20-12-2025, 05:57 PM
Moja se detuvo antes de dar el último paso que lo habría expuesto por completo al campamento. Permaneció inmóvil, casi fundido con la vegetación, mientras sus sentidos se desplegaban uno a uno. El aire estaba cargado de olores superpuestos: sangre reciente, carne abierta, metal oxidado, miedo. Miedo humano. Aquello le erizó el pelaje del cuello. No era un lugar muerto; era un lugar que había sido abandonado demasiado deprisa.
Avanzó con cuidado, cada pisada calculada, evitando ramas secas y zonas de barro profundo. Para cualquiera, el campamento habría parecido simplemente vacío. Para Moja, en cambio, cada objeto fuera de lugar gritaba lo mismo: algo salió mal… y muy rápido. Un arma caída sin sangre en el filo, una cantimplora abierta junto a una huella arrastrada, una tienda rasgada desde dentro. Nadie había tenido tiempo de pensar, solo de reaccionar.
Entonces lo sintió.
No fue un sonido. Ni un olor concreto. Fue una presión invisible, una sensación primitiva que le recorrió la espalda como un escalofrío. Moja levantó lentamente la cabeza, sus orejas se orientaron hacia la espesura de la jungla.
Algo estaba allí. Observando.
No atacaba. No se movía. Pero estaba presente.
Little Garden no concedía testigos inocentes.
Moja no giró bruscamente ni mostró nerviosismo. Sabía que, en una isla así, cualquier gesto impulsivo podía interpretarse como debilidad. Se limitó a seguir avanzando, aunque ahora cada músculo de su cuerpo estaba preparado para reaccionar. Sentía esa mirada clavada en él desde algún punto entre las hojas gigantes y las sombras prehistóricas. Grande. Antiguo. Inteligente… o al menos lo suficiente como para esperar.
El campamento en sí confirmó sus peores sospechas. Carne aún comestible esparcida por el suelo, pequeños carroñeros que se dispersaban al notar su presencia. Asientos volcados, cofres abiertos, armas abandonadas como si hubieran perdido todo valor en un instante. La sangre no formaba charcos de batalla, sino rastros, líneas de movimiento desesperado.
*No fue una cacería…* pensó. *Fue una irrupción.*
Se agachó para examinar las huellas. Botas humanas mezcladas con marcas profundas en la tierra, como si algo pesado hubiera sido arrastrado… o hubiera arrastrado a alguien. No había signos claros de defensa organizada. El gremio Crux no era inexperto; si no lucharon, fue porque no pudieron.
Un resoplido potente rompió el silencio.
Moja giró lentamente y fijó la mirada en la jaula situada a un extremo del campamento. El triceratops golpeaba los barrotes con frustración, resoplando con violencia, como si también percibiera aquella presencia invisible. Sus ojos, grandes y oscuros, se clavaron en Moja con una mezcla de miedo y expectativa.
-Así que tú también lo sientes…- murmuró.
Se acercó despacio, manteniendo siempre una distancia prudente. La jaula estaba dañada, la cerradura deformada, como si alguien hubiera intentado abrirla con prisas o sin las herramientas adecuadas. Moja ajustó sus guantes de combate, sintiendo el peso familiar del metal y la seguridad que le otorgaban.
Antes de golpear, volvió a sentirlo.
Esa mirada.
Desde la jungla, algo evaluaba la escena: al felino, al dinosaurio, al campamento. Moja no sabía si era una criatura de la isla o algo peor… alguien que esperaba ver qué decisión tomaba.
-No me gusta ser observado- dijo en voz baja, sin apartar la vista de la jaula.
Golpeó.
El primer impacto resonó con fuerza, doblando el metal ya debilitado. El segundo terminó de arrancar la puerta. El triceratops lanzó un bramido que sacudió el aire, dio un paso adelante… y se detuvo. Moja sostuvo la mirada del animal, firme, sin agresividad, pero sin miedo.
-Vete- ordenó con calma. -Vive.-
La bestia dudó apenas un segundo antes de salir de la jaula, sacudiendo la tierra con cada paso. Pasó junto a Moja, lo olfateó brevemente y, con otro bramido, se internó en la jungla, rompiendo árboles y helechos a su paso.
El silencio volvió, pero ya no era el mismo.
Moja exhaló despacio, recomponiéndose. Sabía que liberar al dinosaurio no había pasado desapercibido. Quienquiera o lo que fuera que observaba, ahora sabía que él estaba allí y que no pensaba marcharse.
Volvió al suelo, a las huellas. Las siguió con la mirada hasta perderse entre la vegetación espesa. Pisadas humanas, arrastre, marcas profundas… todas apuntaban hacia el corazón de la isla.
Moja se incorporó, estiró ligeramente el cuello y orientó sus sentidos hacia la jungla.
*Sigan corriendo* pensó. *Yo los alcanzaré.*
Con movimientos silenciosos, se internó entre las sombras verdes de Little Garden, avanzando con la cautela de un depredador que sabe que, esta vez, no es el único cazador.
Avanzó con cuidado, cada pisada calculada, evitando ramas secas y zonas de barro profundo. Para cualquiera, el campamento habría parecido simplemente vacío. Para Moja, en cambio, cada objeto fuera de lugar gritaba lo mismo: algo salió mal… y muy rápido. Un arma caída sin sangre en el filo, una cantimplora abierta junto a una huella arrastrada, una tienda rasgada desde dentro. Nadie había tenido tiempo de pensar, solo de reaccionar.
Entonces lo sintió.
No fue un sonido. Ni un olor concreto. Fue una presión invisible, una sensación primitiva que le recorrió la espalda como un escalofrío. Moja levantó lentamente la cabeza, sus orejas se orientaron hacia la espesura de la jungla.
Algo estaba allí. Observando.
No atacaba. No se movía. Pero estaba presente.
Little Garden no concedía testigos inocentes.
Moja no giró bruscamente ni mostró nerviosismo. Sabía que, en una isla así, cualquier gesto impulsivo podía interpretarse como debilidad. Se limitó a seguir avanzando, aunque ahora cada músculo de su cuerpo estaba preparado para reaccionar. Sentía esa mirada clavada en él desde algún punto entre las hojas gigantes y las sombras prehistóricas. Grande. Antiguo. Inteligente… o al menos lo suficiente como para esperar.
El campamento en sí confirmó sus peores sospechas. Carne aún comestible esparcida por el suelo, pequeños carroñeros que se dispersaban al notar su presencia. Asientos volcados, cofres abiertos, armas abandonadas como si hubieran perdido todo valor en un instante. La sangre no formaba charcos de batalla, sino rastros, líneas de movimiento desesperado.
*No fue una cacería…* pensó. *Fue una irrupción.*
Se agachó para examinar las huellas. Botas humanas mezcladas con marcas profundas en la tierra, como si algo pesado hubiera sido arrastrado… o hubiera arrastrado a alguien. No había signos claros de defensa organizada. El gremio Crux no era inexperto; si no lucharon, fue porque no pudieron.
Un resoplido potente rompió el silencio.
Moja giró lentamente y fijó la mirada en la jaula situada a un extremo del campamento. El triceratops golpeaba los barrotes con frustración, resoplando con violencia, como si también percibiera aquella presencia invisible. Sus ojos, grandes y oscuros, se clavaron en Moja con una mezcla de miedo y expectativa.
-Así que tú también lo sientes…- murmuró.
Se acercó despacio, manteniendo siempre una distancia prudente. La jaula estaba dañada, la cerradura deformada, como si alguien hubiera intentado abrirla con prisas o sin las herramientas adecuadas. Moja ajustó sus guantes de combate, sintiendo el peso familiar del metal y la seguridad que le otorgaban.
Antes de golpear, volvió a sentirlo.
Esa mirada.
Desde la jungla, algo evaluaba la escena: al felino, al dinosaurio, al campamento. Moja no sabía si era una criatura de la isla o algo peor… alguien que esperaba ver qué decisión tomaba.
-No me gusta ser observado- dijo en voz baja, sin apartar la vista de la jaula.
Golpeó.
El primer impacto resonó con fuerza, doblando el metal ya debilitado. El segundo terminó de arrancar la puerta. El triceratops lanzó un bramido que sacudió el aire, dio un paso adelante… y se detuvo. Moja sostuvo la mirada del animal, firme, sin agresividad, pero sin miedo.
-Vete- ordenó con calma. -Vive.-
La bestia dudó apenas un segundo antes de salir de la jaula, sacudiendo la tierra con cada paso. Pasó junto a Moja, lo olfateó brevemente y, con otro bramido, se internó en la jungla, rompiendo árboles y helechos a su paso.
El silencio volvió, pero ya no era el mismo.
Moja exhaló despacio, recomponiéndose. Sabía que liberar al dinosaurio no había pasado desapercibido. Quienquiera o lo que fuera que observaba, ahora sabía que él estaba allí y que no pensaba marcharse.
Volvió al suelo, a las huellas. Las siguió con la mirada hasta perderse entre la vegetación espesa. Pisadas humanas, arrastre, marcas profundas… todas apuntaban hacia el corazón de la isla.
Moja se incorporó, estiró ligeramente el cuello y orientó sus sentidos hacia la jungla.
*Sigan corriendo* pensó. *Yo los alcanzaré.*
Con movimientos silenciosos, se internó entre las sombras verdes de Little Garden, avanzando con la cautela de un depredador que sabe que, esta vez, no es el único cazador.
Resumen
*Pienso* -Hablo- Narro
![[Imagen: 5IZMHzN.jpeg]](https://i.imgur.com/5IZMHzN.jpeg)
