26-12-2025, 08:09 AM
Si Elara ya sentía calor por el sol tan fuerte que había y provenía de la isla, lo que pasó a continuación hizo que su temperatura interna subiera hasta los cielos.
Se quedó con la palabra en la boca y los ojos como platos cuando vio a Mei deshacerse de su ropa con una naturalidad pasmosa. No pudo evitarlo; su mirada bajó y subió por aquel cuerpo de liebre gigante, admirando la fuerza y la "solidez" de sus músculos bajo el pelaje blanco. ¡Era demasiado fuerte! Lo que la hizo admirarla, obviamente. Y eso le gustaba demasiado a ella.
— ¡A-ah! ¡Nee~! —soltó un ruidito agudo, tapándose la cara con las manos, aunque dejando un espacio generoso entre sus dedos para seguir mirando. Debido a que no quería perderse nada, y bueno, Elara tambien era bastante tímida en gran parte de las cosas.
Estaba completamente roja, ¡pero muy roja!. Ver a una mujer de cuatro metros tan... tan expuesta, era algo para lo que su pequeño corazón de Skypiean no estaba preparado. Pero la sorpresa no terminó ahí. Cuando Mei se acercó y usó su oreja gigante para darle sombra, Elara sintió que estaba viviendo un sueño. Era como estar bajo un árbol suave y peludito que, además, le guiñaba el ojo. Eso no lo sabía muy bien ella, pero al menos no era algo malo… o al menos eso es lo que creía.
— ¡Es... es una sombra con orejas! ¡Es increíble! ¡Nee~ ! —exclamó, dejando caer las manos y mirando hacia arriba, maravillada por la ingeniosidad de Mei. — Muchas gracias, usted es muy valiente, yo me moriría de la vergüenza, aunque con este calor la entiendo perfectamente. — mencionó con una sonrisa, esperaba que no fuese nada tan complejo realmente, pero al menos lo notaba de una manera bastante cómoda.
Caminaba al lado de la gigante, tratando de no tropezar con sus propios pies mientras disfrutaba del alivio de la sombra. Se sentía protegida, como si nada malo pudiera pasarle al lado de semejante montaña de amabilidad.
Cuando Mei le preguntó por su cabello, Elara se llevó una mano a uno de sus picos capilares, acariciando la bolita del final con nerviosismo.
— ¿Esto? ¡Ah! Es mi pelo, nee~ . En Skypiea todos lo tenemos un poco así, con formas raras. Son como... antenitas de pelo, supongo. Y estas son mis alas —las agitó un poquito, orgullosa — Aunque aquí abajo parece que llaman mucho la atención. —Se quedó mirando el perfil de la Mink, todavía un poco embobada por su tamaño y su energía.
— ¿Y tú siempre eres así de... valiente? Me has salvado de convertirme en un ángel frito. Oye... ¿hacia dónde vamos? Porque si hay un lugar con agua fría, prometo que te contaré todo sobre las islas del cielo mientras nos refrescamos. ¡Es lo menos que puedo hacer por mi rescatadora gigante! — las palabras de Elara eran honestas. Estaba segura de eso. Confiaba en que no había nada malo en eso. Al menos, dentro de lo que cabía obviamente. Quería conocer un poco más. Estaba segura que no habría nada malo.
Se quedó con la palabra en la boca y los ojos como platos cuando vio a Mei deshacerse de su ropa con una naturalidad pasmosa. No pudo evitarlo; su mirada bajó y subió por aquel cuerpo de liebre gigante, admirando la fuerza y la "solidez" de sus músculos bajo el pelaje blanco. ¡Era demasiado fuerte! Lo que la hizo admirarla, obviamente. Y eso le gustaba demasiado a ella.
— ¡A-ah! ¡Nee~! —soltó un ruidito agudo, tapándose la cara con las manos, aunque dejando un espacio generoso entre sus dedos para seguir mirando. Debido a que no quería perderse nada, y bueno, Elara tambien era bastante tímida en gran parte de las cosas.
Estaba completamente roja, ¡pero muy roja!. Ver a una mujer de cuatro metros tan... tan expuesta, era algo para lo que su pequeño corazón de Skypiean no estaba preparado. Pero la sorpresa no terminó ahí. Cuando Mei se acercó y usó su oreja gigante para darle sombra, Elara sintió que estaba viviendo un sueño. Era como estar bajo un árbol suave y peludito que, además, le guiñaba el ojo. Eso no lo sabía muy bien ella, pero al menos no era algo malo… o al menos eso es lo que creía.
— ¡Es... es una sombra con orejas! ¡Es increíble! ¡Nee~ ! —exclamó, dejando caer las manos y mirando hacia arriba, maravillada por la ingeniosidad de Mei. — Muchas gracias, usted es muy valiente, yo me moriría de la vergüenza, aunque con este calor la entiendo perfectamente. — mencionó con una sonrisa, esperaba que no fuese nada tan complejo realmente, pero al menos lo notaba de una manera bastante cómoda.
Caminaba al lado de la gigante, tratando de no tropezar con sus propios pies mientras disfrutaba del alivio de la sombra. Se sentía protegida, como si nada malo pudiera pasarle al lado de semejante montaña de amabilidad.
Cuando Mei le preguntó por su cabello, Elara se llevó una mano a uno de sus picos capilares, acariciando la bolita del final con nerviosismo.
— ¿Esto? ¡Ah! Es mi pelo, nee~ . En Skypiea todos lo tenemos un poco así, con formas raras. Son como... antenitas de pelo, supongo. Y estas son mis alas —las agitó un poquito, orgullosa — Aunque aquí abajo parece que llaman mucho la atención. —Se quedó mirando el perfil de la Mink, todavía un poco embobada por su tamaño y su energía.
— ¿Y tú siempre eres así de... valiente? Me has salvado de convertirme en un ángel frito. Oye... ¿hacia dónde vamos? Porque si hay un lugar con agua fría, prometo que te contaré todo sobre las islas del cielo mientras nos refrescamos. ¡Es lo menos que puedo hacer por mi rescatadora gigante! — las palabras de Elara eran honestas. Estaba segura de eso. Confiaba en que no había nada malo en eso. Al menos, dentro de lo que cabía obviamente. Quería conocer un poco más. Estaba segura que no habría nada malo.
