La gente llega a ser cruel… tremendamente cruel. Sobre todo, aquellos que piensan que merecen premios o algún tipo de regalía solo por tener algún tipo de deformidad. Ahí estaban. Un montón de gente de tamaño menor. Enanos. Gente pequeña minks de diversos animales menores. Entre ovejas, roedores, cabras y otro tipo de gatos y perros menores. Todos ellos se reunían una vez al mes con capuchas blancas y gorros puntiagudos cantando maldiciones contra un tipo de personas que pocos creerían La iglesia de la sagrada rosa de hierro. Esta banda de enanos tenia un negocio, la forja de armas inútiles y ganaban con la reparación de estas cada día con cada arma rota se hacían mas y mas ricos. Pero había otra banda que hacia armas mas baratas…
Los señores de la sagrada de rosa de Hierro contaba con una gran administración de señores del acero, o mas bien vendedores de armas que se valían de gran mano de obra, es decir niños huérfanos para crear armas las cuales vendían. Tal
era la crueldad de estos dos bandos por controlar el comercio emergente de la ciudad que cada semana moría uno o dos niños. Y eso causaba muchos problemas sobre todo en las repentinas luchas de enanos contra niños… era terrible. Pues los enanos eran hábiles en la guerra utilizando cosas extrañas como insectos amaestrados, los que consideraban sus iguales con algún tipo de droga, el secreto de su guerra. Un misterio. Pero solo era un truco, usaban una neblina esparcida con unas armas que lanzaban agua, en ella mezclaban una especie de toxina que atraía a los insectos, principalmente langostas y estas se comían la ropa de todos los enemigos. Dejándolos desnudos y vulnerables. Los huérfanos eran muchos más y con armas de largo alcance. Y practicaban mucho.
Maki se encontraba en la ciudad… recientemente se había levantado y se disponía a su rutina… una serie de ejercicios para fortalecerse, casi treinta minutos de ejercicios de abdomen, de brazos, de piernas y de flexibilidad… sudaba profusamente en su cuarto mientras sopesaba algún tipo de plan para acabar con esta guerra. La furia, la ira… la maldad comenzaba a hacer ebullición en su mente, en su corazón, ennegreciéndose cada vez más y más. Hasta que finalmente termino su rutina… tomo una simple toalla que apenas cubría su cuerpo para finalmente tomar una ducha… el agua fría deliciosa, su cuerpo caliente se sentía genial ahora. Entonces salió de la casa de hospedaje… su mirada sombría oscura… vigilaba una de las forjas de los minks enanos, esperaba un contacto, un señor de la noche eterna, un vil vagabundo que le diría donde escondían todos sus trucos estos estúpidos sectarios. Maki comía una manzana, una roja suculenta. También esperaba a otro. Uno que se decía podría ayudarle un pirata tonto que seguro estaba en ascenso, y necesitaba el dinero de la recompensa. O simplemente la reputación quien sabe. Ahí sentada con una pierna sobre un tocón de árbol… esperaba. Oscura y con la vista aguda. Llegaría aquel principiante para ayudarla o para entorpecerla?
Los señores de la sagrada de rosa de Hierro contaba con una gran administración de señores del acero, o mas bien vendedores de armas que se valían de gran mano de obra, es decir niños huérfanos para crear armas las cuales vendían. Tal
era la crueldad de estos dos bandos por controlar el comercio emergente de la ciudad que cada semana moría uno o dos niños. Y eso causaba muchos problemas sobre todo en las repentinas luchas de enanos contra niños… era terrible. Pues los enanos eran hábiles en la guerra utilizando cosas extrañas como insectos amaestrados, los que consideraban sus iguales con algún tipo de droga, el secreto de su guerra. Un misterio. Pero solo era un truco, usaban una neblina esparcida con unas armas que lanzaban agua, en ella mezclaban una especie de toxina que atraía a los insectos, principalmente langostas y estas se comían la ropa de todos los enemigos. Dejándolos desnudos y vulnerables. Los huérfanos eran muchos más y con armas de largo alcance. Y practicaban mucho.
Maki se encontraba en la ciudad… recientemente se había levantado y se disponía a su rutina… una serie de ejercicios para fortalecerse, casi treinta minutos de ejercicios de abdomen, de brazos, de piernas y de flexibilidad… sudaba profusamente en su cuarto mientras sopesaba algún tipo de plan para acabar con esta guerra. La furia, la ira… la maldad comenzaba a hacer ebullición en su mente, en su corazón, ennegreciéndose cada vez más y más. Hasta que finalmente termino su rutina… tomo una simple toalla que apenas cubría su cuerpo para finalmente tomar una ducha… el agua fría deliciosa, su cuerpo caliente se sentía genial ahora. Entonces salió de la casa de hospedaje… su mirada sombría oscura… vigilaba una de las forjas de los minks enanos, esperaba un contacto, un señor de la noche eterna, un vil vagabundo que le diría donde escondían todos sus trucos estos estúpidos sectarios. Maki comía una manzana, una roja suculenta. También esperaba a otro. Uno que se decía podría ayudarle un pirata tonto que seguro estaba en ascenso, y necesitaba el dinero de la recompensa. O simplemente la reputación quien sabe. Ahí sentada con una pierna sobre un tocón de árbol… esperaba. Oscura y con la vista aguda. Llegaría aquel principiante para ayudarla o para entorpecerla?

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