemente intentar aguantar lo mejor posible la situación que vivía.
— ¡S-sí! ¡Estoy bien! O sea, mi orgullo no tanto, pero mis huesos están enteros, nee~ — balbuceó ella mientras intentaba que sus alas dejaran de moverse como locas, porque estaba dejando el suelo lleno de plumas blancas y rosadas y eso le daba muchísima vergüenza. Era como un pollito recién salido.
Cuando él dijo su nombre, Dharma, Elara lo repitió bajito, como probando cómo sonaba. Le gustaba, le gustaba mucho porque sonaba a alguien que no se cae de cara contra los árboles como ella. Pero cuando él mencionó lo de los rayos, ella se puso a jugar con sus dedos de forma muy torpe, apretando uno contra otro. Estaba muy nerviosa, pero lo dijo con una clara honestidad fácil.
— ¡Es que no fue a propósito! ¡Nee~ ! Es que un mosquito se me puso en la nariz y pues... pues exploté. No soy muy buena siendo una "mujer rayo", la verdad es que soy un desastre, un desastre muy grande y muy eléctrico — confesó con su honestidad de siempre, porque no sabía inventarse una excusa que sonara inteligente frente a alguien tan serio. Era algo duro, pero nada que hacer.
Se quedó mirando las espadas que él llevaba, y luego volvió a mirar sus brazos. Estaba muy impresionada, se sentía muy, muy impresionada por lo fuerte que se veía ese chico. Se acercó un poquito más, casi sin darse cuenta, porque su fetiche la empujaba a querer ver más de cerca esa "firmeza" que había sentido cuando lo tocó hace un momento.
— ¿Dharma? Es un nombre muy... muy de alguien que sabe lo que hace, nee~ — dijo ella rascándose la nuca y soltando una risita nerviosa que sonó un poco tonta. — Y no me espantaste... bueno, solo un poquito porque apareciste de la nada. Pero es que eres muy... muy imponente. ¡Eres como un muro pero con patas y espadas! ¿Vives aquí o solo estás de paso para que la gente te mire los músculos? ¡Nee~! — Se tapó la boca rápido en cuanto soltó lo último, abriendo mucho los ojos. ¡No quería decir eso! Pero es que cuando se ponía nerviosa, las verdades le salían solas de la boca como si tuvieran patas. Se quedó ahí parada, esperando que él no se enfadara por ser tan bocazas, mientras sus alas daban un pequeño aleteo de puro agobio.
— ¡S-sí! ¡Estoy bien! O sea, mi orgullo no tanto, pero mis huesos están enteros, nee~ — balbuceó ella mientras intentaba que sus alas dejaran de moverse como locas, porque estaba dejando el suelo lleno de plumas blancas y rosadas y eso le daba muchísima vergüenza. Era como un pollito recién salido.
Cuando él dijo su nombre, Dharma, Elara lo repitió bajito, como probando cómo sonaba. Le gustaba, le gustaba mucho porque sonaba a alguien que no se cae de cara contra los árboles como ella. Pero cuando él mencionó lo de los rayos, ella se puso a jugar con sus dedos de forma muy torpe, apretando uno contra otro. Estaba muy nerviosa, pero lo dijo con una clara honestidad fácil.
— ¡Es que no fue a propósito! ¡Nee~ ! Es que un mosquito se me puso en la nariz y pues... pues exploté. No soy muy buena siendo una "mujer rayo", la verdad es que soy un desastre, un desastre muy grande y muy eléctrico — confesó con su honestidad de siempre, porque no sabía inventarse una excusa que sonara inteligente frente a alguien tan serio. Era algo duro, pero nada que hacer.
Se quedó mirando las espadas que él llevaba, y luego volvió a mirar sus brazos. Estaba muy impresionada, se sentía muy, muy impresionada por lo fuerte que se veía ese chico. Se acercó un poquito más, casi sin darse cuenta, porque su fetiche la empujaba a querer ver más de cerca esa "firmeza" que había sentido cuando lo tocó hace un momento.
— ¿Dharma? Es un nombre muy... muy de alguien que sabe lo que hace, nee~ — dijo ella rascándose la nuca y soltando una risita nerviosa que sonó un poco tonta. — Y no me espantaste... bueno, solo un poquito porque apareciste de la nada. Pero es que eres muy... muy imponente. ¡Eres como un muro pero con patas y espadas! ¿Vives aquí o solo estás de paso para que la gente te mire los músculos? ¡Nee~! — Se tapó la boca rápido en cuanto soltó lo último, abriendo mucho los ojos. ¡No quería decir eso! Pero es que cuando se ponía nerviosa, las verdades le salían solas de la boca como si tuvieran patas. Se quedó ahí parada, esperando que él no se enfadara por ser tan bocazas, mientras sus alas daban un pequeño aleteo de puro agobio.
