29-12-2025, 04:09 AM
Al sentir como me trataba con tanta delicadeza solo pude soltar una carcajada, mirándolo con cierta extrañeza. Eso era raro, no me podía acostumbrar del todo a ser tratado de esa forma. Incluso parecía ser el preámbulo para un trato a un peor. — No tienes que tratarme como si fuera a romperme… Creo que ya comprobaste lo mucho que resisto. — Lo miré con una ligera sonrisa, colocando mi mano sobre la suya y presionando la esponja con fuerza contra mi abdomen, intentando probar el punto antes de finalmente soltar, si, la fuerza era mucho más normal. Mucho más segura y yo podía resistirlo todo.
— No puedes acompañarme… Nunca dejo que mis clientes se conozcan, ya he roto demasiadas reglas por ti ¿me entiendes? — murmuré sobre sus labios mientras terminaba por sellar el beso en calma, deseando su calor, su amabilidad y controlándome de provocarlo, acariciando ligeramente su mejilla antes de separarnos. Y entonces escuché el agua detenerse, la presión sobre mi hombro y solo reaccioné dejando un pequeño beso sobre su sien, negando con la cabeza. —El señor yakuza parece desocupado… Que envidia, quisiera un trabajo como el tuyo. — Reí ligeramente, caminando a su lado para tomar las toallas que el contrario había traído con anterioridad, entregándole una al hombre antes de comenzar a secarme. —…O tal vez ser pintor, por el mar ¿lo imaginas? ¿Yo de pintor? Que locura…— Reí con amargura ante la posibilidad y aun así no podía evitar pensar en aquella vaga tontería. Estaba atado a conquistar el mar, a destruirlo todo a mi paso y por consecuencia destruirme, pero desde que había encontrado a este pelinegro sentía que mi propio camino se veía con inesperados giros y atrasos. Sabía que me estaba volviendo loco. Los malditos no tenemos derecho a cambiar nuestro destino, por supuesto.
Salí del baño con la toalla enredada a la cintura, soltando un suspiro mientras me estiraba. —Necesito un poco de agua, si no te molesta iré buscaré un poco en tu cocina, deberías ir a descansar. — No lo miré caminando descalzo por el lugar hasta llegar a la cocina y buscar algún vaso para servirme agua. Necesitaba un segundo.
— No puedes acompañarme… Nunca dejo que mis clientes se conozcan, ya he roto demasiadas reglas por ti ¿me entiendes? — murmuré sobre sus labios mientras terminaba por sellar el beso en calma, deseando su calor, su amabilidad y controlándome de provocarlo, acariciando ligeramente su mejilla antes de separarnos. Y entonces escuché el agua detenerse, la presión sobre mi hombro y solo reaccioné dejando un pequeño beso sobre su sien, negando con la cabeza. —El señor yakuza parece desocupado… Que envidia, quisiera un trabajo como el tuyo. — Reí ligeramente, caminando a su lado para tomar las toallas que el contrario había traído con anterioridad, entregándole una al hombre antes de comenzar a secarme. —…O tal vez ser pintor, por el mar ¿lo imaginas? ¿Yo de pintor? Que locura…— Reí con amargura ante la posibilidad y aun así no podía evitar pensar en aquella vaga tontería. Estaba atado a conquistar el mar, a destruirlo todo a mi paso y por consecuencia destruirme, pero desde que había encontrado a este pelinegro sentía que mi propio camino se veía con inesperados giros y atrasos. Sabía que me estaba volviendo loco. Los malditos no tenemos derecho a cambiar nuestro destino, por supuesto.
Salí del baño con la toalla enredada a la cintura, soltando un suspiro mientras me estiraba. —Necesito un poco de agua, si no te molesta iré buscaré un poco en tu cocina, deberías ir a descansar. — No lo miré caminando descalzo por el lugar hasta llegar a la cocina y buscar algún vaso para servirme agua. Necesitaba un segundo.

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