Un viaje movido // Llegada a Little Garden // Presente absoluto
#41
Stroud permaneció inmóvil, cruzado de brazos, mientras Sohem soltaba su discurso a Fyodor. Seguía sin poder respirar, pero ahí seguía, como una estatua; de no ser por cómo su abrigo se ondulaba con el aire caliente, no hubiera sido extraño confundirlo con una. Fyodor había cometido una gilipollez al intentar lidiar con el Mar Cruel en aquellos términos. Cuando uno trata con peces gordos, y aquel era uno de los que más, era importante ser consciente de la situación propia; aún no era momento de ofrecer aquella particular mercancía, no de aquella manera. Le hubiera fastidiado aquello de los retrasados con uniforme, si la opinión del director del banco Goldreich no se la trajese al pairo. Como mínimo, aquel tipo, fuese cual fuese su posición social, no estaba en absoluto del lado del Gobierno Mundial ni de la Justicia; en el peor de los casos, estaba precisamente en el lado opuesto. La valoración que tuviese o dejase de tener sobre la Marina le importaba más bien poco. Su atención, en cambio, se negaba a desviarse de los Olvidados ni por un instante, sus ojos grises clavados con engañosa frialdad en ellos. La impertérrita expresión de Stroud llegaba, en ocasiones, a no ser más que una máscara, no muy distinta de la que llevaba el propio Sohem, bajo la cual podían ocultarse océanos de ira, cruda y sin procesar. Incluso bajo aquel frío antifaz, el joven Marine era consciente de que le hervía la sangre, de que la Justicia pugnaba por ser restablecida. La impotencia del que se ha encontrado con un muro, sin forma de rodearlo.

Stroud oyó cómo Krysser primero, y luego Fyodor, eran estampados por el Mar Cruel. De puertas para afuera, no se inmutó, pero en su interior esperó que aquello no escalase más. Sus sospechas sobre la sed de sangre de Sohem se habían disipado, pero nunca se sabía por dónde podía salir alguien como él. Tuvo que contener el impulso de respirar hondo, algo que solía hacer para mantener la tensión a raya cuando una situación parecía irse de control, pero se detuvo en el último momento. Se dijo a sí mismo que aún tenía aire de sobra. Podía aguantar. Más valía que pudiese aguantar. En su interior, notaba cómo empezaba a oír con mayor facilidad el latir de su corazón, que trabajaba en mantener el riego sanguíneo de la forma más regular posible, aun en ausencia de aire. Hizo un esfuerzo consciente por mantener su frecuencia cardiaca estable. Cuando Sohem se dirigió a él como el boy scout, sin embargo, no pudo sino girar la cabeza, observándolo en silencio, como esperando a ver qué era lo que le quería decir. El calor desapareció; fue como apagar un fósforo. El aire pareció volver a circular con normalidad, el factor asfixiante se deshizo en cuestión de un instante. A Stroud le llevó algo de esfuerzo mantener la concentración en lo que decía el siniestro dueño dueño del Goldreich al tiempo que intentaba determinar si era posible respirar. Como el que mete solo un pie en el agua para ver si está demasiado fría, inspiró primero brevísimamente para ver si continuaría asfixiándose. Cuando comprobó que el aire, en efecto, circulaba de forma normal, respiró hondo, permitiendo que sus pulmones se llenasen casi hasta estallar. "Joe Joestar, qué nombre tan peculiar," pensó para sí. ¿Le sonaba de algo aquel nombre? ¿De qué conocía ese tipo a un Marine? ¿Qué interés tendría él en que aquellos retrasados con uniforme se pusiesen en contacto con otros? ¿Por qué Stroud le recordaba a ese tipo? Las preguntas comenzaron a amontonarse en su cabeza, pero no verbalizó ninguna de ellas, haciéndolas a un lado. En lugar de ello, se limitó a asentir, devolviendo su atención hacia los Olvidados que yacían entre él y el Last Whisper. "Ya nos volveremos a ver, Sohem Burnedead," se limitó a afirmar, dándole la espalda al Señor de la Moneda. Ya vería qué hacía con aquella información en su debido momento.

Si se hubiese tratado de cualquier otro, Stroud no hubiese dudado en ignorar advertencias y deditos en alto que pretendiesen indicar a la Marina, el brazo del mismísimo Gobierno Mundial, cuál era su lugar y cuál no. Sabía, sin embargo, que en términos prácticos no quedaba otra. Cruzó su mirada con la del pelirrojo, de humor tan ardoroso como, al parecer, corto. Al mismo tiempo, viendo cómo la joven Gwendolyn interactuaba con aquellos a su alrededor, las pocas piezas restantes en el puzle parecieron caer exactamente en su lugar, encajando. Aquella ciega lo había tomado por gilipollas. Si no era pirata, estaba en camino de serlo. Acusarla de connivencia con aquel hatajo hubiese sido quedarse corto. Entendió todo. Se sintió como un imbécil. Al mismo tiempo, parecía que Fyodor optaba por intentar provocar a Sohem. En vano, esperó Stroud. No dijo nada. En su lugar, permaneció pensativo unos instantes, al tiempo que el hombre del traje oscuro, audiblemente forzando su tono de voz e intentando aportar gravedad a cuanto dijese, le aseguraba que no buscaban problemas. ¿Qué cojones le importaba a él lo que buscasen o dejasen de buscar? Ese debía de ser de los que se habían quedado en el barco hasta el último momento. Stroud lo contempló, midiéndolo con la mirada por unos instantes en el más absoluto silencio. Respiró hondo, aún cruzado de brazos, mientras sus ojos de desplazaban entre los presentes. Observó, tal vez con cierto respeto tácito, imperceptible desde el exterior, a Rackham Uker. El tiempo que Sohem había indicado corría.

"Nos volveremos a ver, piratas," dijo. Pese a lo siempre monótono de su voz, hubo un deje de desprecio, casi un escupitajo, cuando dijo esa última palabra. Dio un pequeño pisotón sobre la fina arena, al tiempo que se giraba con un último vistazo a Owen Yang, el pelirrojo. No iba a olvidar esa cara fácilmente. Y Stroud jamás recordaba una cara en vano. "División, nos vamos," anunció. Extrajo de su bolsillo su Den Den Mushi, así como un ejemplar blanco. Sería importante informar de lo sucedido lo antes posible.

Aire caliente saliendo de sus fosas nasales, casi como una locomotora, echó a caminar hacia los mismos acantilados por los que habían llegado a la playa mientras marcaba un número en el dial del Den Den Mushi. Stroud había aprendido mucho aquel día.

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RE: Un viaje movido // Llegada a Little Garden // Presente absoluto - por Stroud Nanashi - 21-12-2025, 11:04 PM

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