29-12-2025, 07:02 AM
Bueno, nadie nunca había dicho que Mei fuese la mejor conversadora del mundo, probablemente sería más correcto decir todo lo contrario, considerando que su infancia consistía de un muy largo periodo de esclavitud seguido de una infancia apenas pasable donde nunca tuvo un lugar fijo donde vivir ni un círculo social estable. Eso y que en general Mei era bruta e impulsiva hasta para hablar, lo que le ayudaba cero en evitarse peleas innecesarias. Agradecía que por ahora la tal Lampedusa parecía más enojada con el universo -Más allá de decir mal el nombre de Mei, pero de entre todas las cosas que le habían dicho eso era así como lo de menos y no le daban las ganas para molestarse-, porque en retrospectiva si, le había dicho algo más bien poco simpático si la castaña estaba perdida. Dioses, su papá tenía razón, Mei se terminaría muriendo sola por incompetente al hablar.
- Bueno, no puedo… No puedo decir que me haya pasado aquí en la selva… ¡Pero le pasaba a mi papá todo el tiempo cuando viajábamos fuera de cualquier isla! -Eso, que hablar de William Blackclaw siempre era una excelente forma de romper el hielo, y bueno… Extrañaba a su padre, que debería estar asando pescados allí con ella y riéndose de su incapacidad para hablar bien sin cagarla por más de dos segundos. Recordarlo tendría que ser suficiente- Aun creo que no morimos en mitad del mar porque algo nos estaba cuidando, porque joder, no sé como ese hombre podía perderse cada año en cada viaje… -Soltó una risita, apenas lo suficiente para que se notara que era una anécdota graciosa y no una triste- [color=#47ca0]Una vez, nos quería llevar de Karate a Centaurea, y terminamos en Baterilla. No podía leer un mapa para salvar su vida, y aun así… Aun así, siempre lográbamos volver a Samba cada invierno…[/color] -Su tono bajaría un poco al final, claramente dolida.
- ¡P-pero eso, te creo lo de que el universo está ensañado contigo o algo! -Trataría de disimular el breve episodio depresivo para retomar la charla sobre la mala suerte de la humana, con la sutileza de un ladrillazo a la cara, pero hey, era el espíritu lo que se apreciaba o algo así. Mei, sin mucho pensado, sacó de entre sus cosas una pequeña brújula -De hecho de tamaño normal para Lampedusa, hasta grande, pero se veía diminuta en la masiva garra de la Mink-, y se la ofreció a la castaña- Toma, tengo otro par más así que te puedes quedar con esta. El pueblo más cercano está yendo derecho hacia el oeste, no debería tomarte más de tres horas de viaje -Era un gesto bonito. Probablemente inútil si el universo no quería que Lampedusa llegase a destino, como había declarado dicha mujer, pero bonito- Aunque… Puedes pasar la noche aquí si quieres, no me molesta la compañía y tengo comida y hay espacio en el refugio… -
- Bueno, no puedo… No puedo decir que me haya pasado aquí en la selva… ¡Pero le pasaba a mi papá todo el tiempo cuando viajábamos fuera de cualquier isla! -Eso, que hablar de William Blackclaw siempre era una excelente forma de romper el hielo, y bueno… Extrañaba a su padre, que debería estar asando pescados allí con ella y riéndose de su incapacidad para hablar bien sin cagarla por más de dos segundos. Recordarlo tendría que ser suficiente- Aun creo que no morimos en mitad del mar porque algo nos estaba cuidando, porque joder, no sé como ese hombre podía perderse cada año en cada viaje… -Soltó una risita, apenas lo suficiente para que se notara que era una anécdota graciosa y no una triste- [color=#47ca0]Una vez, nos quería llevar de Karate a Centaurea, y terminamos en Baterilla. No podía leer un mapa para salvar su vida, y aun así… Aun así, siempre lográbamos volver a Samba cada invierno…[/color] -Su tono bajaría un poco al final, claramente dolida.
- ¡P-pero eso, te creo lo de que el universo está ensañado contigo o algo! -Trataría de disimular el breve episodio depresivo para retomar la charla sobre la mala suerte de la humana, con la sutileza de un ladrillazo a la cara, pero hey, era el espíritu lo que se apreciaba o algo así. Mei, sin mucho pensado, sacó de entre sus cosas una pequeña brújula -De hecho de tamaño normal para Lampedusa, hasta grande, pero se veía diminuta en la masiva garra de la Mink-, y se la ofreció a la castaña- Toma, tengo otro par más así que te puedes quedar con esta. El pueblo más cercano está yendo derecho hacia el oeste, no debería tomarte más de tres horas de viaje -Era un gesto bonito. Probablemente inútil si el universo no quería que Lampedusa llegase a destino, como había declarado dicha mujer, pero bonito- Aunque… Puedes pasar la noche aquí si quieres, no me molesta la compañía y tengo comida y hay espacio en el refugio… -
