23-12-2025, 08:21 AM
Era extraño ver a Bones por las calles de la ciudad en pleno día, puesto que normalmente solía aparecer cuando los rayos de la tarde comenzaban a disminuir en el horizonte. No obstante, aquel día se sentía algo vacío, ciertamente mucho más nostálgico que otras veces, producto de un sueño que había tenido sobre su antiguo hogar.
Todo había sido tan vívido: la música swing sonando en aquel viejo reproductor de su abuela, llenando la casa de vida y armonía. Pero todo se desvaneció cuando recordó los ojos blancos de su abuela y su cuerpo sin vida sobre el suyo, mientras intentaba sobrevivir al ataque de aquellos piratas que habían saqueado a su tribu.
Eran malas noches cada vez que aquella pesadilla se repetía en su cabeza, haciéndolo volver a sentir aquel vacío que lo invadió cuando abandonó su hogar por primera vez.
De pronto, sus pensamientos se vieron interrumpidos por los gritos y quejas de un grupo de personas que se encontraban cerca de su posición. Alzó la mirada y vio alas blancas agitándose, polvo en el aire, estornudos y disculpas atropelladas… todo en medio del caos que se estaba desatando frente a sus ojos.
En medio de aquella polvareda se encontraba una chica de actitud avergonzada, con las mejillas sonrojadas, disculpándose sin parar por haber armado semejante alboroto.
—Hmph… —dejó escapar una media sonrisa, divirtiéndole aquella sana inocencia de la muchacha, que parecía estar haciendo todo lo posible por ayudar a la gente, aunque claramente estuviera fallando en su objetivo.
Cuando Elara casi derriba a otro comerciante con la punta del ala, Bones avanzó un par de pasos. Su presencia resultaba extraña para muchos a esa hora del día, ganándose la atención de unas cuantas miradas mientras se acercaba al origen del caos.
En un momento se inclinó con elegancia y tomó el saco de arroz, ayudando a levantarlo, conteniendo la gracia que le provocaba verla ojear con poco disimulo a aquellos hombres fornidos que movían tablas de madera a un costado.
—Si sigues mirando a chicos fuertes en vez de centrar toda tu atención en lo que estás haciendo, vas a terminar ayudando… pero a que alguien pierda los dientes con tus alas —dijo en tono de broma amistosa, al verla tan apabullada entre sus buenas intenciones y el desastre que había causado.
—Creo que vas a necesitar ayuda extra si quieres ayudar tanto como te lo exige la cabeza. Así que, si lo deseas, podría darte una mano.
En esos momentos, Bones solo deseaba distraer su mente de aquellas pesadillas que aún revoloteaban en su cabeza, creyendo que era mejor ocuparse ayudando a la chica. Después de todo, la actitud alegre y vivaz de Elara parecía iluminar incluso el ánimo del médico brujo.
Todo había sido tan vívido: la música swing sonando en aquel viejo reproductor de su abuela, llenando la casa de vida y armonía. Pero todo se desvaneció cuando recordó los ojos blancos de su abuela y su cuerpo sin vida sobre el suyo, mientras intentaba sobrevivir al ataque de aquellos piratas que habían saqueado a su tribu.
Eran malas noches cada vez que aquella pesadilla se repetía en su cabeza, haciéndolo volver a sentir aquel vacío que lo invadió cuando abandonó su hogar por primera vez.
De pronto, sus pensamientos se vieron interrumpidos por los gritos y quejas de un grupo de personas que se encontraban cerca de su posición. Alzó la mirada y vio alas blancas agitándose, polvo en el aire, estornudos y disculpas atropelladas… todo en medio del caos que se estaba desatando frente a sus ojos.
En medio de aquella polvareda se encontraba una chica de actitud avergonzada, con las mejillas sonrojadas, disculpándose sin parar por haber armado semejante alboroto.
—Hmph… —dejó escapar una media sonrisa, divirtiéndole aquella sana inocencia de la muchacha, que parecía estar haciendo todo lo posible por ayudar a la gente, aunque claramente estuviera fallando en su objetivo.
Cuando Elara casi derriba a otro comerciante con la punta del ala, Bones avanzó un par de pasos. Su presencia resultaba extraña para muchos a esa hora del día, ganándose la atención de unas cuantas miradas mientras se acercaba al origen del caos.
En un momento se inclinó con elegancia y tomó el saco de arroz, ayudando a levantarlo, conteniendo la gracia que le provocaba verla ojear con poco disimulo a aquellos hombres fornidos que movían tablas de madera a un costado.
—Si sigues mirando a chicos fuertes en vez de centrar toda tu atención en lo que estás haciendo, vas a terminar ayudando… pero a que alguien pierda los dientes con tus alas —dijo en tono de broma amistosa, al verla tan apabullada entre sus buenas intenciones y el desastre que había causado.
—Creo que vas a necesitar ayuda extra si quieres ayudar tanto como te lo exige la cabeza. Así que, si lo deseas, podría darte una mano.
En esos momentos, Bones solo deseaba distraer su mente de aquellas pesadillas que aún revoloteaban en su cabeza, creyendo que era mejor ocuparse ayudando a la chica. Después de todo, la actitud alegre y vivaz de Elara parecía iluminar incluso el ánimo del médico brujo.
