Un viaje movido // Llegada a Little Garden // Presente absoluto
#52
Todo se fue de madre en cuestión de un instante. La tensión que se había ido construyendo a lo largo de los últimos minutos, bloque a bloque, y que había hecho que el agradable aire salino de aquel lugar se volviese irrespirable, acabó por estallar. Como siempre, no fue necesaria más que una acción errónea, un mal cálculo, un movimiento inoportuno. La actuación de Sohem fue rápida, demasiado como para que cualquiera de ellos hubiese podido reaccionar, empezando por el propio Lunarian.

A la imprudencia de Fyodor que, qué duda cabía, había hecho gala de una velocidad de vértigo (y ese había sido precisamente el problema, o parte de él), siguió el aún más inmediato sonido de un pistón, que pareció accionarse con contundencia dentro del propio brazo de Sohem, justo antes de que algo saliese disparado contra el alado enmascarado. Algunos goterones de sangre, que cayeron a presión desde el agujero en el pecho de Fyodor, salpicaron la arena con violencia, humedeciendo los granos a su alrededor y produciendo pequeños cráteres húmedos en la misma, encharcados de rojo. Stroud permanecía cruzado de brazos, en silencio, contemplando el seco movimiento de la cadena. Serio, muy serio, pero no tan impertérrito como siempre.

Sin que él mismo fuese consciente, un gesto nada sutil se había dibujado en su labio superior, que se levantaba ligeramente, como con un pronunciado y mudo asco. Como de costumbre, resultaba complicado acertar a adivinar qué estaba pensando. Nada agradable, desde luego, pero tampoco era fácil determinar quién era el objeto de su repulsión, si es que era repulsión lo que sentía el joven Marine. ¿Era repulsión hacia Sohem y su flagrante exhibición de poder abrumador? ¿Era asco hacia aquellos piratas, a quienes el destino había parecido querer salvar de la Justicia por medio de la aparición del Mar Cruel, en una ventajosa carambola de las que el destino se reservaba para ciertos momentos? ¿O se trataba, acaso, de una profunda aversión a lo que había hecho el propio Fyodor, cuyas habilidades de combate no habían sido capaces de pagar el cheque que su ego había extendido? Fuera cual fuera el caso, sus ojos grises, fríos e inexpresivos, permanecieron sobre el Lunarian, mientras Sohem intentaba desatascar su propio puño de su cuerpo inerte, con su correspondiente flujo de astillas de hueso, sangre y coágulos, que caían generosamente y se iban amontonando sobre el suelo arenoso. Se había hecho un silencio repugnante bajo el sol de Little Garden.

Frente a ellos, el cuerpo de Krysser había sido lanzado con pesadez por el banquero. Stroud inclinó ligeramente la cabeza y alzó una ceja, observándolo por un instante, mientras inspiraba. ¿De verdad se hacía el muerto, o le había dado un soponcio? Ni siquiera la muerte de su compañero parecía ser suficiente para hacerlo reaccionar. ¿Merecía la pena recogerlo y sacarlo de allí, o se había, de alguna forma, resignado a que Sohem lo convirtiese, efectivamente, en una alfombra? El Mar Cruel se dirigió a ellos, aparentemente, indicándoles que su servicio había sterminado por hoy, al tiempo que sacaba una especie de bate, su extremo dirigido al suelo. Los ojos grises de Stroud permanecieron sobre Krysser por un instante, antes de devolver su atención a los de Sohem, si es que había tal cosa tras la siniestra máscara. Permaneció en silencio por un momento, meditabundo, y finalmente hizo un ademán con el mentón hacia el tigre. Sus labios fueron a formar una letra, pero, antes de que ningún sonido abandonase su boca, pareció cambiar de opinión, volviendo a cerrarla. No era algo que uno viese a menudo.

Contempló a los piratas, por llamarlos de alguna manera, por última vez. Su tez volvía a la imperturbabilidad habitual, impasible. Asintió con la cabeza, finalmente despegando sus ojos de Owen Yang y Rackham Uker. Era evidente que mil pensamientos cruzaban su mente a cada segundo, de los cuales pocos acababan por ser verbalizados, si acaso, en alguna ocasión. Lo cierto es que cualquiera que conociese a Stroud Redgrave sabía de sobra que se le aplicaba perfectamente aquello de hechos, no palabras; no porque le gustase que los hechos hablasen, sino porque estos gozaban de una voz de la que las palabras, simplemente, carecían. En esencia, las palabras estaban para dar órdenes, para dejar constancia de lo ocurrido y para pedir perdón. Jamás para convencer, prometer o justificarse. Sobreestimar el poder de lo dicho y, por ende, subestimar el de lo tácito, era uno de los pecados que se negaba a cometer.

"División, nos vamos," dijo, finalmente, haciendo un sutil ademán con su mano enguantada, antes de poner rumbo hacia el área de los acantilados por la que habían llegado, a través del bosque. "Volveremos a vernos." No se supo de quién de los presentes se despedía en particular.

Mientras echaba a caminar hacia la lejanía, extrajo de su abrigo un Den Den Mushi, con el que informaría de todo lo ocurrido a las oficinas de la Marina, y un pequeño ejemplar blanco.

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RE: Un viaje movido // Llegada a Little Garden // Presente absoluto - por Stroud Nanashi - 29-12-2025, 01:34 AM

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