El cielo caliente de Isla Karate hoy parecía estar de acuerdo con el humor de Elara, que había sido bastante bueno y también bastante agradable. No había ni una sola nube, pero de vez en cuando, un pequeño chispazo azulado recorría la punta de sus dedos, desapareciendo entre sus alas blancas con un sonido seco. Zzap. Como si fuese un pequeño corto circuito.
Estaba tan nerviosa y feliz que una pequeña chispa saltó de su hombro y golpeó una caja de madera cercana, haciendo que soltara un poquito de humo. Elara se puso roja al instante y escondió las manos tras la espalda, tratando de poner su cara más "profesional" de revolucionaria experimentada, aunque por dentro solo quería saltar y preguntar mil cosas.
— ¡Bienvenido a Isla Karate! —gritó con una sonrisa de oreja a oreja. — ¡Soy Elara! ¡Tu nueva compañera! ¡Nee~ ! —estaba demasiado emocionada por lo que estaba pasando. ¡Y no era para menos! Debido a que, por fin…
No estaría solita.
— ¡Ay! ¡Nee~ ! —exclamó Elara, dándose un golpecito en la mano, le había dolido un poquito, pero solamente un poquito.
Todavía le costaba un poquito (mucho) controlar esa energía que le recorría el cuerpo desde que se comió aquella fruta tan rara, pero se sentía... ¡fuerte! Mucho más fuerte que cuando Owen la dejó aquí. Se había pasado semanas entrenando entre los dojos y los bosques, tratando de que sus rayos no terminaran quemando los árboles por accidente cada vez que se ponía nerviosa. Owen le había dicho que tenía que estar preparada para zarpar, y ella se lo había tomado muy en serio. Bueno, tan en serio como Elara podía tomarse algo sin terminar tropezando con una piedra, cosa que era lo más probable que pueda pasar.
Pero hoy no era un día de entrenamiento normal. Un soldado de la Armada, uno de esos chicos simpáticos de bajo rango que siempre le traían noticias, le había dicho que tenía que ir al puerto. ¡Un refuerzo! ¡Alguien que iba a trabajar con ella! ¡Iba a tener un amigo! ¡Finalmente no iba a ser la única revolucionaria! Eso le había hecho demasiado feliz.
— ¡Un compañero! ¡Nee~! ¡Voy a tener un compañero de misión! —iba gritando bajito mientras corría hacia los muelles. Estaba demasiado feliz por eso. Debido a que jamás pensó que tendría un compañerito. Eso la hacía feliz, obvio que sí.
Elara estaba tan emocionada que sus pies apenas tocaban el suelo. De hecho, por la emoción, sus pasos dejaban pequeñas marcas de quemaduras superficiales en la madera del puerto, pero ella estaba demasiado ocupada mirando al horizonte como para darse cuenta. Se acomodó el flequillo y estiró sus alas, que ahora se veían más brillantes, como si tuvieran electricidad estática acumulada entre las plumas. Era algo que ella aún no controlaba muy bien, pero que se estaba esforzando por que pueda resultar para bien.
Llegó al final del muelle, jadeando un poquito y con las mejillas encendidas. Se puso de puntitas, escaneando cada barco que se acercaba. ¿Cómo sería? ¿Sería alguien serio? ¿Alguien fuerte? ¿Alguien que no se asustara si de repente a ella le salía un rayo por la nariz al estornudar?
— ¡Aquí! ¡Por aquí! ¡Nee~ ! —empezó a agitar los brazos con fuerza en cuanto vio una silueta que no le resultaba familiar bajando de un pequeño navío.
Todavía le costaba un poquito (mucho) controlar esa energía que le recorría el cuerpo desde que se comió aquella fruta tan rara, pero se sentía... ¡fuerte! Mucho más fuerte que cuando Owen la dejó aquí. Se había pasado semanas entrenando entre los dojos y los bosques, tratando de que sus rayos no terminaran quemando los árboles por accidente cada vez que se ponía nerviosa. Owen le había dicho que tenía que estar preparada para zarpar, y ella se lo había tomado muy en serio. Bueno, tan en serio como Elara podía tomarse algo sin terminar tropezando con una piedra, cosa que era lo más probable que pueda pasar.
Pero hoy no era un día de entrenamiento normal. Un soldado de la Armada, uno de esos chicos simpáticos de bajo rango que siempre le traían noticias, le había dicho que tenía que ir al puerto. ¡Un refuerzo! ¡Alguien que iba a trabajar con ella! ¡Iba a tener un amigo! ¡Finalmente no iba a ser la única revolucionaria! Eso le había hecho demasiado feliz.
![[Imagen: nsFna5F.png]](https://i.imgur.com/nsFna5F.png)
— ¡Un compañero! ¡Nee~! ¡Voy a tener un compañero de misión! —iba gritando bajito mientras corría hacia los muelles. Estaba demasiado feliz por eso. Debido a que jamás pensó que tendría un compañerito. Eso la hacía feliz, obvio que sí.
Elara estaba tan emocionada que sus pies apenas tocaban el suelo. De hecho, por la emoción, sus pasos dejaban pequeñas marcas de quemaduras superficiales en la madera del puerto, pero ella estaba demasiado ocupada mirando al horizonte como para darse cuenta. Se acomodó el flequillo y estiró sus alas, que ahora se veían más brillantes, como si tuvieran electricidad estática acumulada entre las plumas. Era algo que ella aún no controlaba muy bien, pero que se estaba esforzando por que pueda resultar para bien.
Llegó al final del muelle, jadeando un poquito y con las mejillas encendidas. Se puso de puntitas, escaneando cada barco que se acercaba. ¿Cómo sería? ¿Sería alguien serio? ¿Alguien fuerte? ¿Alguien que no se asustara si de repente a ella le salía un rayo por la nariz al estornudar?
— ¡Aquí! ¡Por aquí! ¡Nee~ ! —empezó a agitar los brazos con fuerza en cuanto vio una silueta que no le resultaba familiar bajando de un pequeño navío.
Estaba tan nerviosa y feliz que una pequeña chispa saltó de su hombro y golpeó una caja de madera cercana, haciendo que soltara un poquito de humo. Elara se puso roja al instante y escondió las manos tras la espalda, tratando de poner su cara más "profesional" de revolucionaria experimentada, aunque por dentro solo quería saltar y preguntar mil cosas.
— ¡Bienvenido a Isla Karate! —gritó con una sonrisa de oreja a oreja. — ¡Soy Elara! ¡Tu nueva compañera! ¡Nee~ ! —estaba demasiado emocionada por lo que estaba pasando. ¡Y no era para menos! Debido a que, por fin…
No estaría solita.
