14-01-2026, 04:29 PM
(Última modificación: 14-01-2026, 04:29 PM por Eros Focalor.)
¿Hace cuanto ya que habían encallado en la maldita isla de Little Garden? Los piratas de la Sepultura habían montado su campamento en un lugar que, a primera vista, podría ser visto como parte de una serie de mala decisiones: La base del volcán de la hora. El gigante rocoso de imponente porte fungía como un amparo del sol más violento de la isla durante el día, y a la noche proveía una fuente de calor por las termas cercanas pues, efectivamente, el mayor hallazgo que habían hecho habían sido unas aguas termales ocultas entre rocas cubiertas de liquen, musgo y restos minerales. El agua caliente y potable que éstos puntos le proveían, les permitiría acceder a una cosa que extrañaban en demasía desde el hundimiento del Crimson Stage: acceso a la higiene. Allí podían lavar las manchas de sangre de sus ropajes, y cuidar las heridas con el debido cuidado para poder evitar las infecciones que, sin acceso a materiales médicos para que Kiyoshi pudiese trabajar holgado, podría ser mas letal para ellos que los dinosaurios.
El capitán regresó del frondoso espesor de la selva a la par que el sol comenzaba a ponerse en el horizonte. No traía consigo una presa a cuestas cómo solía hacer, ni lo acompañaba el olor de la sangre recien cazada pero sí cargaba por encima de la cabeza una canasta hecha por sí mismo semanas atrás con algo de fibra de los árboles más cercanos a las partes húmedas de las islas. La canasta en si misma traía frutos redondos de coloración amarillenta, alguna que otra fruta que recordaba a mangos, bananas y manzanas. Varo había identificado las mismas previamente para asegurarse que no terminasen envenenados, pues sí, en esa isla todo parecía poder matarte: Animales, plantas, habitantes, visitantes, tu propia mente.
La noche se acercaba prontamente, no faltaría mucho para que Varo regresase pero el carpintero había sido más rápido ese día. Avanzó hasta la fogata que habían preparado en el campamento improvisado, poniendo las frutas cerca de los troncos que había derribado para poder sentarse sobre altura. Su mirada miró a los alrededores, dispuesto a buscar a Kiyoshi. Las sombras de la selva poco a poco se iban alargando para darles amparo total de los últimos rayos del sol, por un momento se escuchó algo que entre grillos, rugidos, temblores y erupciones normalmente no podrían oír: El silencio. Un silencio sutil, y respetuoso.
Con ligereza, Eros comenzó a buscar al médico dirigiéndose hasta las termas que habían descubierto con anterioridad. No había más de treinta metros desde el campamento hasta ellas, pero las rocas formaban una barrera natural que daba reparo desde muchos ángulos. - ¿Kiyoshi? ¿Dónde andas? He encontrado algo que quizás te interese -Exclamó el capitán a la par que buscaba al médico, sin estar seguro de la ubicación del mismo. Su mano derecha estaba oculta tras su espalda, pues pese a todo el decidía apostar a que todavía podía haber algo bueno por parte de las sorpresas... O eso se quería decir a si mismo.
El capitán regresó del frondoso espesor de la selva a la par que el sol comenzaba a ponerse en el horizonte. No traía consigo una presa a cuestas cómo solía hacer, ni lo acompañaba el olor de la sangre recien cazada pero sí cargaba por encima de la cabeza una canasta hecha por sí mismo semanas atrás con algo de fibra de los árboles más cercanos a las partes húmedas de las islas. La canasta en si misma traía frutos redondos de coloración amarillenta, alguna que otra fruta que recordaba a mangos, bananas y manzanas. Varo había identificado las mismas previamente para asegurarse que no terminasen envenenados, pues sí, en esa isla todo parecía poder matarte: Animales, plantas, habitantes, visitantes, tu propia mente.
La noche se acercaba prontamente, no faltaría mucho para que Varo regresase pero el carpintero había sido más rápido ese día. Avanzó hasta la fogata que habían preparado en el campamento improvisado, poniendo las frutas cerca de los troncos que había derribado para poder sentarse sobre altura. Su mirada miró a los alrededores, dispuesto a buscar a Kiyoshi. Las sombras de la selva poco a poco se iban alargando para darles amparo total de los últimos rayos del sol, por un momento se escuchó algo que entre grillos, rugidos, temblores y erupciones normalmente no podrían oír: El silencio. Un silencio sutil, y respetuoso.
Con ligereza, Eros comenzó a buscar al médico dirigiéndose hasta las termas que habían descubierto con anterioridad. No había más de treinta metros desde el campamento hasta ellas, pero las rocas formaban una barrera natural que daba reparo desde muchos ángulos. - ¿Kiyoshi? ¿Dónde andas? He encontrado algo que quizás te interese -Exclamó el capitán a la par que buscaba al médico, sin estar seguro de la ubicación del mismo. Su mano derecha estaba oculta tras su espalda, pues pese a todo el decidía apostar a que todavía podía haber algo bueno por parte de las sorpresas... O eso se quería decir a si mismo.
![[Imagen: xNGUFie.png]](https://i.imgur.com/xNGUFie.png)
