16-01-2026, 01:01 AM
Calle principal del Reino de Roshwan
Iglesia de San Elmo, patrono de los navegantes.
Tarde nublada- Día 11, Invierno. Año 15.
Iglesia de San Elmo, patrono de los navegantes.
Tarde nublada- Día 11, Invierno. Año 15.
El mercado olía a sal, a fruta podrida y a mentiras. Dravenia caminaba con las manos cruzadas a la espalda, el paso firme, con ropa sencilla, para ir al mercado, en fin... No estaba de servicio, pero su sola presencia bastaba para que los comerciantes se enderezaran y los ladrones se esfumaran entre los puestos. No era miedo lo que buscaba. Era orden. Silencio. Algo que no encontraba desde hacía semanas.
La iglesia se alzaba al final de la calle como una promesa de quietud. No era creyente, pero había aprendido a respetar los lugares donde la gente iba a callar sus culpas. Y ella tenía algunas que no sabía cómo nombrar.
Empujó la puerta de madera con una mano enguantada. El interior estaba vacío, salvo por el murmullo de una vela que chisporroteaba en el altar. Caminó hasta el confesionario, más por costumbre que por fe. Se arrodilló. El incienso le raspó la garganta.
—Ajá...No creo en esto —murmuró, sin esperar respuesta. —Pero necesito silencio. Y alguien que escuche.—
Del otro lado del biombo, un leve crujido. Luego, una respiración contenida. Pero nadie dijo nada. .
Dravenia se tensó. La incomodidad la invade, puesto que hablar de sus sentimientos no era algo que hubiera aprendido hacer. Dravenia apretó los dientes. No, no importaba. Pero sí. Porque hablar de algo que solo se limitaba a guardar dentro de sí, no le gustaba. Y al mismo tiempo, le incomodaba.
—Hay alguien por quien me preocupo...— Comenzó diciendo. —Alguien que ha partido para enfrentar peligro y...— Se muerde el labio inferior "¿Cómo era que las personas expresaban sentimientos en palabras, acaso existía algún manual para saber como hacerlo de la mejor manera?" Pensó. Respiró hondo y continuó.
—Hace unos días que perdí contacto con ella y... Pienso que si esta en peligro, no puedo ayudarla estando aquí.— Y por primera vez Dravenia confesó en voz alta, el miedo que sentía al pensar en la idea de perder a alguien importante. —Alguien me dijo que Orar ayudaría... Que si quizás pedía con suficiente fe...— Aunque ella no estaba segura que significaba realmente esa palabra. —Podía ayudar a que ella fuese salva de cualquier mal...— Empuña sus manos al sentirse impotente. —No sé como empezar a Orar o a que Dios pedir intercepción... Pero estoy dispuesta a lo que sea... Con tal de brindarle seguridad a ella...— Se quedo en silencio sintiendo que quizás hablo mas de lo que debía, se sentía tan vulnerable ahora, tan desnuda al decir las cosas que le preocupan y mas a estar dispuesta a hacer cosas que nunca hizo, por ayudar a alguien que le importaba y a quien no podía ayudar con sus propias manos.
