10-01-2026, 02:23 PM
Me ubiqué aquel bello día en la isla Karate: Cuna de prospectos en las artes marciales, lo cual no es mi caso. No había sido bendecida con una fuerza privilegiada o destacada siquiera, eso de golpearme con las personas no se me daba muy bien y es en parte la razón por la que tenía un arco gigante a mis espaldas. Mi abuelo se había preocupado mucho por mí y me dio este hermoso regalo con el que podía defenderme sin depender de batas, mis puños o armas cuerpo a cuerpo. ¿Acaso él reconocía que esta pobre criatura de 165cm no sería capaz de estar a la par con criaturas de este mundo? ¿Qué sentido tenía darme un arma si no sabía si saldría de la isla o no? Ese hombre era… Un visionario, uno al que extrañaba mucho particularmente.
Estaba en un campo de entrenamiento en la isla. Por suerte varias artes marciales también permitían el uso de arcos por lo que me podía permitir un poco de tiro al blanco. Parecía distraída, melancólica, mis ojos apenas descubiertos gracias a sutiles ondulaciones en mi cabello me permitían ver el centro de mi objetivo y ¡Zas! Un tiro “casi” perfecto; Un poco por debajo, me faltó tensar la cuerda con más fuerza, supongo que la tristeza robó parte de mi determinación.
Chasquee la lengua y seguí intentando hasta que finalmente salió. Había hecho tanto esfuerzo que un poco de sudor empezó a gotear de mi frente. Algunos estudiantes me observaban a la distancia, quizá les llamaba la atención mi aspecto lúgubre y deprimido. Yo hice caso omiso a aquellas miradas, simplemente descansé y seguí intentando hasta que…
- Merde… - Pronuncié con mi típico francés, sin aparentemente exaltarme demasiado. Dejé el arco a un lado y observé mis dedos: Tenían un corte hecho con mi propia cuerda, sangraba y dolía como si me hubiese cortado con papel… Aunque un poco más grave, por supuesto. Mis dedos índice y medio necesitaban algo de atención y detener el sangrado para evitar infecciones.
Estaba en un campo de entrenamiento en la isla. Por suerte varias artes marciales también permitían el uso de arcos por lo que me podía permitir un poco de tiro al blanco. Parecía distraída, melancólica, mis ojos apenas descubiertos gracias a sutiles ondulaciones en mi cabello me permitían ver el centro de mi objetivo y ¡Zas! Un tiro “casi” perfecto; Un poco por debajo, me faltó tensar la cuerda con más fuerza, supongo que la tristeza robó parte de mi determinación.
Chasquee la lengua y seguí intentando hasta que finalmente salió. Había hecho tanto esfuerzo que un poco de sudor empezó a gotear de mi frente. Algunos estudiantes me observaban a la distancia, quizá les llamaba la atención mi aspecto lúgubre y deprimido. Yo hice caso omiso a aquellas miradas, simplemente descansé y seguí intentando hasta que…
- Merde… - Pronuncié con mi típico francés, sin aparentemente exaltarme demasiado. Dejé el arco a un lado y observé mis dedos: Tenían un corte hecho con mi propia cuerda, sangraba y dolía como si me hubiese cortado con papel… Aunque un poco más grave, por supuesto. Mis dedos índice y medio necesitaban algo de atención y detener el sangrado para evitar infecciones.
