02-01-2026, 04:43 PM
[personajeinvalido=2616]
Un estruendo nos sacudió y nos desplazó como quiso, separándonos en dos grupos diferenciados. El bueno de Quetzalli, Korg y el joven Artur no estaban en mi campo de visión, por lo que cuando levanté la cabeza, lo vi. A mi lado estaba sólo el demonio, Ashura, formándose otra vez como si la devastación fuera solo una molestia. Como si el mundo no tuviera derecho a romperlo. Esa era la imagen que se estaba granjeando el capitán de los Mushoku: Que el mundo no podía doblegarlo.
Me incorporé despacio, sacudiendo el polvo de la ropa mientras miraba en torno a mi. El aire olía a humo, a pólvora y a algo más viejo. Era un hedor característico como si la muerte se acumulase, como si esta colmena de criminales acumulase los perfumes de la parca para si. Hachinosu no era una isla, era un cementerio con puerto. Y el demonio que nos dirigía hacia un camino de muerte quería hacer de este su hogar. No para cambiarlo, no para hacerlo un lugar mejor, y ni tan siquiera dijo para qué concretamente esta isla en particular.
Activé mi Kenbunshoku Haki para tratar de sentir un poco mejor la situación entorno a nosotros y entonces me di cuenta. Quetzalli y Korg estaban junto a una presencia imponente y peligrosa... pero no había ni rastro del joven Artur. Amplié aun más el área de este Haki a literalmente el doble y seguía sin sentir al muchacho... no había nada, y era imposible que se hubiese separado tanto de los otros dos... así que llegué a la fatídica conclusión de que ese ataque anterior no había sido contra el suelo, si no contra uno de nosotros. Contra uno de los hermanos que habíamos jurado lealtad al diablo para permanecer juntos y que, sin pensarlo, nos arrastraba hacia su trono haciéndose una escalera con nuestros cadáveres. Nada más conocerle me permitió matar a su compañero sin miramientos, y luego empezó a caer todo lo demás. Primero se marchó Eaa, después cayó Gaeru, no sabíamos nada del Doctor Ben desde hacía meses, y ahora el joven Artur caía por la mala decisión de nuestro capitán.... Simplemente por su capricho quería que estuviésemos aquí, y que sacrificásemos todo por él. No podía soportarlo más.
Y entonces habló, o mejor dicho ordenó, como siempre. Lo vi girarse y señalar el camino hacia la ciudadela con ese gesto tan suyo de alguien que da por hecho que el que está detrás va a obedecer. El de alguien que jamás mira por encima del hombro porque se cree con la seguridad de que el mundo le debe la espalda cubierta y se siente mejor y más especial que el resto. Apreté los dientes.
— Siempre igual… — dije reflexionando sobre lo que estaba diciendo entrechocando mis puños como solía hacer — ...siempre caminando delante, demonio. Dejando cadáveres detrás para que otros los cuenten-Gin — le encaré directamente desde su espalda, a cinco metros de esta — Ese ataque de antes... ya no siento al joven Artur. Y seguro que tú tampoco — di un paso seguido de otro, con unas pisadas que no eran para nada silenciosas pero que se ahogaban por el griterío y el bullicio del entorno. Mis recuerdos se mezclaron con el presente como brasas en una herida abierta. Selva. Bestias. Sangre. Órdenes que no pedí. Caminos que no elegí. Personas que se quedaron atrás porque alguien decidió que el objetivo era más importante que los nombres.
— El único camino es destruir el camino… — repetí probando sus propias palabras — ...a ver si también te sirve cuando destruyen el que tienes bajo los pies-Gin — El fuego interno respondió, vibrando, pidiendo salir, pero no con un rugido si no con una respiración contenida... con la promesa de que, pasara lo que pasara después, nada volvería a ser igual.
Me lancé a por él en un segundo, antes de que el destino tuviera tiempo de opinar o el demonio de reaccionar. Con lo altivo que era, no se esperaría un ataque por la espalda y menos de un subordinado — ¡¡Quakesilver!! — impacté con todo, haciendo todo el esfuerzo físico que me era posible, con los músculos hinchados y potenciados al máximo, dejándome todo en ese ataque como si mi intención fuera partir el mundo en dos. El mundo que Ashura trataba de devorar a costa de nuestras vidas. La esfera azul característica en mi puño impactó en el centro de su espalda gracias al busoshoku que pude tocarlo, y asestó un potente golpe que marcaría el principio y también el final de esta contienda. Por mis compañeros. Porque si iba a empezar esta guerra a su lado… primero tenía que matar al demonio-gin.
— Se acabó demonio. ¿Cuántos más deben morir por ti para detener esta locura-Gin? Cuando acabe contigo haré que mis compañeros sean libres de tu demencia-Gin. —
Un estruendo nos sacudió y nos desplazó como quiso, separándonos en dos grupos diferenciados. El bueno de Quetzalli, Korg y el joven Artur no estaban en mi campo de visión, por lo que cuando levanté la cabeza, lo vi. A mi lado estaba sólo el demonio, Ashura, formándose otra vez como si la devastación fuera solo una molestia. Como si el mundo no tuviera derecho a romperlo. Esa era la imagen que se estaba granjeando el capitán de los Mushoku: Que el mundo no podía doblegarlo.
Me incorporé despacio, sacudiendo el polvo de la ropa mientras miraba en torno a mi. El aire olía a humo, a pólvora y a algo más viejo. Era un hedor característico como si la muerte se acumulase, como si esta colmena de criminales acumulase los perfumes de la parca para si. Hachinosu no era una isla, era un cementerio con puerto. Y el demonio que nos dirigía hacia un camino de muerte quería hacer de este su hogar. No para cambiarlo, no para hacerlo un lugar mejor, y ni tan siquiera dijo para qué concretamente esta isla en particular.
Activé mi Kenbunshoku Haki para tratar de sentir un poco mejor la situación entorno a nosotros y entonces me di cuenta. Quetzalli y Korg estaban junto a una presencia imponente y peligrosa... pero no había ni rastro del joven Artur. Amplié aun más el área de este Haki a literalmente el doble y seguía sin sentir al muchacho... no había nada, y era imposible que se hubiese separado tanto de los otros dos... así que llegué a la fatídica conclusión de que ese ataque anterior no había sido contra el suelo, si no contra uno de nosotros. Contra uno de los hermanos que habíamos jurado lealtad al diablo para permanecer juntos y que, sin pensarlo, nos arrastraba hacia su trono haciéndose una escalera con nuestros cadáveres. Nada más conocerle me permitió matar a su compañero sin miramientos, y luego empezó a caer todo lo demás. Primero se marchó Eaa, después cayó Gaeru, no sabíamos nada del Doctor Ben desde hacía meses, y ahora el joven Artur caía por la mala decisión de nuestro capitán.... Simplemente por su capricho quería que estuviésemos aquí, y que sacrificásemos todo por él. No podía soportarlo más.
Y entonces habló, o mejor dicho ordenó, como siempre. Lo vi girarse y señalar el camino hacia la ciudadela con ese gesto tan suyo de alguien que da por hecho que el que está detrás va a obedecer. El de alguien que jamás mira por encima del hombro porque se cree con la seguridad de que el mundo le debe la espalda cubierta y se siente mejor y más especial que el resto. Apreté los dientes.
— Siempre igual… — dije reflexionando sobre lo que estaba diciendo entrechocando mis puños como solía hacer — ...siempre caminando delante, demonio. Dejando cadáveres detrás para que otros los cuenten-Gin — le encaré directamente desde su espalda, a cinco metros de esta — Ese ataque de antes... ya no siento al joven Artur. Y seguro que tú tampoco — di un paso seguido de otro, con unas pisadas que no eran para nada silenciosas pero que se ahogaban por el griterío y el bullicio del entorno. Mis recuerdos se mezclaron con el presente como brasas en una herida abierta. Selva. Bestias. Sangre. Órdenes que no pedí. Caminos que no elegí. Personas que se quedaron atrás porque alguien decidió que el objetivo era más importante que los nombres.
— El único camino es destruir el camino… — repetí probando sus propias palabras — ...a ver si también te sirve cuando destruyen el que tienes bajo los pies-Gin — El fuego interno respondió, vibrando, pidiendo salir, pero no con un rugido si no con una respiración contenida... con la promesa de que, pasara lo que pasara después, nada volvería a ser igual.
Me lancé a por él en un segundo, antes de que el destino tuviera tiempo de opinar o el demonio de reaccionar. Con lo altivo que era, no se esperaría un ataque por la espalda y menos de un subordinado — ¡¡Quakesilver!! — impacté con todo, haciendo todo el esfuerzo físico que me era posible, con los músculos hinchados y potenciados al máximo, dejándome todo en ese ataque como si mi intención fuera partir el mundo en dos. El mundo que Ashura trataba de devorar a costa de nuestras vidas. La esfera azul característica en mi puño impactó en el centro de su espalda gracias al busoshoku que pude tocarlo, y asestó un potente golpe que marcaría el principio y también el final de esta contienda. Por mis compañeros. Porque si iba a empezar esta guerra a su lado… primero tenía que matar al demonio-gin.
— Se acabó demonio. ¿Cuántos más deben morir por ti para detener esta locura-Gin? Cuando acabe contigo haré que mis compañeros sean libres de tu demencia-Gin. —
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![[Imagen: GGT7d9e.png]](https://i.imgur.com/GGT7d9e.png)
