29-12-2025, 09:11 PM
Era una situación absolutamente indeseable para ser contemplada por alguien dotado de una sensibilidad emocional acusada; por quien, en el ejercicio sincero de su empatía, era incapaz de sostener la amargura del daño que la vida ejercía. Sin embargo, él había aprendido a abrir los ojos; a detenerlos en el detalle del sufrimiento para extraer de ahí la fuerza que guiaba su actuar. Observa la herida; no es grave, aunque requeriría una cura técnica y adecuada para evitar su agravamiento. Del mismo modo, los alimentos obtenidos parecían haber sido escogidos por simple asociación y mimetismo, no por un conocimiento real que garantizara su seguridad. Zalik percibe todo aquello en un lapso tan breve que resulta casi inexplicable, pues su mirada se fija únicamente en lo esencial de la escena; la víctima.
No es alguien particularmente expresivo y, entre sus facciones, suele insinuarse una ironía ambigua, como si no terminara de reconocerse del todo. Su razonamiento, no obstante, es claro, aunque prescinde de explicaciones extensas; cuando se contempla lo peor de la existencia en primer plano, son pocas las cosas que logran torcer el gesto. Se aproxima despacio, mostrando las manos como señal de que no portaba arma alguna o, al menos, de que su intención no era acabar con ninguna vida. Sus pasos son lentos, resonantes, y provocan que su aroma a canela invada aún más las fosas nasales de Kyozan o, en la medida de lo posible, dentro de lo que pudiera alcanzarse a percibir.
⸻Zalik, mi nombre es Zalik⸻su voz es dulce, la sonrisa tenue y las cejas ligeramente alzadas, dejando claro que venía en son de paz; en busca de respuestas. Se aproxima como si lo conociera desde siempre, observando de cerca al grandullón al que el rechazo había reducido a la pequeñez. Después, su mirada desciende y toma una de las manzanas, imposible de digerir debido a su avanzado estado de deterioro.
⸻Eso está en muy mal estado; no deberías comerlo. Te hará daño en la tripa⸻dice casi con el canturreo propio de un padre afectuoso que corrige la primera mala acción de un hijo que apenas sabe caminar. Luego, la deposita en el suelo con sumo cuidado, como si incluso aquella manzana, pese a su aspecto, mereciera consideración. Al incorporarse de nuevo, repara en el carmín que cubre la palma ajena.
⸻¿No tienes nombre? Bueno, ciertamente… no hace falta tener uno para saber quién eres⸻reflexiona, llevándose la mano al mentón⸻¿cómo te gustaría que te llamara?
Las preguntas y confirmaciones posteriores aceleran aún más su pensamiento. Sí, es cierto; las personas tienden a dañar aquello que no comprenden o que consideran nocivo para su propia supervivencia, pero ¿valía la pena explicarlo? No; hacerlo supondría justificar al agresor y superponer una lógica inconsciente sobre un daño plenamente consciente, uno que bien pudo haber desembocado en la muerte del otro.
⸻Sí, es cierto. El ser vivo aprende a ser cruel cuando descubre que el dolor ajeno no tiene consecuencias para él⸻extrae de su bolsillo una tela blanca, la misma que suele emplear para limpiarse las manos o el rostro ante cualquier descuido.
⸻Toma, intenta taparlo con esto. Está limpio⸻se la ofrece como una suerte de ofrenda, mientras las demás afirmaciones y preguntas le alcanzan de lleno. Comprendía aquella forma de desahogo; cuando era aún más joven, él mismo la había sentido en carne viva.
⸻¿Yo? ¿Matarte?⸻parpadea, interrumpiendo su propia acción con una risa ahogada que acaba escapándose por puro peso.
⸻Kirororo⸻carraspea⸻yo no mato y… menos aún a seres de buen corazón. ¿Por qué habría de matarte? ¿Acaso merece la pena destruir aquello que desea que algo sea bueno? Entiendo que estés disgustado, pero no debes tener esa consideración conmigo. Yo también soy repudiado, ¿sabes?
