28-12-2025, 02:09 PM
El combate se pone serio de un segundo a otro. Gal se abalanza como un tigre a su presa, sin miedo y llena de determinación. Su velocidad asusta, y pilla por sopresa a nuestro protagonista que, poco acostumbrado a este tipo de encuentros, es superado con facilidad.
El golpe es fuerte. Los nudillos de la mujer se hunden con profundidad en el torso musculado del lunarian, llegando a superar sus resistencias y dañando su estómago. Pero ni con esas puedes frenar a una raza tan superior ni a un peleador nato. Sin contemplaciones ni diálogos innecesarios, Heras responde con la misma crudeza que su rival. Carga su puño como una escopeta y le cruza el rostro con un directo poderoso que se clava en ojo de la muchacha. De seguro ahí saldrá un buen moretón, pero nones momento de llorar. El dolor no es suficiente para hacer flaquear a la joven, que sonríe frente a las consecuencias de sus propios actos, pero más gracia le hace la pasividad de su rival. ¿Tan débil golpea? ¿O es que acaso se está conteniendo?
Lo descubrirá más tarde, pues es momento de subir revoluciones. Sin retroceder ni un solo paso, carga ambos puños hacia atrás mientras infla su pecho de aire. Cuando está al límite, descarga las extremidades como si fuera un bazooka humano, juntando ambos manos al final del recorrido lanzando un impacto poderoso.
¿Conseguiría esta vez doblegar al enorme ángel oscuro, o tan solo pudo cazarlo por un ataque sorpresa bien tirado? La preocupación de una verdadera derrota le nublaba el pensamiento, pero no podía permitiese el lujo de pensar en otras cosas, o su rival la derrotaría sin dificultad.
El golpe es fuerte. Los nudillos de la mujer se hunden con profundidad en el torso musculado del lunarian, llegando a superar sus resistencias y dañando su estómago. Pero ni con esas puedes frenar a una raza tan superior ni a un peleador nato. Sin contemplaciones ni diálogos innecesarios, Heras responde con la misma crudeza que su rival. Carga su puño como una escopeta y le cruza el rostro con un directo poderoso que se clava en ojo de la muchacha. De seguro ahí saldrá un buen moretón, pero nones momento de llorar. El dolor no es suficiente para hacer flaquear a la joven, que sonríe frente a las consecuencias de sus propios actos, pero más gracia le hace la pasividad de su rival. ¿Tan débil golpea? ¿O es que acaso se está conteniendo?
Lo descubrirá más tarde, pues es momento de subir revoluciones. Sin retroceder ni un solo paso, carga ambos puños hacia atrás mientras infla su pecho de aire. Cuando está al límite, descarga las extremidades como si fuera un bazooka humano, juntando ambos manos al final del recorrido lanzando un impacto poderoso.
¿Conseguiría esta vez doblegar al enorme ángel oscuro, o tan solo pudo cazarlo por un ataque sorpresa bien tirado? La preocupación de una verdadera derrota le nublaba el pensamiento, pero no podía permitiese el lujo de pensar en otras cosas, o su rival la derrotaría sin dificultad.
En efecto, cajita feliz
