16-01-2026, 12:39 AM
(Última modificación: 16-01-2026, 12:45 AM por Choi Hae-won.)
D.i.s.c.i.p.l.i.n.a.
A ti, que te dispones a leer estas líneas, déjame contarte un cuento, una historia tan vieja como los sueños de quien escribe. Cuando las almas se disponen a caminar entre los vivos, cuentan leyendas que terminan desdibujadas o diluídas en el vasto mar.
Choi Hae-won tuvo muchísimas luchas en su preadolescencia, y más aún cuando su propio apellido se vio manchado por la maldición de progenitores capaces de romper con todo lo bueno que representaba esa insignia que antaño llevó con tanto orgullo. En aquel entonces deseó con todo su corazón desaparecer o ser una entidad más, una de esas historias diluidas en el mar y desdibujadas por el tiempo.
Agachó la cabeza y tragó saliva más veces de las que pudo contar en ese pasado tumultuoso y lleno de palabras hirientes. No fue tan sencillo para alguien que trató de no destacar, sin embargo, pudo ver sus deseos cumplidos en su primer año dentro de la bendita flota que la acogió con responsabilidad, y le devolvió las fuerzas para pelear por el honor que perdió hace bastantes años.
Por primera vez en su vida, esas ansias de ser una entidad invisible la frustraron. Pudo haber obtenido un mayor rango, sí, pero por míseros diez puntos perdió la oportunidad de avanzar un poco más. Tuvo la suerte de mirar el rostro de su contrincante y ver la sorna en la sonrisa y el gesto. A diferencia de lo que pareció ser una rivalidad real, ella le felicitó con sinceridad, lo que hizo que ese muchacho reaccione con vergüenza y orgullo a partes iguales.
Cóctel extraño, pensó en ese entonces.
El quinto lugar, en ese momento, no estuvo tan mal.
Lo que sí la extrañó fue la reacción de una de sus compañeras al saber que trabajarían juntas. En aquel entonces, Dravenia fue una de esas personas que podían convertirse en la piedra incómoda del zapato ajustado de cualquiera, pero para Hae-won no fue tan duro. La obviedad en lo mucho que esa muchacha detestó a Hae-won en aquel entonces fue bastante refrescante para la albina. No tuvo que esperar mucho para darse cuenta de que la batalla entre las dos se libró sin que ella se diera cuenta.
Choi nunca la miró con odio. Nunca reaccionó a las palabras que, obviamente, escuchó cuando habló de sus pobres manías ante el superior. Choi simplemente la contempló en su realidad, sin expresión, como quien analiza a un ser común y corriente. Y muy, muy dentro de sí misma, agradeció que la detestara y fuese vocal en eso. Por lo menos, la sinceridad de aquel gesto le permitió resguardar sus expectativas y la preparó para afrontar cualquier cosa con respecto a ella.
En ese pasado que miró a la distancia, recordó que ese ejercicio exigió un trabajo directo de dos personas que no se llevaron bien en ese instante. Cuando Dravenia no miró, ella acomodó su cabello detrás de la oreja con pena. Esa siempre fue su manera de protegerse, un tic que desarrolló como medida defensiva ante los recuerdos que sus padres evocaron desde que el incidente ocurrió. Nunca pudo controlarlo, y en aquellos momentos, se resignó y simplemente lo dejó ser.
Se acercó a ella con el peso verdadero de la supuesta autoridad que ganó en ese entonces, y se cruzó de brazos antes de siquiera proferir palabra. Ladeó la cabeza y solo la miró con la transparencia digna de quien solo pudo reflejar sinceridad verdadera en sus acciones y palabras.
—Hmmmm… Es una pena que me deteste tanto, señorita D’arclight —Suspiró y encaminó sus pasos hacia adelante, justo antes de que los ejercicios dieran inicio—. Porque, si debo ser sincera, usted es de los compañeros que mejor me cae en esta bendita unidad, ¿sabe?
Porque su cruel honestidad le infundió un sentido respeto, uno que pocas veces llegó a desarrollar hacia otros compañeros e incluso superiores.
Siempre fue consciente de una verdad escrita en acero: nunca tendría la capacidad de agradar a todo el mundo. Choi se dio cuenta de lo sensible que fue y de lo cruel que la trató la vida. Si de disgustos se trataba, ella siempre fue la mejor, la más hábil en ocultarlo. No dijo más; guardó la sensibilidad y tragó la amargura de la respuesta a la mala impresión.
—Comencemos.
Fue tajante en su manera de hablar. No buscó conciliar y no le interesó causar una mejor impresión en esa mujer. Si tanta honestidad fue capaz de mostrar en ese momento, Hae-won respondería con la misma fórmula.
