28-12-2025, 08:53 PM
La mujer intentaba convencerme con argumentos débiles ¿Acaso ese hombre no sudó para tener esas verduras? No es que esclavizase a nadie o algo similar, o bueno, eso suponía yo, realmente no sabíamos a quien pertenecía ese huerto, pero tampoco es que fuese inmenso, no es que requiriese de muchas personas para cuidarlo. Realmente lo que me convencía era que la tripulación no tenía nada en la despensa, eso si era un problema, y robar se vuelve plausible si la supervivencia estaba sobre la mesa.
No sería la primera vez que robaba para comer, pero si era la primera vez que era tan evidente. Suspiré decepcionado mientras mis hombros caían, como si el peso del mundo estuviera sobre mi cuerpo. -Si vas a hacerlo, hazlo ya. Démonos prisa antes de que nos pille alguien.- Me agaché un poco mientras abría un zurrón vacío para guardar el producto.-Date prisa y coge de esos pimientos, que tienen muy buen color.- Dije mientras señalaba con la cabeza lo que quería que cogiese. Levanté la cabeza mirando a los lados, por suerte no parecía haber nadie, solo se escuchaba el viento azotar las montañas y la arena, levantando un polvo que enturbiaba levemente la vista.
La verdad es que mi vida no parecía haber cambiado demasiado a cuando era un mendigo, ser pirata significaba luchar por sobrevivir, no tener un hogar fijo y, como no, robar y mendigar para conseguir comida. No es que fuese algo con lo que no pudiese vivir con ello, claro, pero me parecía curioso como se prometía una vida de mejor en el mar y, en esencia, es lo mismo que hace un vagabundo, solo que navegando y en vez de callejones, eran nuevos puertos. Aún recuerdo cuando Cao me reclutó para esta locura, en una calle mientras un chaval corría despavorido con fruta robada, ese día logré desayunar gracias al elegante benefactor de bronceada piel, pues me vi obligado a dar el dinero que había recaudado aquella mañana bailando y tocando, pero ¿Cuál era la otra opción? ¿Qué inflasen al crío por cuatro manzanas y dos plátanos? Desde luego la marina a veces era demasiado desproporcionada en sus castigos.
Ah... Cao... Hacía días que no sabíamos nada de él, ¿Acaso el no fue retenido por la misma gente que nosotros? ¿Debía aceptar su muerte? Desde luego todo indicaba que él ya no estaba entre los vivos. Me apenaba, ya habíamos perdido compañeros, pero todos porque decidieron irse, no porque su vida hubiese llegado a su fin. No habíamos iniciado nuestra gran aventura y nuestro fundador, aquel que nos reunió, ya no estaba entre nosotros ¿Qué clase de augurio podía significar eso? Mal empezábamos nuestro periplo. Era triste, pero no podíamos quedarnos parados, debíamos aceptarlo cuanto antes y continuar nuestro camino, en ese momento teníamos vivos de los que preocuparnos, o al menos medio vivos. Dong llevaba desde aquel suceso con una salud pésima, parecía que la operación a la que se sometió en esos cabos le hizo mas mal que bien, por perder su maldición perdería su vida.
A veces pensaba en volver a Sobert, volver a comer fruta sin preocupaciones, sin el miedo de que una nueva catástrofe se avecine sobre mi cabeza. Sí, aquel lugar era duro, pero no mas que lo que imaginaba que podía llegar, pues toda la locura creía y crecía a cada isla que atracábamos: Marines envalentonados, gyojin sobre dopados con ganas de demostrar su superioridad física, peleas en cada bar que visitaba con un compañero de mi tripulación; desde luego tenía la negra, la mala suerte siempre me atrapaba. Aunque debía decir que, con compañeros como Alana, con una ética tan... Flexible, digamos, era mas posible que no fuese la suerte la que intervenía en nuestra contra
No sería la primera vez que robaba para comer, pero si era la primera vez que era tan evidente. Suspiré decepcionado mientras mis hombros caían, como si el peso del mundo estuviera sobre mi cuerpo. -Si vas a hacerlo, hazlo ya. Démonos prisa antes de que nos pille alguien.- Me agaché un poco mientras abría un zurrón vacío para guardar el producto.-Date prisa y coge de esos pimientos, que tienen muy buen color.- Dije mientras señalaba con la cabeza lo que quería que cogiese. Levanté la cabeza mirando a los lados, por suerte no parecía haber nadie, solo se escuchaba el viento azotar las montañas y la arena, levantando un polvo que enturbiaba levemente la vista.
La verdad es que mi vida no parecía haber cambiado demasiado a cuando era un mendigo, ser pirata significaba luchar por sobrevivir, no tener un hogar fijo y, como no, robar y mendigar para conseguir comida. No es que fuese algo con lo que no pudiese vivir con ello, claro, pero me parecía curioso como se prometía una vida de mejor en el mar y, en esencia, es lo mismo que hace un vagabundo, solo que navegando y en vez de callejones, eran nuevos puertos. Aún recuerdo cuando Cao me reclutó para esta locura, en una calle mientras un chaval corría despavorido con fruta robada, ese día logré desayunar gracias al elegante benefactor de bronceada piel, pues me vi obligado a dar el dinero que había recaudado aquella mañana bailando y tocando, pero ¿Cuál era la otra opción? ¿Qué inflasen al crío por cuatro manzanas y dos plátanos? Desde luego la marina a veces era demasiado desproporcionada en sus castigos.
Ah... Cao... Hacía días que no sabíamos nada de él, ¿Acaso el no fue retenido por la misma gente que nosotros? ¿Debía aceptar su muerte? Desde luego todo indicaba que él ya no estaba entre los vivos. Me apenaba, ya habíamos perdido compañeros, pero todos porque decidieron irse, no porque su vida hubiese llegado a su fin. No habíamos iniciado nuestra gran aventura y nuestro fundador, aquel que nos reunió, ya no estaba entre nosotros ¿Qué clase de augurio podía significar eso? Mal empezábamos nuestro periplo. Era triste, pero no podíamos quedarnos parados, debíamos aceptarlo cuanto antes y continuar nuestro camino, en ese momento teníamos vivos de los que preocuparnos, o al menos medio vivos. Dong llevaba desde aquel suceso con una salud pésima, parecía que la operación a la que se sometió en esos cabos le hizo mas mal que bien, por perder su maldición perdería su vida.
A veces pensaba en volver a Sobert, volver a comer fruta sin preocupaciones, sin el miedo de que una nueva catástrofe se avecine sobre mi cabeza. Sí, aquel lugar era duro, pero no mas que lo que imaginaba que podía llegar, pues toda la locura creía y crecía a cada isla que atracábamos: Marines envalentonados, gyojin sobre dopados con ganas de demostrar su superioridad física, peleas en cada bar que visitaba con un compañero de mi tripulación; desde luego tenía la negra, la mala suerte siempre me atrapaba. Aunque debía decir que, con compañeros como Alana, con una ética tan... Flexible, digamos, era mas posible que no fuese la suerte la que intervenía en nuestra contra
