18-01-2026, 02:31 PM
El rubio joven ignoró por completo el coqueto guiño de la pelirrosa. Emprendió el viaje, decidido a guiar a la mujer con quien devía reunirse, así como a su extrañamente musculosa trovadora. Con una para nada sutil estrategia, la mujer de pelo verde trató de sonsacarle su nombre, pero no era alguien que caería en una treta tan simple. Conocía mil y una formas de salir del paso en aquella situación, desde mentir hasta montar un drama y reprocharle no haberse presentado ella primero.
No hizo nada de eso. No porque hubiera optado por decir nada, si no porque lo siguiente que dijo aquella extraña mujer llena de cicatrices hizo que se quedara en completo silencio. Siguió caminando, sorprendiéndose más todavía con la extraña pregunta de la pelirrosa. ¿Para qué quería saber si el señor era apuesto? En otra ocasión le hubiera respondido que no sólo no era alguien apuesto, si no que además estaba casado, pero el joven estaba demasiado ensimismado en sus pensamientos como para responder a ninguna de ellas.
Continuó caminando, volteando la vista cada poco tiempo, a la vez que se aseguraba de no dejar ningún rastro de por dónde iban pasando. No sólo le habían ordenado asegurarse de que nadie le siguiera, si no que, conociendo lo peligrosa que era la fauna de aquella isla, lo último que quería era que algún enorme reptil les diera caza.
Pasaron un par de minutos, en los que lo único que se escuchaba eran los ruidos de sus pisadas y la sonora canción de la peliverde. Una vez la "trovadora" terminó de cantar, el joven se paró
- Perdonen - habló, girándose levemente para mirar a la peliverde - Antes me ha parecido escuchar algo de venta - giró la cabeza nuevamente, como si asegurándose de que nadie le estuviera observando - ¿A qué se refería, señorita? - sus verdes ojos se mantenían fijos en los de la cantante - Yo... - volvió a mirar hacia su espalda, antes de girarse nuevamente, abarcando con su mirada esta vez a ambas mujeres - ¿No han venido a llevarse a esos pequeños para curarlos? - preguntó, con una notable confusión en su rostro y ciertos tintes de preocupación en su voz - El señor me dijo que había una misteriosa enfermedad que los volvía sumamente agresivos, y que la única forma de curarlos era que se los llevaran ustedes y que los trajeran una vez curados - se llevó una mano a la cabeza, rascándose el pelo. Aquel gesto hizo que nuevamente se le cayera la capucha, haciendo ahora completamente visible la preocupación de su rostro. Volvió a ponerse nuevamente la capucha, mirando esta vez a la pelirrosa - Ni usted ni su musculosa trovadora me parecen el tipo de persona que se dedicaría a comprar pequeñas crías indefensas por placer - suspiró, encogiéndose de hombros - Aunque quien sabe, aunque igual comparten con el señor ese... peculiar gusto que tiene por las cosas con escamas.
No hizo nada de eso. No porque hubiera optado por decir nada, si no porque lo siguiente que dijo aquella extraña mujer llena de cicatrices hizo que se quedara en completo silencio. Siguió caminando, sorprendiéndose más todavía con la extraña pregunta de la pelirrosa. ¿Para qué quería saber si el señor era apuesto? En otra ocasión le hubiera respondido que no sólo no era alguien apuesto, si no que además estaba casado, pero el joven estaba demasiado ensimismado en sus pensamientos como para responder a ninguna de ellas.
Continuó caminando, volteando la vista cada poco tiempo, a la vez que se aseguraba de no dejar ningún rastro de por dónde iban pasando. No sólo le habían ordenado asegurarse de que nadie le siguiera, si no que, conociendo lo peligrosa que era la fauna de aquella isla, lo último que quería era que algún enorme reptil les diera caza.
Pasaron un par de minutos, en los que lo único que se escuchaba eran los ruidos de sus pisadas y la sonora canción de la peliverde. Una vez la "trovadora" terminó de cantar, el joven se paró
- Perdonen - habló, girándose levemente para mirar a la peliverde - Antes me ha parecido escuchar algo de venta - giró la cabeza nuevamente, como si asegurándose de que nadie le estuviera observando - ¿A qué se refería, señorita? - sus verdes ojos se mantenían fijos en los de la cantante - Yo... - volvió a mirar hacia su espalda, antes de girarse nuevamente, abarcando con su mirada esta vez a ambas mujeres - ¿No han venido a llevarse a esos pequeños para curarlos? - preguntó, con una notable confusión en su rostro y ciertos tintes de preocupación en su voz - El señor me dijo que había una misteriosa enfermedad que los volvía sumamente agresivos, y que la única forma de curarlos era que se los llevaran ustedes y que los trajeran una vez curados - se llevó una mano a la cabeza, rascándose el pelo. Aquel gesto hizo que nuevamente se le cayera la capucha, haciendo ahora completamente visible la preocupación de su rostro. Volvió a ponerse nuevamente la capucha, mirando esta vez a la pelirrosa - Ni usted ni su musculosa trovadora me parecen el tipo de persona que se dedicaría a comprar pequeñas crías indefensas por placer - suspiró, encogiéndose de hombros - Aunque quien sabe, aunque igual comparten con el señor ese... peculiar gusto que tiene por las cosas con escamas.
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