25-12-2025, 04:54 PM
Elara sentía que caminaba sobre nubes, pero no de las de Skypiea, sino de esas que te hacen sentir que en cualquier momento te vas a hundir. La confianza de Shin era tan... ¡tan DEMANDANTE! Cada vez que él sonreía con esa mezcla de soberbia y bondad, ella tenía que recordarse a sí misma cómo respirar, y eso para ella ya era mucho.
Cuando él se acercó tanto que la hizo sonrojarse más, Elara simplemente se quedó congelada, con las alas aleteando a una velocidad que seguramente estaba haciendo un ruidito de motor estropeado.
— ¿U-Una canción...? —repitió, sintiendo que el corazón le daba un vuelco.
No sabía si era una buena idea tocar para un marine, pero ante esa mirada, decirle que no era físicamente imposible para ella. Además, eso de que fuera su "forma de pago" sonaba extrañamente... ¿atractivo? Sacudió la cabeza rápido para espantar esos pensamientos pecaminosos.
No podía dejarse llevar solo porque él tuviera unos ojos preciosos y un torso que parecía esculpido por los dioses, Elara obviamente tenía que demostrar que era fuerte, y que no se iba a dejar llevar por situaciones como estas.
Caminó tras él, intentando mantener una distancia prudente para no volver a chocar contra su espalda (aunque una parte de ella no se quejaría), mirando de reojo los dojos que pasaban a su alrededor.
Estaba tan concentrada en no tropezar con sus propios pies que cuando Shin mencionó lo de "interrogarla", Elara se puso más blanca que las alas de un ángel. Sus plumas se erizaron por completo y se detuvo en seco, con el alma saliéndole por la boca, es que ella jamás pensó que pasaría algo como eso.
— ¡¿I-Interrogarme?! —exclamó con un hilo de voz, apretando el arpa contra su pecho como si fuera un escudo, aunque claramente todo lo que pasaba era una situación que ni la misma Elara podría saber como diferenciarlo de una manera buena — ¡Y-Yo no he hecho nada! ¡Lo juro por mi vida! ¡Solo buscaba cuerdas! ¡Nee~ ! — Estaba a punto de confesar hasta lo que había desayunado por puro pánico, cuando él soltó que era una broma. Elara soltó un suspiro de alivio tan largo que casi se desinfla ahí mismo.
— ¿E-Ela-chan? —susurró, sintiendo que el calor regresaba a sus mejillas con una fuerza renovada, pintándolas de un rojo carmesí. — N-No soy... es decir... ¡no es que sea tímida! Es que usted es... usted es muy... —se quedó callada, buscando una palabra que no fuera "guapo" o "luminoso"—... ¡Usted es muy maravilloso, señor Hasegawa! — más que ella no podía mentir, así que simplemente se quedó expuesta ante la pregunta que le mencionó el hombre.
Se acomodó un mechón de pelo, tratando de ocultar sus orejas puntiagudas que no paraban de vibrar por el nerviosismo que ella sentía en estos momentos.
— En mi hogar todo es más... tranquilo. Nadie te interroga de broma ni te pone apodos a los cinco minutos de conocerte... nee~ . Pero... —lo miró de reojo, con una mezcla de curiosidad y esa honestidad que no podía frenar—... supongo que no me disgusta del todo. Aunque me va a dar un ataque al corazón si sigue haciendo esas bromas, señor Hasegawa. ¿A todos los que se pierden los trata así de bien o es que hoy se siente especialmente caritativo? — preguntó de curiosa solamente. Sin saber qué cosas podrían pasar de ahora en adelante. No lo sabía del todo muy bien. Pero al menos, intentaría tomárselo de curiosa.
Cuando él se acercó tanto que la hizo sonrojarse más, Elara simplemente se quedó congelada, con las alas aleteando a una velocidad que seguramente estaba haciendo un ruidito de motor estropeado.
— ¿U-Una canción...? —repitió, sintiendo que el corazón le daba un vuelco.
No sabía si era una buena idea tocar para un marine, pero ante esa mirada, decirle que no era físicamente imposible para ella. Además, eso de que fuera su "forma de pago" sonaba extrañamente... ¿atractivo? Sacudió la cabeza rápido para espantar esos pensamientos pecaminosos.
No podía dejarse llevar solo porque él tuviera unos ojos preciosos y un torso que parecía esculpido por los dioses, Elara obviamente tenía que demostrar que era fuerte, y que no se iba a dejar llevar por situaciones como estas.
Caminó tras él, intentando mantener una distancia prudente para no volver a chocar contra su espalda (aunque una parte de ella no se quejaría), mirando de reojo los dojos que pasaban a su alrededor.
Estaba tan concentrada en no tropezar con sus propios pies que cuando Shin mencionó lo de "interrogarla", Elara se puso más blanca que las alas de un ángel. Sus plumas se erizaron por completo y se detuvo en seco, con el alma saliéndole por la boca, es que ella jamás pensó que pasaría algo como eso.
— ¡¿I-Interrogarme?! —exclamó con un hilo de voz, apretando el arpa contra su pecho como si fuera un escudo, aunque claramente todo lo que pasaba era una situación que ni la misma Elara podría saber como diferenciarlo de una manera buena — ¡Y-Yo no he hecho nada! ¡Lo juro por mi vida! ¡Solo buscaba cuerdas! ¡Nee~ ! — Estaba a punto de confesar hasta lo que había desayunado por puro pánico, cuando él soltó que era una broma. Elara soltó un suspiro de alivio tan largo que casi se desinfla ahí mismo.
Pero entonces llegó el golpe final: el apodo. Elaaa-chan.
Se acomodó un mechón de pelo, tratando de ocultar sus orejas puntiagudas que no paraban de vibrar por el nerviosismo que ella sentía en estos momentos.
— En mi hogar todo es más... tranquilo. Nadie te interroga de broma ni te pone apodos a los cinco minutos de conocerte... nee~ . Pero... —lo miró de reojo, con una mezcla de curiosidad y esa honestidad que no podía frenar—... supongo que no me disgusta del todo. Aunque me va a dar un ataque al corazón si sigue haciendo esas bromas, señor Hasegawa. ¿A todos los que se pierden los trata así de bien o es que hoy se siente especialmente caritativo? — preguntó de curiosa solamente. Sin saber qué cosas podrían pasar de ahora en adelante. No lo sabía del todo muy bien. Pero al menos, intentaría tomárselo de curiosa.
