24-12-2025, 02:56 AM
En días como aquel, donde rebosaba tiempo libre, le gustaba salir a caminar sin rumbo a lo largo y ancho de la isla. Quizás, donde los instantes más llegaban a pesarle, haciendo sus mañanas lentas y las noches ciclos interminables, su lugar favorito terminaba siendo la playa, donde no sólo rememoraba épocas mejores, sino que también, fantaseaba con la idea de poder moverse más allá de su lugar inicial o mismamente el South Blue. Su labor como marine le hacía querer defenderlos a todos, especialmente a quienes menos métodos tenían para lograrlo, y esa brisa lo transportaba a ideas sobre el futuro, sonriendo levemente con ciertos dejes más optimistas.
Su antigua tripulación sufrió las consecuencias del mal en el mundo, y aunque sabía que no todos los piratas son iguales, y que muchos tienen una vara moral incluso más compleja y trabajada que la suya, no podía evitar guardar cierto resentimiento, especialmente a los que robaban, mataban y realizaban actos depravados sin escrúpulos. Las sonrisas en su rostro se borraban cuando recordaba los gritos de sus seres queridos retumbar en su cabeza, como si estuviesen grabados a fuego en los tímpanos, imposible de arrancarlos por más que lo intente.
No sólo los escuchaba, también los veía, tatuados en su piel, persiguiéndolo en sus sombras, como ojos fantasma que juzgaban su camino y hacia donde se dirigía. Por ello, sentir su peso moldear la arena bajo sus pies le resultaba una experiencia rellena de pensamientos, ideas y sentimientos encontrados, algo que no dejaba de representarle un tiempo productivo a nivel personal y que por ello se hacía de sus actividades favoritas. Mayormente, elegía instantes donde sabía por experiencia que no habría nadie 'invadiendo' un proceso que consideraba personal, sin embargo, ese día una silueta apareció más cerca de lo que percibió en principio cuando se dio cuenta.
Un largo cabello azul marino y trenzado parecía dibujar las curvas femeninas a medida que caían, y en ese preciso descenso pudo observarle los muslos casi tan níveos como su propia piel. El albino quedó levemente hipnotizado con lo que le regalaban las vistas y por instantes ese gusto especial por la anatomía femenina lo arrancó de sus pensamientos. Siendo tan extrovertido como era, decidió que quizás, sería buena idea iniciar una interacción, desde ya era alguien acostumbrado a recibir un tato como mínimo, decente de otras personas por su mero aspecto físico, detalle que siempre le elevaba el ego por las nubes.
Sus pasos siguieron recortando las distancias entre ambos hasta aparecer en el campo visual de la chica. La primera impresión del hombre podía dejar varios detalles al placer y gusto de quien lo observase, sin embargo, la combinación de colores en su ropa, con un pantalón holgado blanco y una camiseta negra, ajustada en contraposición, lucían impecables y daba toda la sensación de estar arreglado hasta el más mínimo detalle. Olía a buena cuna, un pasado revestido en familia adinerada, y su mirada cerúlea observaba el rostro de la dama con un deje confiado y afable, transmitiendo seguridad al menos desde su propia perspectiva.
¿Pero qué intenciones tendría una persona como él ante semejante belleza? Bueno, en un principio se veía tentado a intentar conocerla, un interés genuino por iniciar alguna interacción que la añada a su numeroso círculo social, sin pretensiones de índoles sensibles en principio, porque no solía ser ese tipo de hombre. Aunque mentiría si dijese que no le causaba interés.
—¡Hey! —exclamó, levantando su diestra a modo de saludo, con una sonrisa casi cómplice. —Lamento la interrupción, quizás yo también sea del tipo que odia ser molestado cuando está tranquilo, disfrutando de la brisa marina... —al decirlo, señaló el mar a su espalda. —...pero supongo que me tocará ser sincero. —se encoge de hombros, sin borrar de sus labios la curva que seguía manteniendo la imagen transmitida de confianza absoluta. Y ego, sobre todo, ego.
—No pude evitar el deseo de intentar conocerte cuando te vi. Tú me dirás si sueno fuera de lugar y quieres que me vaya o tengo alguna oportunidad. —soltó una tenue exhalación, como si se hubiese quitado un peso de encima, y entonces se colocó de perfil, con sus ojos reposados en el mar. No llegó a percibir del todo los detalles físicos que la hacían alejarse de lo puramente humano en principio, pero tampoco habría cambiado nada, el impulso seguiría siendo el mismo. —Vaya, acabo de percatarme de lo sospechoso que he sonado. Juro que soy buena gente, promesa. —recalcó, alzando a la altura de su pecho ambas manos con las palmas extendidas, como si hubiese sido atrapado. Lo dijo con una gracia casi traviesa, acorde con su aura seductora natural y los tonos suaves que emplea su voz, y claro que estaba más que dispuesto a largarse si terminaba siendo el deseo contrario. Lo dicho y hecho no era más que su forma de pedirle permiso para siquiera, preguntarle cómo se llama.
Su antigua tripulación sufrió las consecuencias del mal en el mundo, y aunque sabía que no todos los piratas son iguales, y que muchos tienen una vara moral incluso más compleja y trabajada que la suya, no podía evitar guardar cierto resentimiento, especialmente a los que robaban, mataban y realizaban actos depravados sin escrúpulos. Las sonrisas en su rostro se borraban cuando recordaba los gritos de sus seres queridos retumbar en su cabeza, como si estuviesen grabados a fuego en los tímpanos, imposible de arrancarlos por más que lo intente.
No sólo los escuchaba, también los veía, tatuados en su piel, persiguiéndolo en sus sombras, como ojos fantasma que juzgaban su camino y hacia donde se dirigía. Por ello, sentir su peso moldear la arena bajo sus pies le resultaba una experiencia rellena de pensamientos, ideas y sentimientos encontrados, algo que no dejaba de representarle un tiempo productivo a nivel personal y que por ello se hacía de sus actividades favoritas. Mayormente, elegía instantes donde sabía por experiencia que no habría nadie 'invadiendo' un proceso que consideraba personal, sin embargo, ese día una silueta apareció más cerca de lo que percibió en principio cuando se dio cuenta.
Un largo cabello azul marino y trenzado parecía dibujar las curvas femeninas a medida que caían, y en ese preciso descenso pudo observarle los muslos casi tan níveos como su propia piel. El albino quedó levemente hipnotizado con lo que le regalaban las vistas y por instantes ese gusto especial por la anatomía femenina lo arrancó de sus pensamientos. Siendo tan extrovertido como era, decidió que quizás, sería buena idea iniciar una interacción, desde ya era alguien acostumbrado a recibir un tato como mínimo, decente de otras personas por su mero aspecto físico, detalle que siempre le elevaba el ego por las nubes.
Sus pasos siguieron recortando las distancias entre ambos hasta aparecer en el campo visual de la chica. La primera impresión del hombre podía dejar varios detalles al placer y gusto de quien lo observase, sin embargo, la combinación de colores en su ropa, con un pantalón holgado blanco y una camiseta negra, ajustada en contraposición, lucían impecables y daba toda la sensación de estar arreglado hasta el más mínimo detalle. Olía a buena cuna, un pasado revestido en familia adinerada, y su mirada cerúlea observaba el rostro de la dama con un deje confiado y afable, transmitiendo seguridad al menos desde su propia perspectiva.
¿Pero qué intenciones tendría una persona como él ante semejante belleza? Bueno, en un principio se veía tentado a intentar conocerla, un interés genuino por iniciar alguna interacción que la añada a su numeroso círculo social, sin pretensiones de índoles sensibles en principio, porque no solía ser ese tipo de hombre. Aunque mentiría si dijese que no le causaba interés.
—¡Hey! —exclamó, levantando su diestra a modo de saludo, con una sonrisa casi cómplice. —Lamento la interrupción, quizás yo también sea del tipo que odia ser molestado cuando está tranquilo, disfrutando de la brisa marina... —al decirlo, señaló el mar a su espalda. —...pero supongo que me tocará ser sincero. —se encoge de hombros, sin borrar de sus labios la curva que seguía manteniendo la imagen transmitida de confianza absoluta. Y ego, sobre todo, ego.
—No pude evitar el deseo de intentar conocerte cuando te vi. Tú me dirás si sueno fuera de lugar y quieres que me vaya o tengo alguna oportunidad. —soltó una tenue exhalación, como si se hubiese quitado un peso de encima, y entonces se colocó de perfil, con sus ojos reposados en el mar. No llegó a percibir del todo los detalles físicos que la hacían alejarse de lo puramente humano en principio, pero tampoco habría cambiado nada, el impulso seguiría siendo el mismo. —Vaya, acabo de percatarme de lo sospechoso que he sonado. Juro que soy buena gente, promesa. —recalcó, alzando a la altura de su pecho ambas manos con las palmas extendidas, como si hubiese sido atrapado. Lo dijo con una gracia casi traviesa, acorde con su aura seductora natural y los tonos suaves que emplea su voz, y claro que estaba más que dispuesto a largarse si terminaba siendo el deseo contrario. Lo dicho y hecho no era más que su forma de pedirle permiso para siquiera, preguntarle cómo se llama.
Off
![[Imagen: vEBNZb3.png]](https://i.imgur.com/vEBNZb3.png)
