16-12-2025, 04:36 AM
Regresar a Isla Karate ya era casi una rutina. Había pasado por varias cosas aquí y sus arrozales eran de los mejores para ver naturaleza, detenerse, pensar en la vida y respirar profundo… Cosa que no podía hacer ahora ya que iba tarde. Muy tarde. 2 días tarde.
Mi ahora nuevo y flamante jefe había llegado a la isla a la que acordamos reunirnos hace dos días y le dije que estaba en camino, que, de hecho, lo estaba, pero pasaron cosas: Mi cliente había peleado conmigo, traído un par de cosas a la mesa que me hicieron sentir bastante molesto, eso fue día 1 y día 2 estaba pensando en si debía ir o no. Jin me atraía, eso era obvio y si, ya había pasado por este caos mental pero las palabras que me había dicho el cliente anterior eran claras;
Y no es algo que esperas que un cliente te diga ¿verdad? Tenía razón, obvio que sí, eso era por lo que me contrataban: Contagiar la desgracia y dispersarla como una enfermedad viral pero que me despidan por eso… Venga, ellos se lo pierden.
Si, ellos se lo pierden.
En fin ¿En qué estaba? El segundo día me emborraché, seguí pensando en ese maldito yakuza que ahora resultaba mi jefe y en la rabia me acosté con alguien pidiéndole específicamente que me dejara una muy notaria marca en el cuello y ahora me estaba arrepintiendo ¿En qué pensabas, Tezca? Ese ni siquiera era el mayor de mis males: Iba extremadamente tarde, tanto que ni siquiera me di cuenta en que momento tocaba la puerta del hombre con cierto nerviosismo.
Esperaba que notara mi fresco perfume y lo bien que me veía, acomodando la colorida bufanda que había comprado en Sorbet hace poco. Toqué la puerta, cruzándome de brazos con una ligera sonrisa: Me sentía sobrio y listo para verlo, dos cualidades que apreciaba ahora pero con la esperanza de que una se fuera en el lapso de esta reunión y entonces acomodé el cuello de mi camisa: El chupetón resaltando en mi blanquecina piel mientras esperaba a que mi jefe abriera la puerta.
—Buenas, Jin, lamento la tardanza… ¿me entiendes? Parece que esta vez cumpliste con tu parte. — Dije mientras sonreía, comiéndolo con la mirada, mierda, ahora me copiaba y le quedaba igual de bien que a mí. — ¿Me esperabas con un kimono para hacerla de parejita? Lamento decepcionarte, No suelo usarlos a menos que sea algo especial ¿Puedo pasar?—
Mi ahora nuevo y flamante jefe había llegado a la isla a la que acordamos reunirnos hace dos días y le dije que estaba en camino, que, de hecho, lo estaba, pero pasaron cosas: Mi cliente había peleado conmigo, traído un par de cosas a la mesa que me hicieron sentir bastante molesto, eso fue día 1 y día 2 estaba pensando en si debía ir o no. Jin me atraía, eso era obvio y si, ya había pasado por este caos mental pero las palabras que me había dicho el cliente anterior eran claras;
“Eres un amuleto de mala suerte. La desgracia te sigue a todos lados, maldito hijo de la muerte”.
Y no es algo que esperas que un cliente te diga ¿verdad? Tenía razón, obvio que sí, eso era por lo que me contrataban: Contagiar la desgracia y dispersarla como una enfermedad viral pero que me despidan por eso… Venga, ellos se lo pierden.
![[Imagen: 409bbbad8e491f2f1bd0fd6ee8107017.jpg]](https://i.pinimg.com/736x/40/9b/bb/409bbbad8e491f2f1bd0fd6ee8107017.jpg)
En fin ¿En qué estaba? El segundo día me emborraché, seguí pensando en ese maldito yakuza que ahora resultaba mi jefe y en la rabia me acosté con alguien pidiéndole específicamente que me dejara una muy notaria marca en el cuello y ahora me estaba arrepintiendo ¿En qué pensabas, Tezca? Ese ni siquiera era el mayor de mis males: Iba extremadamente tarde, tanto que ni siquiera me di cuenta en que momento tocaba la puerta del hombre con cierto nerviosismo.
Esperaba que notara mi fresco perfume y lo bien que me veía, acomodando la colorida bufanda que había comprado en Sorbet hace poco. Toqué la puerta, cruzándome de brazos con una ligera sonrisa: Me sentía sobrio y listo para verlo, dos cualidades que apreciaba ahora pero con la esperanza de que una se fuera en el lapso de esta reunión y entonces acomodé el cuello de mi camisa: El chupetón resaltando en mi blanquecina piel mientras esperaba a que mi jefe abriera la puerta.
—Buenas, Jin, lamento la tardanza… ¿me entiendes? Parece que esta vez cumpliste con tu parte. — Dije mientras sonreía, comiéndolo con la mirada, mierda, ahora me copiaba y le quedaba igual de bien que a mí. — ¿Me esperabas con un kimono para hacerla de parejita? Lamento decepcionarte, No suelo usarlos a menos que sea algo especial ¿Puedo pasar?—

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