14-01-2026, 10:33 PM
Mi golpe y las flechas vectoriales impactaron de lleno en el colosal Gigantopithecus, haciendo vibrar su enorme torso y arrancándole un rugido profundo que sonó entre los árboles. Aun así, la criatura no cayó. El rastro que conducía hasta los cazadores del gremio Crux seguía ahí, marcado en el barro y la vegetación destroza, pero Moja sabía que no podía permitirse perder más tiempo. Aquel monstruo no lo dejaría pasar tan fácilmente, debía de darse prisa si quería salvarlos.
El gigante comenzó a avanzar con pasos lentos y pesados, aplastando el suelo a su alrededor, arrancando raíces y quebrando troncos como si fueran simple ramas secas. Cada movimiento estaba calculado, no atacaba a ciegas, pensaba. Algo que llamó la atención a Moja. Movía su enorme cuerpo de forma que el terreno irregular, los desniveles y los obstáculos jugaran a su favor, cerrando ángulos, limitando el espacio de maniobra de Moja. Aquella inteligencia lo hacía aún más peligroso. Con cada paso, el claro se estremecía. Bandadas de aves prehistóricas salían disparadas de los árboles, chillando al alzar el vuelo, como si presintieran que algo mucho peor estaba a punto de desatarse.
Moja, en cambio, permanecía inmóvil. Sus músculos estaban tensos, listos para reaccionar en cualquier dirección, mientras sus ojos seguían cada cambio sutil en la postura de la criatura. Entonces lo notó. El Gigantopithecus modificó su posición, no era un ataque frontal. Era una preparación distinta, más peligrosa, como si se hubiera dado cuenta de algo de lo que Moja no.
Y justo en ese instante, otro sonido se coló en sus oídos. Un golpe seco tras otro. Ramas quebrándose. Un desplazamiento rápido, poderoso, avanzando hacia el claro a gran velocidad. No provenía del dinosaurio.
Moja giró apenas la cabeza, lo justo para confirmar su intuición. La figura de Kibai emergió de entre la maleza como una exhalación violenta, deteniéndose a unos metros con una presencia imponente. Su llegada hizo que Moja sintiera, por primera vez, desde hacía rato, una calma contenida. No relajación, pero sí la certeza de que ya no estaba solo. Contar con Kibai significaba que el equilibrio de fuerzas se decantaría hacia su lado.
Contrario a su habitual silencio, Moja habló, sin apartar la mirada del Gigantopithecus.
-Llegas en el momento oportuno- dijo con voz firme y serena. -Este “pequeñín” nos está cortando el paso. Hay cazadores del gremio Crux en peligro… y necesito tu ayuda, Kibai.-
El aire entre los tres se volvió denso. Dos combatientes frente a una bestia colosal. La jungla contuvo el aliento.
El gigante comenzó a avanzar con pasos lentos y pesados, aplastando el suelo a su alrededor, arrancando raíces y quebrando troncos como si fueran simple ramas secas. Cada movimiento estaba calculado, no atacaba a ciegas, pensaba. Algo que llamó la atención a Moja. Movía su enorme cuerpo de forma que el terreno irregular, los desniveles y los obstáculos jugaran a su favor, cerrando ángulos, limitando el espacio de maniobra de Moja. Aquella inteligencia lo hacía aún más peligroso. Con cada paso, el claro se estremecía. Bandadas de aves prehistóricas salían disparadas de los árboles, chillando al alzar el vuelo, como si presintieran que algo mucho peor estaba a punto de desatarse.
Moja, en cambio, permanecía inmóvil. Sus músculos estaban tensos, listos para reaccionar en cualquier dirección, mientras sus ojos seguían cada cambio sutil en la postura de la criatura. Entonces lo notó. El Gigantopithecus modificó su posición, no era un ataque frontal. Era una preparación distinta, más peligrosa, como si se hubiera dado cuenta de algo de lo que Moja no.
Y justo en ese instante, otro sonido se coló en sus oídos. Un golpe seco tras otro. Ramas quebrándose. Un desplazamiento rápido, poderoso, avanzando hacia el claro a gran velocidad. No provenía del dinosaurio.
Moja giró apenas la cabeza, lo justo para confirmar su intuición. La figura de Kibai emergió de entre la maleza como una exhalación violenta, deteniéndose a unos metros con una presencia imponente. Su llegada hizo que Moja sintiera, por primera vez, desde hacía rato, una calma contenida. No relajación, pero sí la certeza de que ya no estaba solo. Contar con Kibai significaba que el equilibrio de fuerzas se decantaría hacia su lado.
Contrario a su habitual silencio, Moja habló, sin apartar la mirada del Gigantopithecus.
-Llegas en el momento oportuno- dijo con voz firme y serena. -Este “pequeñín” nos está cortando el paso. Hay cazadores del gremio Crux en peligro… y necesito tu ayuda, Kibai.-
El aire entre los tres se volvió denso. Dos combatientes frente a una bestia colosal. La jungla contuvo el aliento.
Resumen
Bélico
Fruta
*Pienso* -Hablo- Narro
![[Imagen: 5IZMHzN.jpeg]](https://i.imgur.com/5IZMHzN.jpeg)
