08-01-2026, 02:45 AM
85, Invierno, año 16
Reino de Sorbet
South Blue
Reino de Sorbet
South Blue
¿Cuántos puntos han tenido que cocer en el rostro del adolorido infante, quien sisea a modo de queja ante la delicadeza del roce sobre la herida? ¿Cuánto tiempo lleva la anciana de nombre Emira presionando rodajas de papa sobre su inflamado rostro? ¿Es normal que una niña de dulce semblante no deje de derramar lágrimas mientras esconde el moretón de su antebrazo bajo una improvisada frazada? ¿Que un anciano no deje de cojear intentando ayudar a los heridos a pesar de haber sido golpeado también?
Las miradas se desvían al encontrarse con los expectantes orbes chocolate de la fémina. Las palabras de los adultos se entrecortan hasta desaparecer del todo tras la fineza de labios apretados con aprehensión. ¿Por qué la evitan? ¿Por qué son incapaces de responder a sus preguntas?
¿Será por la manera en la que sus manos se aprietan con tanta fuerza que los nudillos se tornan claros debido a la falta de circulación o porque sus uñas empiezan a clavarse en las palmas de sus manos hasta destilar pequeños hilillos carmesí? ¿Se deberá acaso a la manera en la que su rostro empieza a tornarse rojizo debido a la sangre acumulada? ¿O al infructífero intento de aparentar calma frente a los demás cuando la única verdad irrefutable es que su corazón bombea con agitación, la respiración es pesada, corta e iracunda; las muelas se aprietan y los labios se fruncen al igual que la nariz y las cejas?
No es la Runin alegre, sarcástica y fastidiosa que en ocasiones les observaba en insondables mutismos o les ofrecía amenas sonrisas repletas de verdades que jamás pronunciaba. No. Ahora es la colérica Runin, aquella que escucha el fuerte latido de su corazón en sus oídos, la misma que siente la absurda necesidad de romper todo lo que se encuentra en su camino, la que camina fuerte en busca de respuestas que nadie desea dar.

—Sé lo que les hicieron y sé quienes fueron. Quiero el nombre del lugar en el que están. AHORA.
Jamás les ha exigido con tanta ferocidad como en ese momento. La noche anterior mientras bebía en un bar se enteró del atraco, a la mañana siguiente no dudo en correr a la iglesia.
—¿Por qué me lo están ocultando? ¡Díganme dónde están esos hijos de puta! Quiero la respuesta ¡YA! —Odio es lo que vibra en sus orbes, en sus vocablos, en su tembloroso cuerpo. No puede ver más a los niños o esa ira desencadenará en amargas lágrimas, suficiente es el nudo en su garganta. Siente la necesidad de matar a alguien, los recuerdos se aglomeran y se dispersan. La ira es demasiado fuerte como para centrarse en algo. Al menos es así hasta que siente la dulzura de una mano acariciando su espalda.
—Nuvia… —Una amable anciana amante de los más hermosos sombreros; de carácter dulce, comprensivo y paciente, quien nunca se ha detenido a juzgar a Runin. —Cariño… Dime ¿Dónde están? —La anciana suspira sabiendo que tarde o temprano la información será desvelada. Con amabilidad dirige a Runin al interior de la iglesia donde explica la historia al completo, las dos veces que se intentó recuperar las cosas, la forma en la que fueron atacados.
—Tranquila, mi niña. Sé que quieres ir pero ninguno de nosotros queremos que te hagan daño; buscaremos a alguien para que recupere nuestras cosas, te lo aseguro. —Runin levante una de sus manos, niega con delicadeza. —Ya encontraron a alguien, cariño. Es todo lo que necesitaba saber. —La amazona se dirige hacia el altar, toma la botella de vino que sería utilizada en la misa de la noche y la abre sin contemplación, bebiendo de ella en un intento de relajarse.

—Eso y que deben conseguir otro vino para esta noche, para festejar cuando vuelva.
No permite que nadie más la contradiga cuando sus pasos se dirigen hacia la guarida de aquellos hombres. ¿Les gusta jugar sucio? ¿Maltratar niños y ancianos? ¿Robarle a los más necesitados? ¿Llevar miseria a la vida de personas pacíficas? Asco. Es lo que siente: profundo asco. Si se tratase de desconocidos quizá no le importaría demasiado pero los conoce, hace dos años le abrieron las puertas de la iglesia y de sus hogares, le dieron alimento y vestimenta. ¿Cómo no hacer algo al respecto?
Podría idear un plan inteligente, analizar el terreno, el número de personas con las qué combatir, incluso podría pedirle a Ryota que le ayude pero no, no lo hace y no lo hará. ¿Continuar perdiendo tiempo en vez de ponerse en marcha? Imposible. No con la mente moviéndose más rápido que ella o con las emociones bullendo en rabia. Incluso se coloca sus guantes con apremio, encendiéndose al golpear el dorso de sus manos uno contra otro. ¿Perder el tiempo? No es lo suyo.
Quizá por ello al llegar lo único que pudo hacer es sonreír con apremio, casi con locura. ¿Las palabras de aquellos animales? Irrelevante. Solo los ve como cerdos incompetentes, carentes de individualidad y gusto, de gracia y respeto. Gira su brazo derecho una vez, parece intentar quitarse el estrés.

—¿Acción, cariño? Fufufufu.
Ríe y lo hace lento, la voz se eleva porque eso de pasar desapercibida no es lo suyo. Gira el mismo brazo una segunda vez. Da la impresión de intentar estirarse, no es así. —Lo que más quiero ahora mismo es tener algo de acción con ustedes. —Una mirada hacia los hombres, trata de ver tras ellos. Parece ser algún tipo de depósito. ¿El alimento estará ahí? Mira los alrededores con rapidez, si, en ese ambiente asqueroso del exterior no pueden estar guardados los alimentos.
—Pasaré la mejor tarde de mi vida, cariño. ¡No lo dudo! —Por tercera vez gira el brazo derecho mientras relame sus labios. —¡Amo las experiencias nuevas! —Repentinamente entra en guardia con piernas separadas, rodillas ligeramente flexionadas y las manos protegiendo el rostro; se inclina con ligereza hacia adelante, dando un rápido salto recto de siete metros que la lleva a posicionarse frente a ellos.
Sin aviso el puño derecho se estira en un impacto veloz, seco, breve y contundente hacia los enemigos; antes de que la mano regrese hacia su rostro a modo de volver a levantar la guardia. —¡¡¡No me decepcionen!!! —Emite dándose cuenta de que no son más que bultos repletos de inmundician, ladran y no muerden, abusan de los más inocentes para después ser apaleados sin contemplación alguna.

—Repugnantes.
OFF ROL
