[EVENTO LOCAL - MUSHOKU] Una jauría de perros II (Korg y Quetzalli Jr)
#4
Mi cabeza daba vueltas, hasta el punto de que podía ver algunos pajaritos de color amarillo rodear de forma simpática mi cabeza. No me dejaba de repetir, ¿donde estaba? Y es que, por un momento, ni siquiera yo sabía dónde estaba. Había polvo levantado por una agitada corriente de aire y, un intenso olor a mar llegaba a mi olfato… Ah espera, pero ese era mi propio olor. Me fijé, entonces, en mi postura, tumbado de lado sobre un montón de escombros - dentro de una especie de brecha - y, sobre todo, con mi codo derecho ejerciendo el mayor punto de apoyo. Ahora lo recordaba, me había tirado como un perro rabioso hacia los que tenían la valentía de invadirnos, los Piratas Mushoku, siguiendo mi espíritu de lucha para ver si había alguien que pudiera llamar mi atención en mi senda para convertirme en el mejor luchador de la historia.

Me senté sobre ellos y observé la codera con la que hecho uno de mis ataques, la cuál estaba recubierta de sangre y órganos frescos. Suspiré, desanimado. Esta primera toma de contacto había sido toda una bajona. Encima, seguro que el capi me echaba la bronca por partir la zona del puerto… Otra vez. Casi como si intentaran calmarme y animarme, mis pectorales, como si tuviera vida propia, empezaron a latir, uno detrás de otro, lo que me recordaba que, con mi Kenbunshoku Haki, podía ver aún a cuatro sacos de boxeo a los que atizar, dividido en grupos de dos. Todas ellas poseían un poder aún mayor que al desgraciado que acababa de pulverizar fijándome, sobre todo, en una que parecía una corriente eléctrica y de una especie de color naranja, mientras que la otra parecía una  hoguera, de color amarillo que, en ocasiones, soltaban chispas de color de grisáceo. Lo cierto era que soy terrible con los colores. Sin embargo, al sentir esta última aura, mi pecto-pop comenzó a latir con más intensidad, aunque no entendía bien el por qué. Era posible que tuviera la corazonada de que ahí estaba mi siguiente oponente y, por tanto, hasta allí me dirigí.

Rápidamente, subí a través de los escombros ocasionados hacia la superficie, concretamente hacia el lado de la plataforma dividida en la que se encontraban mis objetos de estudio. La polvareda levantada por mi anterior ataque aún estaba presente por lo que, si no eran poseedores del haki de observación, el susto de ver una silueta recubierta de pelo de unos 11 metros de alto podría quitarle el hipo a cualquiera. Por mi parte, con mi Kenbunshoku, podía leer como, el del aura naranjada, se estaba desplazando hacia el que suponía que era su compadre. Gracias a mi gran sentido de la vista, podía ver una pequeña sombra, que correspondía a la primera presencia, no pudiendo ver más allá por culpa de la espesa capa de polvo que seguía recubriendo el terreno. Por otro lado, el que no podía pasar desapercibido era el otro sujeto, poseyendo una forma de lo más particular al asemejarse a un centauro pero con dos pares de alas que podrían dejar embelesado a cualquiera. Pensaba darles la bienvenida pero, antes de que pudiera hacer nada, tras intercambiar algunas palabras, los dos se esfumaron de mi vista, obligándome a mejorar, inmediatamente, mi haki de observación, al mismo tiempo que reducía su rango de acción, hasta 50 metros, pudiendo leer perfectamente dónde se encontraban y hacia dónde se dirigían. Me sentía profundamente decepcionado. ¿Estaban escapando de mi? ¿Querían evitar a toda costa que nuestros puños sudorosos chocaran entre sí en un épico duelo en el que yo saldría victorioso? No, ¡no iba a permitir eso! Porque no sabían que, ellos, estaban tratando con el Macho.


Mi cuerpo, a la par que apretaba con fuerza mis pies sobre la superficie, cambiaba de forma transformándome, seguramente, en una de las criaturas más letales y terroríficas de todo el Grand Line. El pelaje que me envolvía por ciertas partes del cuerpo, se extendieron por este en toda su totalidad a la vez que pasaba de sostenerme a dos piernas a cuatro patas, pasando a pisar ahora también con furia mis patas delanteras sobre el piso. Todo mi cuerpo se encogió, hasta adaptarse a mi nueva forma animal, de 25 centímetros de puro horror, rodeándose mi diminuto cuerpo de un halo de temblor que intensifiqué a mi voluntad, haciendo que mi, ahora cabezón, se meneara de una manera, cuanto menos, hipnótica, la cuál recubrí con mi haki de armadura. Con mi haki activo, iba siguiendo con mis saltones ojos hacia la zona a la que parecían dirigirse usando, toda la fuerza que estaba suprimiendo contra el suelo, para propulsarme a una increíble velocidad hacia mis objetivos, haciéndome una bolita y rotando sobre mí mismo cual bola de cañón, recortando distancias, rápidamente, hasta quedar a unos cinco metros de mis dos oponentes momento en el que, de forma repentina, volví a cambiar de forma, adoptando en este caso mi forma híbrida que, anteriormente, había mostrado vagamente, causando que mi ya de por si gran altura se viera incrementada hasta alcanzar los 11 metros de altura, aumentando considerablemente mi masa y volumen muscular y convirtiéndome en, si antes era el Macho, en el Machihuahua.

-¡EH! ¡VOSOTROS, MIERDECILLAS-DAPE! -
Susurré - o eso creía -, justo antes de que mi cabeza impactara en el blanco abdomen de ese centauro, causando que éste perdiera su forma en ese preciso momento y confirmándome que, al igual que yo, era un usuario de una fruta del diablo. Un usuario sin mantener la suficiente entereza como para poder soportar una ataque que, ni de lejos, era el más potente mío. Un usuario que, ahora veía con mayor claridad su apariencia, al igual que el tontatta de unos 80 años que le acompañaba, que se encontraba a unos 3 metros de mí mientras caíamos en caída libre. No eran sus alas ni su portentoso físico, ni siquiera su olor a coco lo que captaron mi atención. Aquel hombre, distante a 2 metros de mi, poseía la máscara del águila del Oro y la Plata, ¿acaso sería posible? ¿Qué era esto que estaba sintiendo en mi interior?

-¡¿QUETZALLI?! ¿¡ERES TÚ!? -

Sentía la respiración agitada, como si me hubiera encontrado con un fantasma que pertenecía al pasado y, no obstante, algo en mi interior no podía dejar de sonreír. Finalmente, después de tanto tiempo, podría cumplir uno de mis cometidos. Aterrizamos los tres al unísono, levantando algo más de polvo que, al contrario que la nube que había antes, no tardó en despejarse. Allí estaban, el tontatta y el alado a mis 12:00, con toda mi atención puesta -reduciendo el alcance de haki de observación hasta 10 metros -, a la misma distancia que manteníamos mientras caíamos, con el mar a sus espaldas, que estaba a unos 93 metros de mi. Si lo que querían era ir a la ciudadela y a dónde se encontraba el capi, primero deberían derrotarme, al interponerme yo mismo entre los dos caminos que les podría llevar hasta allí, que estaban a 7 metros de mi espalda. Por mi parte, yo esperaba pasármelo en grande y poder saldar, al fin, una venganza de décadas.
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RE: [EVENTO LOCAL - MUSHOKU] Una jauría de perros II (Korg y Quetzalli Jr) - por Ugama - 31-12-2025, 01:41 PM

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