19-12-2025, 10:44 PM
Para un marine preparado como tú, encontrar lo que busca no resulta difícil y eso, en sí mismo, es lo más inquietante. Siguiendo las coordenadas, alcanzaste el destino sin mayores contratiempos, aunque no sin antes cruzarte con algunas de las especies que reinan en esta tierra indómita. Criaturas que en cualquier otra isla serían raras, casi imposibles de ver, pero que en Little Garden caminan, rugen y cazan como si el tiempo nunca hubiera avanzado.
El campamento que habían levantado los miembros del gremio de cazadores Crux no era poca cosa. Quizás no se trataba de un palacio, pero era lo suficientemente sólido como para vivir allí con cierta comodidad durante varios días. Claro está, siempre y cuando se ignorara un pequeño detalle, que cualquier dinosaurio o criatura prehistórica de la isla podía devorarte en un parpadeo. Sin embargo, lo más extraño de todo era que el campamento estaba completamente vacío. No había personas. Solo uno que otro dinosaurio menor o animal carroñero rondando los alrededores, devorando la carne que había quedado tirada sobre el suelo. Restos de un posible ataque o de una huida desesperada a toda velocidad. Eso es algo que queda a tu criterio, lo que Moja podría imaginar que ocurrió aquí antes de siquiera poner un pie en el lugar.
Carne aún comestible en el suelo. Asientos volcados. Ropa abandonada, armas, sangre. La escena parecía haber sido orquestada por una criatura feroz e inteligente o, quizá, por el más asqueroso de los animales, la gente, los piratas, para ser exactos. Observes donde observes, el panorama se repite. Cada tienda de campaña cuenta la misma historia de caos y abandono y a unos pocos metros del campamento, destaca algo más un triceratops encerrado en una jaula, puedes acercarte e intentar liberarlo o ignorarlo por completo y centrarte en buscar pistas que indiquen hacia dónde pudieron haber ido los cazadores del gremio Crux.
El silencio que envuelve el campamento no es natural, no es el silencio tranquilo de un lugar abandonado, sino uno pesado, cargado de ecos recientes. El viento mueve las lonas de las tiendas rasgadas, haciendo que crujan como si alguien aún caminara entre ellas, y el olor metálico de la sangre se mezcla con el de la vegetación húmeda y la carne expuesta. Las huellas en el barro cuentan historias inconclusas, botas arrastradas, pasos irregulares, marcas profundas que solo algo grande o algo que luchó con desesperación pudo haber dejado. No hay signos claros de un combate prolongado, más bien, todo apunta a un ataque rápido, violento y organizado, seguido de una retirada igual de caótica. Si los cazadores huyeron, no lo hicieron con calma. Si fueron capturados, opusieron resistencia, pero no la suficiente.
Desde la espesura de la jungla, algo observa. No se mueve, no ataca, pero está ahí, oculto entre hojas gigantes y sombras prehistóricas, tu por tu raza, por tu especie puedes presentir que algo grande te vigila, Little Garden nunca es un escenario pasivo, la isla misma parece evaluar cada paso que das, cada decisión que tomas.
El triceratops encerrado resopla con fuerza, golpeando ocasionalmente los barrotes de la jaula, como si sintiera que no estás solo o como si reconociera en ti una posible salida a su encierro. Al mismo tiempo, encuentras rastros que se internan en la jungla, pisadas humanas mezcladas con marcas de arrastre y profundas hendiduras en la tierra. Sea lo que sea que ocurrió aquí, no terminó en este campamento.
Campamento
El campamento que habían levantado los miembros del gremio de cazadores Crux no era poca cosa. Quizás no se trataba de un palacio, pero era lo suficientemente sólido como para vivir allí con cierta comodidad durante varios días. Claro está, siempre y cuando se ignorara un pequeño detalle, que cualquier dinosaurio o criatura prehistórica de la isla podía devorarte en un parpadeo. Sin embargo, lo más extraño de todo era que el campamento estaba completamente vacío. No había personas. Solo uno que otro dinosaurio menor o animal carroñero rondando los alrededores, devorando la carne que había quedado tirada sobre el suelo. Restos de un posible ataque o de una huida desesperada a toda velocidad. Eso es algo que queda a tu criterio, lo que Moja podría imaginar que ocurrió aquí antes de siquiera poner un pie en el lugar.
Carne aún comestible en el suelo. Asientos volcados. Ropa abandonada, armas, sangre. La escena parecía haber sido orquestada por una criatura feroz e inteligente o, quizá, por el más asqueroso de los animales, la gente, los piratas, para ser exactos. Observes donde observes, el panorama se repite. Cada tienda de campaña cuenta la misma historia de caos y abandono y a unos pocos metros del campamento, destaca algo más un triceratops encerrado en una jaula, puedes acercarte e intentar liberarlo o ignorarlo por completo y centrarte en buscar pistas que indiquen hacia dónde pudieron haber ido los cazadores del gremio Crux.
Triceratops
El silencio que envuelve el campamento no es natural, no es el silencio tranquilo de un lugar abandonado, sino uno pesado, cargado de ecos recientes. El viento mueve las lonas de las tiendas rasgadas, haciendo que crujan como si alguien aún caminara entre ellas, y el olor metálico de la sangre se mezcla con el de la vegetación húmeda y la carne expuesta. Las huellas en el barro cuentan historias inconclusas, botas arrastradas, pasos irregulares, marcas profundas que solo algo grande o algo que luchó con desesperación pudo haber dejado. No hay signos claros de un combate prolongado, más bien, todo apunta a un ataque rápido, violento y organizado, seguido de una retirada igual de caótica. Si los cazadores huyeron, no lo hicieron con calma. Si fueron capturados, opusieron resistencia, pero no la suficiente.
Desde la espesura de la jungla, algo observa. No se mueve, no ataca, pero está ahí, oculto entre hojas gigantes y sombras prehistóricas, tu por tu raza, por tu especie puedes presentir que algo grande te vigila, Little Garden nunca es un escenario pasivo, la isla misma parece evaluar cada paso que das, cada decisión que tomas.
El triceratops encerrado resopla con fuerza, golpeando ocasionalmente los barrotes de la jaula, como si sintiera que no estás solo o como si reconociera en ti una posible salida a su encierro. Al mismo tiempo, encuentras rastros que se internan en la jungla, pisadas humanas mezcladas con marcas de arrastre y profundas hendiduras en la tierra. Sea lo que sea que ocurrió aquí, no terminó en este campamento.
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