[Aventura T3] Jungla Escandalosa [P.R]
#4
Aquel hombre, ladeó la cabeza extrañado. Era cierto que no tenían mucha pinta de becarios, pero ante la ausencia de los auténticos, tuvo que conformarse con estos dos nuevos sujetos bastante peculiares. Pese a tener los ojos cubiertos por sujetos flequillo, no pudo evitar alzar la cabeza para contemplar la imponente figura del gigante. Con una leve mueca de satisfacción al verlo, y aún más al escuchar como se ofreció rápidamente para ayudar a llevar sus cosas. Ya había recogido casi todo, por lo que iba a denegar su oferta con amabilidad. 

No obstante antes de que pudiera abrir y pronunciar una sola palabra, una retahíla de preguntas comenzaron a salir por la boca de la otra persona que le acompañana. -AAAAAAA, ¡No toques nada! -Gritó, agachándose de nuevo y volviendo a recoger sus planos y objetos de medición que aún quedaban por el suelo de piedra blanca. -Un becario es una persona que está haciendo prácticas. En la empresa tenemos varios y pensé que vosotros erais unos de ellos, pues me dijeron que me enviarían un par por no dejarme solo en esta expedición. Mi nombre es Howard, me dedico a buscar tesoros antiguos desde hace ya unos años. Todo esto son mis notas sobre este lugar, que ya os explicaré por el camino de que se trata… -Contestó a todas las cuestiones de carrerilla casi sin pararse a respirar, a la vez que sus manos se movían a la velocidad del rayo guardando todo lo que estaba tirado en su mochila. Por último miró a la chica que quedó justo frente a él agazapada tras agarrar uno de los objetos, la cual lo hizo tratando de ayudar. -Eso… es un lápiz. -Suspiró extendiendo la mano para que se lo cediera, y tras ello se lo apoyó detrás de la oreja.

-No tenemos tiempo que perder, pues la única forma de acceder a los tesoros que esconde este templo, se debe completar a una hora concreta, por lo que no tenemos tiempo que perder. -Se ajustó la mochila, y de un salto se puso en pie, comenzando a caminar hacia la enorme gruta que se hallaba ante ellos a paso ligero. No esperó pues se notaba que era una persona nerviosa, a cada paso daba pequeños saltitos de hiperactividad, como si se hubiese tomado ocho litros de café. -Si me ayudáis os prometo daros una porción de las riquezas que encontremos ahí dentro. -Prometió mientras su figura se perdía en la oscuridad del interior de la caverna.

La luz rojiza del atardecer fue sustituida poco a poco por la bioluminiscencia de algunos hongos que crecían repartidos por las paredes. Haciendo que se pudiera discernir bien el espacio, sin necesidad de encender ninguna antorcha o farol. Pero aquello no era lo único que brillaba, debajo del poncho del cazador de tesoros también una tenue luz aparecía de vez en cuando de forma intermitente, detalle que únicamente MM pudo darse cuenta. El camino era serpenteante, pero la altura y anchura no disminuyó en ningún tramo pues el túnel era obvio que no había sido creado naturalmente, pues había sido las manos de hombres, o mejor dicho gigantes los que habían excavado esta galería. A ambos lados, glifos indescifrables, dibujos arcaicos de marineros y motivos de pesca adornaban los muros de aquella kilométrica ruta. Muchos de ellos ya desgastados por la humedad y la flora. 

-Bienvenidos al templo de Octavia, una de las mayores maravillas arqueológicas de la isla. Y si ha podido conservarse hasta nuestros días es por quedarse oculto en la aquella cala. “Casi inaccesible.” -Puso más énfasis en estas palabras debido a la inesperada intromisión de ambas personas. -Las leyendas sobre este lugar son cuantiosas, no se sabe con certeza quién lo creó, solo se intuye por la magnitud de las medidas que fueron gigantes. -A medida que avanzaban los frescos a su alrededor mostraban escenas cada vez más y más perturbadoras. Pues pese a la degradación de estos se intuía decenas de tentáculos descuartizando a los marineros que antes pescaban tranquilamente, cada vez de formas más violentas, para finalmente llegar a una puerta de piedra sobre la que en el marco superior volvía a ser presidida por una cabeza de pulpo idéntica a la del frontón del monumento de la entrada. Su expresión era amenazante, posiblemente podría tratarse de algún método de intimidación para que invitados no deseados se pensaran dos veces si querían proseguir más allá de este punto. 

Howard levantó la cabeza para mirar la escultura y la señaló con su brazo izquierdo. -Según los escritos, el es T’hulu, algún tipo de ser divino al cual está dedicado todo este espacio. Pero no le temáis, el era un ser bondadoso, capaz de través nueva vida a partir de la muerte.

Solamente hicieron falta unos pocos pasos hacia adelante para llegar al final, pues detrás de la puerta se abría una sala circular con paredes de roca erosionada de cientos de metros sobre las cuales crecían las mismas setas que daban luz a los pasillos, no estaban decoradas como las de los pasillos, pero sí presentaban pequeños orificios circulares de unos cinco centímetros de diámetro. A los laterales destacaban seis estatuas de humanos con cabeza de cefalópodo de quince metros de alto. Cada una de ellas con un pedestal numerado bajo sus pies. Siendo la de la esquina superior izquierda la que comenzaba con el uno y tras ella, iban en sentido opuesto a las agujas del reloj. Pero lo que más destacaba en ellas era que cada una señalaba en una dirección. La primera hacia la derecha, la segunda hacia abajo, la tercera hacia arriba, la cuarta hacia la izquierda, la quinta hacia abajo y la sexta hacia la derecha. 

En el centro, un altar cilíndrico de diez metros de altura, sobre cuya superficie había grabado cientos de oraciones en un lenguaje que ni María ni Kelvin serían capaces de descifrar por sí mismos, sobre el cual descansaba una bandeja de color esmeralda. Y justo enfrente nueve tambores situados de tres en tres, cada fila situada a diferentes alturas siendo la primera la más baja y con los instrumentos de percusión de menor tamaño. Pero todos con las medidas justas para que un gigante fuese el único que los pudiera hacer sonar. Todos tenían el diseño idéntico menos uno, el del centro, el cual sobre la piel de la percusión presentaba una X verde.

Howard miró al cielo estrellado, pues sobre sus cabezas, el techo presentaba una obertura circular por el que se podía ver el cielo ya completamente oscuro pues mientras caminaban había terminado de anochecer. Apoyó su mochila en el suelo y comenzó a rebuscar en su interior. -Bien, haremos lo siguiente. -Ya con una cuerda atada a un gancho de cuatro puntas en una de sus manos. -El “tesoro” solo aparecerá cuando completemos el ritual. Y para ello tenemos que completar las instrucciones que se indican en el altar. -Hizo una pausa dramática para mirar a ambos acompañantes señalando el cilindro de piedra. -Primero se debe hacer sonar la melodía correcta de seis notas. Vosotros os encargaréis de eso. Creo que el orden tiene algo que ver con las estatuas de alrededor pero aún no me he atrevido a probar nada pues indica que cada fallo conllevará consecuencias. -Esto último lo dijo con algo de preocupación y seriedad denotando que era importante que hicieran bien esta misión. -Tras ello habrá que verter sobre la bandeja sangre de mar, y acompañarla de la “lágrima de sirena.” -Al terminar esto sacó un besugo de su mochila y lo cargó en su hombro. -Pero de eso me encargo yo. 

Movió aquella cuerda en círculos y la lanzó hacia la parte superior del altar, comenzando a escalarla sin demasiado esfuerzo. -Y por cierto, también indica una pista más, “la muerte es la que trae prosperidad.” Puede ser algo de la leyenda de T’hulu, pero en el contexto de la inscripción se sobreentiende que también es algo necesario para conocer el orden correcto. -La suerte estaba echada, todo este plan dependía del ingenio de ambos, en intentar pasar con éxito el puzzle.

Aclaraciones


Inventario de Howard


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RE: [Aventura T3] Jungla Escandalosa [P.R] - por Iggy Rock - 08-01-2026, 06:11 PM

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