17-01-2026, 03:11 AM
Estaba vacía, vacía de verdad, había silencio y podía escuchar el eco de mi respiración y de mis pisadas, el techo era alto, los vitrales llenos de colores e imaginé que cuentan historias de las que no entiendo, pero que muchos de los creyentes le rezan todos los días, pero a mi sinceramente no me interesaba demasiado. Más allá, vi una puerta abierta, mi nariz hizo el resto del trabajo, olí el licor, era viejo, del bueno, sonreí sin darme cuenta, antes de escaparme necesitaba energía, valor, algo que me acomodara la cabeza y las piernas y el licor sirve para todo eso la mismo tiempo.
Entré a la bodega como si fuese mía, me creía la dueña y comencé a llenarme los brazos con botellas de cuello alto, abrazándolas contra mi pecho como si fuersen mi hermoso tesorito que no iba a soltar por nada del mundo. El vidrio estaba frio, lo sentía enfriar mi túnica y me gustaba esa snesación. Salí de la bodega, tambaleándome un poco, con una sonrisa descarada. Ya podía imaginar el sabor bañándome por la garganta, ese que no tiene nada de santo, que hace cosquillas incluso antes de tocar la legnua, ñami, tenía muchísima sed. —¡Miau! Gracias dioses que no existen jisjisjis— decía con emoción —Muack— y lancé un beso al aire.
Afuera de la bodega, al final del salón de la iglesia, vi un gran mueble lleno de decorativos de la religión rara que tienen estos… y esas decoraciones tenían unas botellas brillantes, demasiado brillantes. Me acerqué directo a ese mueble para dejar las botellas ahí y mientras no les quitaba el ojo de encima a esas piedras hermosas estaba abriendo una botella cuando pasó: “Toc toc”. Dos golpecitos sonaron como si alguien hubiera tocado la puerta, el corazón casi se me sale por los ojos como una cobarde. Pensé automáticamente que era una monja que se dio cuenta de mi ausencia y venia a buscarme. Siempre me encuentran, como si tuvieran un sexto sentido para arruinar mis planes.
No sabía quien era, pero sabía que no quería que nadie me viera. Así que gire con la botella todavia en la mano y me metí en el primer lugar que ví, un armario oscuro, era perfecto y al entrar cerré la puerta con cuidado. Esperé y el silencio volvió, fue entonces cuando escuché un… un maullido. La puerta del armario tenia un diseño que parecía una rejilla y desde los orificios vi al culpable del ruido, un puto gato negro gordo con cara de que le gustaba joder a las personas que intentaban escapar de la iglesia. El gato se estiro y se fue de la iglesia como si nada. —Muack— Le lancé un beso al gato que se fue.
—Que idiota me debo ver. Miau ¿Cómo alguien como yo se podría haber asustado por un gato gordinflón? ¿O por unas simples monjas desgraciadas?— Intenté salir del armario, empujé la puerta y volví a empujar, pero la puerta no cedió. Pensé en darle una patada, podía hacerlo, claro que podía, pero ya me imaginaba sus caras y los sermones, el “Dios mío, Lana”, el tener que arreglarlo todo después. Qué paja. Suspiré y me dejé caer sentada en el interesante sillón que tenía dentro.
Me acomodé mejor, abracé la botella como si fuera una amiga fiel. Mientras tuviera alcohol todo iba a estar más o menos bien, o al menos lo suficientemente borroso como para no importarme demasiado que arruiné mi escape, asi que destapé la botella, tomé un trago pequeño, no estaba acostumbrada a tomar demasiado, por lo que me atraganté y algunas gotas calleron en mi cuello hasta mojar un poco entre mis pechos sobre la tunica. Y apoyé la cabeza contra la pared del armario.
—Bien Lana, Miau. Plan B, a esperar… al menos te van a encontrar tirada y borracha— Estaba pensando en si me alcanzaba con esta botella, hasta que en ese descaso fue cuando escuché unos pasos firmes entrar a este “santuario”, no sonaban a una monja apurada. Pude sentir también su olor que no pertenecía a ninguna monja, tenía aroma a la calle refinada, a playa, pero olía muy bien, y sin querer me quedé quieta, escuchando, porque su presencia me atrapó.
¿Quién será? ¿Se está acercando hasta donde estoy? ¿Sabe que estoy aquí? Entró al puto armario en el que estaba, pero por otro lado, me confundía de quien se trataba y esta persona comenzó a hablar, dijo que no creía en esto, bien punto para ella, luego dijo que necesitaba alerten que escuche. Mala elección, amiga, estoy borracha y atrapada. Habló de alguien que le importaba, alguien que se fue, ¿alguien que está en peligro? Seguí escuchándola, que estaba dispuesta a lo que fuera. A lo que fuera. ¿Quién rayos era esta mujer? Al lado nos separaba una pared con otra rejilla más pequeña, así era imposible saber.
Mientras ella seguía hablando y yo bebía, escuchaba y pensaba en cosas… hasta que le comenté —Haces bien, hermana, desear el bien a alguien hará que tus deseos se te hagan realidad.— continué —¿Quieres orar o hablar de algo más para no reventar por dentro?— Pregunto curiosa ante todo lo que me compartía, sonaba muy preocupada, aunque entre medio… el calor empezó a hacerse notar y la túnica me estaba asfixiando, por lo que tiré de la parte de la falda de la túnica hasta que la tela comenzó a sonar y a romperse, dejando más corta y así más libres mis piernas.
