Un encuentro más (De miles contigo) [Pasado - Social - Gwen] [+18]
#15
Todas las personas desarrollamos no un sexto, un séptimo sentido para poder notar "cuándo las cosas andan mal", y más aún cuando se trata de los más cercanos y afines. Gwen resultaba ser una chica tranquila, risueña, con inquietudes, miedos y fortalezas, pero jamás parecía mostrarse reacia a afrontar ninguna situación que la vida decida ponerle, al contrario; Resultaba ser tan temeraria como el pirata más belicoso o el ladrón más curtido. Sin embargo, ella parecía tener un talón de Aquiles o, al menos algo, que le generaba una sensación de incomodidad tan enorme que hasta le hacía cambiar su comportamiento al interactuar con Owen: Su pasado.

El pelirrojo afrontaba su realidad, su existencia matona, pendenciera y malandra a su manera, pero la afrontaba sin ningún tipo de bondad ni amabilidad. Gwen, por su parte, realizaba una cantidad de maniobras evasivas tan alevosas que empezaban a despertar preocupaciones en el pelirrojo, ¿Porque la quisiera menos si supiese de su pasado? No, sino, porque encontraba algo...un poco más preocupante: El amor de su vida sería capaz de poder ocultarle cosas, si lo deseara.

— ¿Si te respondo todo, dejarás de preguntarme?

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-...supongo que sí. Tampoco es para que te pongas tan a la defensiva, ¿No?-

Era la primera vez, en todo el tiempo que se habían conocido, que Owen sí reaccionaba de manera ligeramente rebelde ante el comentario de la mujer a la que había mencionado como la única en su corazón y vida. Sus ojos se desviaban hacia abajo, como si quisiese evitar un contacto visual inexistente pero evidenciando frustración en sus palabras. Se notaba a leguas la negativa de tener que darle explicaciones, pero, ¿Porqué no darlas? Eso era lo que mantenía al muchacho en ascuas.

En cuanto su discurso empezó, la expresión de Owen no hacía más que confundirse y acomplejarse cada vez más, "no me interesa saber quién era", "tenía un deber con la iglesia", el chico era mucho más sencillo de mente y sus conflictos infinitamente más terrenales, más mundanos, más palpables. Los de Gwen, no; Parecía como si la chica estuviese teniendo una lucha perpetua entre lo que fue y lo que quiere ser, abandonando a una persona para encontrarse con una nueva, algo que...bueno, el pelirrojo también estaba haciendo. Sin embargo, él cargaba con la mochila de aquel maleante que siempre fue y, desde que sintió la calidez de la bondad maravillosa de la mujer que tenía delante, había abandonado poco a poco, arreglando a un ser imposible como él. "Ella lo abandonó todo".

—Sabiendo esto ¿No te asusta que te abandone a ti también? Dejé de hacer lo mismo que me estás pidiendo ahora. —

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-Inténtalo, si quieres. Yo moriré antes de abandonarte a ti.-

Era, probablemente, la primera vez que Owen se mostraba absolutamente distinto a lo que Gwen se había encontrado desde siempre; Un chico risueño, divertido, gritón, romántico y muy meloso, que siempre deseó tener la compañía de quien él consideraba perfecta ante sus ojos, porque ella lo era así no pudiese verlo, irónicamente. Esta vez sonaba determinado, nervioso, sí, incluso con una pequeña gota de sudor que, debido a la tensión, se deslizaba por su mejilla. Se lo escuchaba obstaculizante, como si la muchachita de párpados cerrados fuese un ratón y él dos grandes manos que le perseguían, ¿Miedoso de recibir un mordisco? Sí, porque un par estaba recibiendo, ¿Detenerse a querer atraparla? No, para nada. Su amor por ella le había cambiado y mostrado que podía dejar de ser el demonio que todos pensaron que sería. Comenzó a mencionar a un famoso "doctor", el mismo por el que gritó en Isla del Karate cuando Onizuka Jin irrumpió en aquel lugar que consideraba hogar. Atrapó su mano, apretándola -...- y él, inevitablemente, clavó sus orbes celeste brillante en el rostro más hermoso que jamás creyó poder ver. Había algo que no encajaba, había algo...en su discurso, bastante extraño, "Recuerdas pesadillas, nada más", como si alguien le hubiese dicho que las razones de sus extrañas sensaciones eran, simple y llanamente, pesadillas tan exageradamente específicas que sonaban a la peor patraña que el pelirrojo podría contar al intentar engañar a alguien.

Ella se mostraba tremendamente inquieta mientras exponía sus recuerdos, miedos y dudas, viéndose primero relajada, pero luego tensa. El rostro del muchacho, ciertamente, era un poema; Tenía su ceño fruncido, mirándola, con una seriedad que le empezaba a generar dudas y cuestionamientos que, en el fondo, le empezaban a hacer germinar la planta de la duda en una semilla que fue regada durante, ya, varios meses, incluso, habiendo gente en el pasado que "también decía que era especial" -¿Me quieres decir alguna indirecta, Gwen?- porque quería entender el mensaje entre líneas, uno que jamás, el pelirrojo, tenía con ella y, mientras no le quitaba ni un solo ápice de segundo la mirada de encima y ella le soltaba, llevándose las sábanas consigo y quedándose estas como un velo.

"Ella era la elegida de Dios, una doncella milagrosa, que solo trae desgracias a su paso."

Vio aquel "velo improvisado" que ahora era la sábana que a ambos les cubría. El pelirrojo, sentado, mirándole a su espalda, no se movió ni un solo ápice de su ubicación.

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-¡Estás muy equivocada! ¡Tú has cambiado a un demonio como yo!-

Algo que el pelirrojo le repitió a diestra y siniestra, pero parece que ella, todavía, no se lo había creído. Debido a las inmensas ganas de demostrarle lo equivocada que estaba, no dudó en alzar la voz, incluso, ya siendo la madrugada y jugándosela a que puedan echarles la bronca por la inmensa cantidad de ruidos en esa habitación -La única desgracia aquí es que tenga que subirme a ese puto barco, lleno de orates.- y, desplazándose hacia adelante, desvió la mirada hacia abajo, aproximándose a la mano derecha de la muchachita y capturarla con la misma, dando un pequeño salto para quedar justo a espaldas de la mujer de su vida -Tu pasado no es algo que me importe, Gwen, pero, ¿No te genera ruido lo que estás diciendo?- porque al pelirrojo sí, mucho, y podía verse en ese ceño fruncido, lleno de indignación -¿Sueños con un médico? ¿Un médico pidiéndote perdón y clemencia? ¿No suena tan abrumadoramente específico un sueño así que parece la peor gilipollez jamás escuchada?- se le había quitado la maña de insultar a diestra y siniestra con ella, pero bueno, se estaba dejando llevar un poco. Dio otro pequeño botecito, quedándose casi pegado a la espalda de esa mujer envuelta en una sábana -Yo soy un puto bruto, y si soy listo es porque me curtí a los golpes. Tú eres inteligente, demasiado, ¿Cómo puedes simplemente asumir que semejante patraña sea cierta?- parecía él más indignado que ella, ciertamente -¿Quién coño fue tan subnormal- listo, soltó los anclajes que evitaban que no sea un maleducado -de hacerte creer que provocas desgracias, cuando yo era un ser vil y desgraciado antes de conocerte?- él se flagelaba demasiado por su pasado, pero bueno, envuelto en la desgracia sí estuvo siempre, tenía un punto -Si sobreviví a lo que de esa puta torre asquerosa- señaló abruptamente hacia la ventana, como si ella pudiese verlo (O como si el lugar estuviese en la dirección donde apuntaba) -fue por el querer verte una noche más, como esta. Lo que siento por ti me mantendrá vivo para siempre, y nada, NI NADIE, va a detenerme hasta que te cases conmigo.- y, bajando el brazo y la mirada, pareció...ligeramente más angustiado, incómodo, repentinamente.

-Aceptaré que tarde o temprano quieras abandonarme, si puede que lo hagas. No me importa.- acotó, de repente, como si recapitulara lo que ella había dicho hacía unos minutos. Su mirada se encontraba desviada, sin moverse un milímetro a espaldas de la chica, solo manteniendo el contacto con sus manos que, lentamente, fue separando para quedar algo encorvado, cabizbajo -Aún así, mi corazón va a seguir sin pertenecerme. Va a ser tuyo, te lo ganaste a pulso, Gwen.- y, mostrándose un poco...¿Ofendido, tal vez? Quien se volteó para darle la espalda fue él, en un gesto lleno de impotencia.

-Pensé que eso lo habías entendido ya.-

Sonaba triste, apagado, con la cara apuntando hacia los retazos de tela agolpados entre ellos, dibujando arrugas por el peso de su cuerpo -Y si en esta vida me dejar de amar en algún momento, lo volveré a intentar en la siguiente.- porque él siempre había demostrado la fragilidad de que, tarde o temprano, "pudiesen dejar de quererle".

Porque nadie le había querido genuinamente, excepto ella.
-Hablo- , Narro , -Pienso-
[Imagen: Fusaneitor.gif]
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RE: Un encuentro más (De miles contigo) [Pasado - Social - Gwen] [+18] - por Owen Yang - 21-12-2025, 01:16 AM

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