28-12-2025, 06:12 AM
Pensó que se molestaría por volver a terminar dentro de él, pero lejos de ello, ahora solo existía la divertida amenaza que le había lanzado. No pudo evitarlo, dejando escapar una leve risita por lo bajo. ¿Cómo era posible que ellos dos terminaran siempre en una situación? Era la segunda vez que lo hacía reír de forma tan natural. No a carcajadas, pero sí que apoyó su frente sobre su hombro, en una sonrisa amplia, sincera y divertida. Su mano se elevó hasta un lateral de su cabeza, terminando por reírse a carcajadas por algunos escasos segundos.
Se calmó, apartando su mano, elevando su mirada, soltándolo ahora sí, despacio, buscando mantener el equilibrio del contrario. ¿Qué tantas fuerzas le quedarían después de haberlo sobreestimulado? Elevó su mano hasta la ajena, disfrutando del tacto que le ofreció en su propia mejilla. Su calidez era, cuanto menos, agradable. Lo relajaba de forma extraña. Ahora sí, abrió sus ojos lentamente, como si fuera algo que atesorase. De hecho, lo intentaba, recordar su tacto, incluso cada condenada gota de agua que caía sobre sus cuerpos. Buscó su mirada, manteniendo la sonrisa, calmada, relajada. —Está bien, prometo despertarte si termino siendo yo el que despierta antes, como la última vez. No me volveré a ir. — No quería hacerlo tampoco. Estaba cómodo, agradecido con ese momento. No podía dar nombre a esa emoción, solo se sentía extrañamente agradecido, calmado.
Apartó sus manos, dejándolo hacer. Sus ojos se guiaron por la mano que besaba, sus labios, cómo incluso viéndose tan hermoso prefería hacer un gesto tan cargado de respeto. Nadie hacía eso sin una amenaza o una orden, nadie… excepto él. Tan comprensible, tan único, tan… él. Siempre sabiendo satisfacerlo, siempre sabiendo cómo llenarlo. El hombre único que había podido conseguir dejar entrar en uno de sus domicilios, el primero que no había amenazado por invadir su privacidad. Sus palabras llegaron, no quería separarse de él, realmente no quería, sin embargo lo respetaba lo suficiente para darle lo que silenciosa e indirectamente le estaba solicitando; espacio. —Tienes razón… debemos asearnos. — Se suponía que solo lo iba a ayudar, y terminó yendo más lejos que aquello. En serio, ¿qué diantres le ocurría? No solía perder el control de ese modo, no en la cama, no en el sexo y mucho menos con nadie. Nadie… excepto ahora el propio Tezca.
Descendió la mirada, pudiendo percibir el temblor en las piernas de Tezca, elevó la mirada entonces por escasos segundos, volviendo a bajarlos para acercarse, agachándose a su altura para poder ayudarlo, solo para sentir cómo repentinamente las manos ajenas sacudían su propio cabello, ahora liso llenándose de shampoo. No era un gesto al que estuviera habituado. De hecho cesó sus movimientos, elevando su mirada en el momento que escuchaba sus palabras, estupefacto por el gesto. Quizás, si no fuera por quién era, lo habría apartado, incluso golpeado, apuñalado… a saber… Pero se sentía extrañamente cómodo, agradecido incluso se atrevería a decir. —Yo… — Ahora se molestó más consigo mismo por haberlo dejado atrás en su primera noche, más cuando lo escuchó hablar. Cerró los ojos, acomodándose en las manos que trabajaban en su cabello. —Prometo no volver a irme cuando te vea de nuevo. Pase lo que pase. — Ahora le resultaba más complicado. Aceptó el beso, cómodo, incluso agradecido con ese gesto. ¿Realmente merecía perdón? ¿O quizás solo trataba de autoconvencerse? En el momento de separarse, él se mantuvo cerca de sus labios, sus ojos fijos en el contrario al momento de sentir cómo exploraba su cuerpo para asearlo.
No, quería ser especial, único para él, quien necesitara incluso en sus peores momentos, que enfocara su centro en él, que lo observara solo a él. Por ello, que se ofreciera incluso a hacerle el desayuno lo hizo sentirse cálido, agradecido en silencio. Elevó su mano, sin pensar en el tacto que pudiera excitarlo más, sin pensar en nada más. Solo acarició su mejilla, paseando sus dedos por ella, aquella piel tan hermosa, un lienzo perfecto de su piel blanca junto al rubio de sus cabellos, esos ojos azules tan cautivadores. La mirada solo le dejaba claro una cosa: solo lo veía a él. —Estoy seguro de que será el mejor desayuno que nadie me habrá hecho nadie. — Porque venía de él, de sus manos, su calidez y su esfuerzo. Sonrió con calma, en un corto beso, calmado, tranquilo. —Esperaré con ganas a ese desayuno. Podemos ir al bar por la noche. Solos tú y yo.
![[Imagen: HErJV5w.png]](https://i.imgur.com/HErJV5w.png)
—¿Y no has pensado que quizás pueda ser sumiso contigo?
Se calmó, apartando su mano, elevando su mirada, soltándolo ahora sí, despacio, buscando mantener el equilibrio del contrario. ¿Qué tantas fuerzas le quedarían después de haberlo sobreestimulado? Elevó su mano hasta la ajena, disfrutando del tacto que le ofreció en su propia mejilla. Su calidez era, cuanto menos, agradable. Lo relajaba de forma extraña. Ahora sí, abrió sus ojos lentamente, como si fuera algo que atesorase. De hecho, lo intentaba, recordar su tacto, incluso cada condenada gota de agua que caía sobre sus cuerpos. Buscó su mirada, manteniendo la sonrisa, calmada, relajada. —Está bien, prometo despertarte si termino siendo yo el que despierta antes, como la última vez. No me volveré a ir. — No quería hacerlo tampoco. Estaba cómodo, agradecido con ese momento. No podía dar nombre a esa emoción, solo se sentía extrañamente agradecido, calmado.
Apartó sus manos, dejándolo hacer. Sus ojos se guiaron por la mano que besaba, sus labios, cómo incluso viéndose tan hermoso prefería hacer un gesto tan cargado de respeto. Nadie hacía eso sin una amenaza o una orden, nadie… excepto él. Tan comprensible, tan único, tan… él. Siempre sabiendo satisfacerlo, siempre sabiendo cómo llenarlo. El hombre único que había podido conseguir dejar entrar en uno de sus domicilios, el primero que no había amenazado por invadir su privacidad. Sus palabras llegaron, no quería separarse de él, realmente no quería, sin embargo lo respetaba lo suficiente para darle lo que silenciosa e indirectamente le estaba solicitando; espacio. —Tienes razón… debemos asearnos. — Se suponía que solo lo iba a ayudar, y terminó yendo más lejos que aquello. En serio, ¿qué diantres le ocurría? No solía perder el control de ese modo, no en la cama, no en el sexo y mucho menos con nadie. Nadie… excepto ahora el propio Tezca.
Descendió la mirada, pudiendo percibir el temblor en las piernas de Tezca, elevó la mirada entonces por escasos segundos, volviendo a bajarlos para acercarse, agachándose a su altura para poder ayudarlo, solo para sentir cómo repentinamente las manos ajenas sacudían su propio cabello, ahora liso llenándose de shampoo. No era un gesto al que estuviera habituado. De hecho cesó sus movimientos, elevando su mirada en el momento que escuchaba sus palabras, estupefacto por el gesto. Quizás, si no fuera por quién era, lo habría apartado, incluso golpeado, apuñalado… a saber… Pero se sentía extrañamente cómodo, agradecido incluso se atrevería a decir. —Yo… — Ahora se molestó más consigo mismo por haberlo dejado atrás en su primera noche, más cuando lo escuchó hablar. Cerró los ojos, acomodándose en las manos que trabajaban en su cabello. —Prometo no volver a irme cuando te vea de nuevo. Pase lo que pase. — Ahora le resultaba más complicado. Aceptó el beso, cómodo, incluso agradecido con ese gesto. ¿Realmente merecía perdón? ¿O quizás solo trataba de autoconvencerse? En el momento de separarse, él se mantuvo cerca de sus labios, sus ojos fijos en el contrario al momento de sentir cómo exploraba su cuerpo para asearlo.
![[Imagen: bm0kpIw.png]](https://i.imgur.com/bm0kpIw.png)
—Así que tampoco te vayas tú, Tezca. No quiero ser solo “una pareja ocasional”.
No, quería ser especial, único para él, quien necesitara incluso en sus peores momentos, que enfocara su centro en él, que lo observara solo a él. Por ello, que se ofreciera incluso a hacerle el desayuno lo hizo sentirse cálido, agradecido en silencio. Elevó su mano, sin pensar en el tacto que pudiera excitarlo más, sin pensar en nada más. Solo acarició su mejilla, paseando sus dedos por ella, aquella piel tan hermosa, un lienzo perfecto de su piel blanca junto al rubio de sus cabellos, esos ojos azules tan cautivadores. La mirada solo le dejaba claro una cosa: solo lo veía a él. —Estoy seguro de que será el mejor desayuno que nadie me habrá hecho nadie. — Porque venía de él, de sus manos, su calidez y su esfuerzo. Sonrió con calma, en un corto beso, calmado, tranquilo. —Esperaré con ganas a ese desayuno. Podemos ir al bar por la noche. Solos tú y yo.
![[Imagen: bTjgVIr.png]](https://i.imgur.com/bTjgVIr.png)
