27-12-2025, 02:51 AM
Los dos cortes de aire llegaron casi simultáneamente. El primero, horizontal, atravesó mi segunda onda de choque de vapor como si cortara seda, disipándola en un estallido de humedad. No tuve tiempo ni de procesar el impacto antes de que el segundo corte, vertical, me golpeara desde arriba. Ambos impactaron contra mi espalda y hombros con la fuerza de cuchillas invisibles, presionando contra mi piel y enviando una sacudida a través de mi cuerpo. Sabía que pagaría las consecuencias de probar mi nuevo movimiento en algún momento y en parte agradecía que fuera ahora contra un rival que podía considerar un aliado. No obstante, soy una criatura de instintos y tras recibir el primer impacto en mi espalda mi instinto tomó el control. Giré sobre mis talones para quedar frente a Viktor, y mientras mi cuerpo completaba la rotación, crucé ambos brazos frente a mi pecho en una guardia defensiva. El haki de armamento termino por recubrir mi brazo derecho el cual estaba previamente cubierto a la altura de la muñeca y el mismo fluyó instantáneamente por ambos antebrazos, tiñéndolos de ese negro metálico característico justo cuando terminé de posicionarme. Mis pies se plantaron firmemente en la arena calcinada, rodillas ligeramente flexionadas, preparado para lo que viniera a continuación. Lo que vino fue algo que ni siquiera mi haki de observación pudo anticipar.
Un clic metálico resonó desde la espalda de Viktor, seguido inmediatamente por un sonido propulsor que cortó el aire como un trueno. El peliblanco se lanzó hacia mí a una velocidad que superaba completamente mis capacidades de reacción, toda su envergadura cubrió la distancia entre nosotros en una fracción de segundo que mi cerebro apenas registró. Su bokken negro apuntaba directamente a mi pecho en una estocada perfectamente alineada. No hubo tiempo para esquivar. No hubo tiempo para contrarrestar. Por suerte ya había tensado los músculos, producto de sus anteriores ataques, los cuales recibieron su estocada. La punta del bokken impactó contra mis brazos cruzados con una fuerza brutal. El haki de armamento en mis antebrazos absorbió parte del impacto, reduciendo ligeramente el daño, pero la fuerza detrás de la estocada era monstruosa. Sentí cómo la presión atravesaba mi guardia y golpeaba mi pecho de todas formas, empujándome hacia atrás con una potencia que me levantó completamente del suelo. El mundo se convirtió en un borrón. Viktor y yo fuimos propulsados paralelos a la costa en dirección al faro, nuestros cuerpos cortando el aire como proyectiles. La arena negra pasaba bajo nosotros en una mancha continua. Cinco metros. Diez metros. Quince metros. El empuje del dial de Viktor no mostraba señales de detenerse. Veinte metros. Veinticinco metros.
¡Es increíblemente fuerte! – pensé mientras el viento generado por nuestra velocidad golpeaba mi rostro. Esa técnica, la velocidad era absolutamente brutal, ¿y sus ataques? precisos, potentes, ejecutados con un timing perfecto, ¿qué sentido tenía? No había enfrentado a un rival igual en mi vida. Y a pesar de todo, sentía que aún se estaba conteniendo. No solo por el hecho de no usar sus espadas con las cuales seguro hubiese salido gravemente herido. Algo dentro de mi – la experiencia de múltiples combates quizás, o mi esquizofrenia al pelear, no lo sé a ciencia cierta – me gritaba que Viktor se estaba contiendo. Si esto es Viktor conteniendo su fuerza... Finalmente, el empuje comenzó a ceder. Nuestros cuerpos se frenaron gradualmente hasta detenerse por completo, separándonos exactamente 2 metros el uno del otro. Mis pies tocaron la arena nuevamente, hundiéndose ligeramente en la tierra calcinada, pero manteniéndome firmemente de pie. Estábamos ahora a 145 metros del faro, paralelos a la costa y a la misma distancia del mar que las Rocas 1 y 3 habían estado originalmente. Viktor se posicionó con su arma por delante, flexionando sus piernas lupinas en una postura de combate lista para continuar, pero no pude evitar formular la pregunta que me carcomía por dentro – “Viktor,” – dije por encima de mis brazos que permanecían en forma de cruz frente a mi pecho, observando con intensidad sus armas, manteniendo un tono respetuoso, pero con un matiz de curiosidad genuina – “¿te estás conteniendo?” – las palabras flotaron entre nosotros por un momento. El viento del oeste atravesó el espacio abierto, haciendo ondear tanto mi capa blanca de justicia como su haori con el kanji de "Depredador" en la espalda. A lo lejos, más allá de donde habíamos dejado los escombros de la Roca 3, las olas seguían rompiendo contra la costa con su ritmo constante e imperturbable, ajenas al combate que se desarrollaba en la playa calcinada de Mystoria.
Hacia unos segundos había sido demasiado atrevido en utilizar una maniobra que apenas dominaba. Ahora, estaba convencido que mi lengua terminaría de ser el arma afilada que me volvería la cena del Shichibukai que tenía frente a mí.
Un clic metálico resonó desde la espalda de Viktor, seguido inmediatamente por un sonido propulsor que cortó el aire como un trueno. El peliblanco se lanzó hacia mí a una velocidad que superaba completamente mis capacidades de reacción, toda su envergadura cubrió la distancia entre nosotros en una fracción de segundo que mi cerebro apenas registró. Su bokken negro apuntaba directamente a mi pecho en una estocada perfectamente alineada. No hubo tiempo para esquivar. No hubo tiempo para contrarrestar. Por suerte ya había tensado los músculos, producto de sus anteriores ataques, los cuales recibieron su estocada. La punta del bokken impactó contra mis brazos cruzados con una fuerza brutal. El haki de armamento en mis antebrazos absorbió parte del impacto, reduciendo ligeramente el daño, pero la fuerza detrás de la estocada era monstruosa. Sentí cómo la presión atravesaba mi guardia y golpeaba mi pecho de todas formas, empujándome hacia atrás con una potencia que me levantó completamente del suelo. El mundo se convirtió en un borrón. Viktor y yo fuimos propulsados paralelos a la costa en dirección al faro, nuestros cuerpos cortando el aire como proyectiles. La arena negra pasaba bajo nosotros en una mancha continua. Cinco metros. Diez metros. Quince metros. El empuje del dial de Viktor no mostraba señales de detenerse. Veinte metros. Veinticinco metros.
¡Es increíblemente fuerte! – pensé mientras el viento generado por nuestra velocidad golpeaba mi rostro. Esa técnica, la velocidad era absolutamente brutal, ¿y sus ataques? precisos, potentes, ejecutados con un timing perfecto, ¿qué sentido tenía? No había enfrentado a un rival igual en mi vida. Y a pesar de todo, sentía que aún se estaba conteniendo. No solo por el hecho de no usar sus espadas con las cuales seguro hubiese salido gravemente herido. Algo dentro de mi – la experiencia de múltiples combates quizás, o mi esquizofrenia al pelear, no lo sé a ciencia cierta – me gritaba que Viktor se estaba contiendo. Si esto es Viktor conteniendo su fuerza... Finalmente, el empuje comenzó a ceder. Nuestros cuerpos se frenaron gradualmente hasta detenerse por completo, separándonos exactamente 2 metros el uno del otro. Mis pies tocaron la arena nuevamente, hundiéndose ligeramente en la tierra calcinada, pero manteniéndome firmemente de pie. Estábamos ahora a 145 metros del faro, paralelos a la costa y a la misma distancia del mar que las Rocas 1 y 3 habían estado originalmente. Viktor se posicionó con su arma por delante, flexionando sus piernas lupinas en una postura de combate lista para continuar, pero no pude evitar formular la pregunta que me carcomía por dentro – “Viktor,” – dije por encima de mis brazos que permanecían en forma de cruz frente a mi pecho, observando con intensidad sus armas, manteniendo un tono respetuoso, pero con un matiz de curiosidad genuina – “¿te estás conteniendo?” – las palabras flotaron entre nosotros por un momento. El viento del oeste atravesó el espacio abierto, haciendo ondear tanto mi capa blanca de justicia como su haori con el kanji de "Depredador" en la espalda. A lo lejos, más allá de donde habíamos dejado los escombros de la Roca 3, las olas seguían rompiendo contra la costa con su ritmo constante e imperturbable, ajenas al combate que se desarrollaba en la playa calcinada de Mystoria.
Hacia unos segundos había sido demasiado atrevido en utilizar una maniobra que apenas dominaba. Ahora, estaba convencido que mi lengua terminaría de ser el arma afilada que me volvería la cena del Shichibukai que tenía frente a mí.
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