06-01-2026, 12:07 AM
El viento soplaba con delicadeza, y las largas orejas de Zhang captaban el susurro de las hojas gigantescas.
—Hmmm... —soltó un aire helado hacia el cielo, dejando que un sonido seco, provocado por el tic de su pierna, resonara por todo Little Garden; aquella cueva oscura le devolvía sus palabras distorsionadas, como si la tierra masticara el eco.
Zhang Guolao permanecía quieto, como una estatua helada y desgastada por los años y el mar, observando con respeto la boca de oscuridad que había aparecido frente a todos ellos... Era algo inquietante, extraño, y al ser parte de esta isla prehistórica, podría albergar toda clase de situaciones inesperadas.
Más allá de esas posibilidades, Zhang no veía gran cosa; la oscuridad era impecable ante su único ojo bueno. Por esto, el burro intentó agudizar sus orejas, moviéndolas de lado a lado como radares, tratando de encontrar cualquier ruido que le diera información sobre ese lugar... Pero aparte del eco de la piedra de Bai, no parecía haber nada en su interior.
El sonido de la roca indicó que había un fondo, y eso tranquilizó un poco a Zhang. Sin embargo, perdido en sus pensamientos, no logró prever el momento en que Bai se lanzó a las tinieblas sin meditarlo tanto como el burro. Fue un golpe seco, un "PUM", lo que hizo que Zhang entendiera lo que acababa de suceder.
—¡Señorita Bai! —gritó como pudo, aunque su voz salió suave como un copo de nieve.
A pesar de que no fue mucho tiempo, aquellos segundos de silencio se extendieron eternamente en la mente de Zhang, quien respiró aliviado al observar un destello de luz bajo sus pies y escuchar la voz de la chica.
—Creo que ha dicho: "¡Un pimiento!" —respondió a su pequeña compañera Alana, quien parecía preocupada. Era tan tierna... Zhang sonrió levemente bajo su barba mientras continuaba hablando—. Aunque con hambre, todo suena a comida —murmuró el viejo, llevándose las manos a la panza vacía.
La siguiente en bajar fue Alana, quien a pesar de su tamaño, se desenvolvía muy velozmente en un entorno tan gigantesco… Pues sí, no parecía nada aburrido.
—El expreso con destino a lo desconocido está listo. —El cuerpo de Zhang se deshizo en una gran nube de nieve, y de pronto comenzó a flotar sobre aquel pozo oscuro—. Si alguna gusta, puedo servir de transporte para descender al abismo.
Al tocar el fondo, Zhang se tomó unos segundos para apreciar el paisaje; dio el primer paso hacia la negrura y sus pezuñas resonaron con eco en el cenote.
El viejo burro se adentró en el túnel, cuidando dónde pisaba para no acabar en el agua estancada y helada. Se alegraba de no llevar a Silencio encima, pues esos lugares cerrados le alteraban las pulgas. Zhang observó a sus compañeros, se rascó una oreja y les dijo:
—Bueno, ya que estamos en el jardín de los gigantes... mantengan los ojos abiertos. Si ven una lagartija del tamaño de un barco para acompañar ese "pimiento" que mencionó la señorita Bai, avísenme; mi estómago no entiende de aventuras con hambre.- Murmuro el burro, mientras sentía como el agua sobre sus pezuñas le arrebataba la fuerza de inmediato. Dio un golpe que salpico un poco de agua a su alrededor, su tic habitual, y tras ello, el silencio se apodero unos segundos de aquel cenote, que ante el ojo del burro, parecía una hermosa mancha.
—Hmmm... —soltó un aire helado hacia el cielo, dejando que un sonido seco, provocado por el tic de su pierna, resonara por todo Little Garden; aquella cueva oscura le devolvía sus palabras distorsionadas, como si la tierra masticara el eco.
Zhang Guolao permanecía quieto, como una estatua helada y desgastada por los años y el mar, observando con respeto la boca de oscuridad que había aparecido frente a todos ellos... Era algo inquietante, extraño, y al ser parte de esta isla prehistórica, podría albergar toda clase de situaciones inesperadas.
Más allá de esas posibilidades, Zhang no veía gran cosa; la oscuridad era impecable ante su único ojo bueno. Por esto, el burro intentó agudizar sus orejas, moviéndolas de lado a lado como radares, tratando de encontrar cualquier ruido que le diera información sobre ese lugar... Pero aparte del eco de la piedra de Bai, no parecía haber nada en su interior.
El sonido de la roca indicó que había un fondo, y eso tranquilizó un poco a Zhang. Sin embargo, perdido en sus pensamientos, no logró prever el momento en que Bai se lanzó a las tinieblas sin meditarlo tanto como el burro. Fue un golpe seco, un "PUM", lo que hizo que Zhang entendiera lo que acababa de suceder.
—¡Señorita Bai! —gritó como pudo, aunque su voz salió suave como un copo de nieve.
A pesar de que no fue mucho tiempo, aquellos segundos de silencio se extendieron eternamente en la mente de Zhang, quien respiró aliviado al observar un destello de luz bajo sus pies y escuchar la voz de la chica.
—Creo que ha dicho: "¡Un pimiento!" —respondió a su pequeña compañera Alana, quien parecía preocupada. Era tan tierna... Zhang sonrió levemente bajo su barba mientras continuaba hablando—. Aunque con hambre, todo suena a comida —murmuró el viejo, llevándose las manos a la panza vacía.
La siguiente en bajar fue Alana, quien a pesar de su tamaño, se desenvolvía muy velozmente en un entorno tan gigantesco… Pues sí, no parecía nada aburrido.
—El expreso con destino a lo desconocido está listo. —El cuerpo de Zhang se deshizo en una gran nube de nieve, y de pronto comenzó a flotar sobre aquel pozo oscuro—. Si alguna gusta, puedo servir de transporte para descender al abismo.
Al tocar el fondo, Zhang se tomó unos segundos para apreciar el paisaje; dio el primer paso hacia la negrura y sus pezuñas resonaron con eco en el cenote.
El viejo burro se adentró en el túnel, cuidando dónde pisaba para no acabar en el agua estancada y helada. Se alegraba de no llevar a Silencio encima, pues esos lugares cerrados le alteraban las pulgas. Zhang observó a sus compañeros, se rascó una oreja y les dijo:
—Bueno, ya que estamos en el jardín de los gigantes... mantengan los ojos abiertos. Si ven una lagartija del tamaño de un barco para acompañar ese "pimiento" que mencionó la señorita Bai, avísenme; mi estómago no entiende de aventuras con hambre.- Murmuro el burro, mientras sentía como el agua sobre sus pezuñas le arrebataba la fuerza de inmediato. Dio un golpe que salpico un poco de agua a su alrededor, su tic habitual, y tras ello, el silencio se apodero unos segundos de aquel cenote, que ante el ojo del burro, parecía una hermosa mancha.
Zhang Guolao
"El vacío no se mueve, pero lo contiene todo"
❄ La Calma del Vacío
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?Nv.19 — Logia Yuki Yuki
