El lunarian de la mascara de hueso [pasado]
#3
Me alegra volver a veros. Espero que hayáis repuesto las provisiones para continuar, puesto que de nuevo nos hayamos ante otro día clave en el pasado del joven Fyodor. Aún así, en este nuevo día, tenemos 2 grandes diferencias con los que os he estado relatando en los capítulos previos. De todas formas, sentíos libres de poder saltaros los párrafos siguientes y empezar directamente en el capítulo, puesto que relataré a continuación esas diferencias y se revelará ahí una parte importante del mismo.

Si has decidido continuar no seré quién para negarte el capricho de este pequeño spoiler. La primera de estas diferencias es la más importante en el desarrollo personal de Fyodor. En este día por primera vez podrá sentir en sus propias carnes el genuino calor y afecto de una auténtica familia. Siendo el descubrimiento de este amor el punto clave en la evolución del pequeño lunarian y lo que impidió que tomara una senda llena de odio y rencor por el mundo.

La segunda, más anecdótica bajo mi humilde punto de vista, es el tiempo que transcurre desde el capítulo anterior, pasando apenas una semana entre los hechos acaecidos en el capítulo previo y los que estoy a punto de narrar a continuación, acercándonos cada vez más al final de este viaje en el que nos hemos embarcado y al auténtico inicio de la aventura de Fyodor.

Una vez aclarados estos dos puntos procedo a desaparecer nuevamente tras mi teclado, dejando que volváis a sumergiros en el pasado de Fyodor.



Capítulo 5: Familia
Año 12

Los ruidos de una rudimentaria máquina de oxígeno era lo único que se oía en aquella habitación, iluminada tenuemente por una pequeña lámpara de aceite colgada en la pared, permitiendo con ello que su luz bañase la cama sobre la que Fyodor, conectado al respirador, se recuperaba del ataque que había sufrido hace una semana y que le había dejado al borde de la muerte.

Las medicinas que le habían dado estaban empezando a dejar de hacer efecto, provocando con ello que, dentro de la cabeza de Fyodor, empezará a librarse una pesadilla que le acompañaría y atormentaría el resto de su vida y que, en esos momentos, estaban empezando a provocar una serie de espasmos musculares en el cuerpo de Fyodor, tratando de huir de la montaña de cadáveres que le perseguía en sus pesadillas.

No pasó ni un minuto antes de que despertara cubierto de sudor frío, incorporando su torso violentamente y tirando con ello el respirador que, pese a la brusquedad del movimiento, permanecía conectado a un Fyodor que miraba atontado a todas partes, restregándose los ojos con la palma de la mano para intentar solucionar lo que pensaba que era un problema ocular que le provocaba alucinaciones.

Como era de esperar, el ruido del respirador cayendo al suelo alertó a los habitantes del lugar en el que se encontraba, pudiendo escuchar sus pasos acercarse velozmente.

- “¡Busca a mamá! Dile que el chico ya se ha despertado.” -Un joven de edad similar a Fyodor, vestido con ropa vieja llena de remiendos, de piel rojiza y con unas agallas cruzando su cuello a ambos lados, se adentró en aquel cuarto sin vacilar. – "¡Wow! Tranquilo. No hace falta que vayas tan rápido.” – La calmada voz del chico hizo que Fyodor se fijara en él, teniendo de nuevo aquella especie de alucinación en las que podía ver a través de las cosas y viendo en esos momentos como un esqueleto diferente al resto se acercaba y trataba de ponerle las manos en la cara.

Fyodor, motivado por la reciente fobia que se había arraigado en el interior de su subconsciente, actuó por instinto y se arrancó el tubo que seguía conectado a su boca para, instantes después, evadir al chico y salir corriendo sin importarle nada más.

- “¡Al próximo le ato a la cama!” -Llegó a escuchar Fyodor nada más abandonar aquella habitación, dejando en ella al chico maldiciendo en una lengua que no conocía.

Los siguientes minutos fueron un caos dentro de aquella casa. Fyodor seguía sufriendo de aquellas extrañas visiones, haciéndole chocar con paredes y ver como una decena de esqueletos de niños de diversas edades le perseguían mientras gritaban que se detuviera. Pese a todos esos inconvenientes Fyodor parecía haber dado con la salida, lo que le habría permitido escapar de aquella casa de no haberse encontrado de frente con lo que pensaba que era un esqueleto que le sacaba una cabeza y que había aparecido ante el para fundirse en un abrazo sincero y compasivo, capaz de reconfortar a cualquiera.

- “Ya pasó pequeño.” – Empezó una dulce voz que se le hizo familiar a Fyodor mientras una suave y delicada mano acariciaba el rostro del asustado lunarian, inyectandole sin que se diera cuenta una medicina y arreglando con ello las alucinaciones que sufría, permitiéndole ver que la persona que le estaba abrazando no era un esqueleto. – “Todo va a estar bien.” – Continuó la monja, de unos 40 años, mientras Fyodor, el cuál nunca había sentido algo así, empezaba a llorar al mismo tiempo que se hundía más en aquél abrazo.

Una media hora después Fyodor se encontraba sentado en la misma cama en la que había despertado, apreciando más los detalles de esa habitación y dándose cuenta del crucifijo con 14 alas que estaba colgado encima de la cama, el cuál era el mismo que colgaba del cuello de la monja que estaba tratándole en esos momentos.

- “Tu boca y nariz no he sido capaz de reconstruirlas. Aunque seas lunarian es la primera vez que veo una estructura facial como la tuya y eso me complicó mucho las cosas, pero pude detener la hemorragia y reconstruir hasta cierto punto.” - Comenzó con tono tranquilizador la monja mientras miraba los ojos de Fyodor sin apartar la mirada, como si fuera inmune al efecto que estos provocaban en los demás. – “Tus ojos, en cambio, sí que he podido salvarlos. El hecho de que tengas esas alucinaciones se debe a que tuve que utilizar una medicina bastante agresiva para poder regenerar las diferentes partes dañadas que no se podían salvar en la cirugía. En unas semanas se habrán terminado los efectos secundarios y dejaras de tener alucinaciones, pero hasta entonces tendrás que tomarte estás pastillas 2 veces al día.”– Finalizó mientras sonreía amablemente, sacudiendo con una mano el de blanco pelo de un Fyodor que no sabía cómo reaccionar y únicamente volvía a tapar la mitad inferior de su rostro con la misma camiseta llena de remiendos que llevaba puesta.

- “¿Por qué?” -Fue lo único que pudo articular un Fyodor que estaba sin palabras, mirando atónito el amable rostro de la monja, incapaz de creer que existiera alguien con un corazón tan puro en el mundo.

- "No necesito un motivo. Todos los niños que necesitan ayuda son mis hijos y una madre no necesita motivos para ayudar a sus hijos.” - Aclaró antes de volver a fundirse en un cálido abrazo con Fyodor, el cual no pudo contener las lagrimas mientras respondía abrazando también a su salvadora.

Las siguientes horas fueron un caos para el joven lunarian. Fyodor, que ya se había hecho con una vieja bufanda, se convirtió en el centro de atención de todo el orfanato, encontrándose a una veintena de niños de diversas razas que querían saber cómo había sido su vida antes de ser rescatado por su madre. Al final, sobrepasado por toda esa situación, acabo escapando con la excusa de ir al baño. Saliendo por la ventana del mismo y subiendo hasta el campanario de la iglesia que era su nuevo hogar.

Las vistas de aquel sitio no eran bonitas. Una explanada de chatarra y madera podrida, con varias ratas correteando por ahí, era todo lo que rodeaba al edificio en 1 km a la redonda. Pero para Fyodor, que había pasado toda su vida encerrado, el sentir el viento y la cálida luz del sol del atardecer en su piel era suficiente para reconfortarle y hacerle sentir vivo.

- “No se lo tengas en cuenta. En un par de días ya no estarán tan pesados.” – La voz de uno de los huérfanos rompió el hechizo en el que se encontraba Fyodor, haciéndole dar un respingo y levantarse para darse la vuelta y ver a un gyojin, de una edad similar a la suya, acercarse sin hacer ni el más mínimo ruido al caminar. – “Soy Ell. El que fue a buscarte cuando despertaste.” - Aclaró con una gran sonrisa en su rostro mientras levantaba su puño a la altura del pecho en forma de saludo, esperando que su nuevo hermano lo chocará.

- "Fyodor.” - Respondió mientras chocaba puños algo extrañado y sintiendo al momento una corriente eléctrica por todo su brazo que ocasionó que la llama de su espalda aumentase levemente mientras un cosquilleo recorría todo su cuerpo..

- “¡Mola! Yo soy un gyojin anguila eléctrica, así que puedo generar electricidad.” – Aclaró con una amplia sonrisa el joven gyojin, sentándose y apreciando el mismo paisaje que había estado viendo Fyodor instantes antes.

- “No pensaba que volvería a ver razas asi.”– Fyodor seguía de pie, con una sonrisa igual de amplia oculta bajo su bufanda, agitando sus alas mientras su llama volvía al tamaño común.

- “Mamá estuvo comentando algo de que eras un lunático o algo así durante la operación. Yo no sé cómo lo hacéis vosotros para generar fuego, pero cuenta conmigo para ayudarte.” – Concluyó alegre, viendo cómo un ilusionado Fyodor se sentaba a su lado, dispuesto a disfrutar de aquél atardecer con su nuevo hermano y, sin forzarlo, empezar a crear unos lazos de auténtica hermandad.
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RE: El lunarian de la mascara de hueso [pasado] - por Fyodor - 18-12-2025, 05:17 PM

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