15-12-2025, 03:33 AM
Sus palabras eran con la misma voz de siempre y sonaban como una partitura distinta, de las que le gustaban. —Gracias.— Escapé muy rápido para no interrumpir sus palabras. La historia vivida por aquella piel relatada con palabras que el mismo podía usar para la suya. Era escuchar esa historia contada idéntica, pero los paisajes son diferentes. La imagen de todo lo que ella tuvo que pasar no fue la vino a mi cabeza, si no lo que yo tuve que pasar en mi propia cabeza.
—Nada que ver. Si entiendo bastante bien lo que dices. Una vez que comienzas a tomar tus propios cursos te das cuenta que hay muchas más libertades que las de volar. Jahja.— En mi rostro se marca una sonrisa natural inedita, sin fingir y sin contenerse. Claro que es una sonrisa de alguien que puede empatizar con la historia de otra persona. Luego de eso asentir repetidas veces admitiendo que tiene toda la razón en sus palabras ya que ella puede leer que tenemos similitudes.
En cuanto habla de la comida mi mirada se desvía pues es necesario para poder ver que salen con varios platillos y parecen comenzar a armar un carrito en el que van a traer todo lo necesario para darnos un almuerzo decente. Mi vista volvió a ella pero no a la altura de sus ojos se no a la altura de los mis y subió a su rostro dando un recorrido de su silueta de allí hasta su azul vista. —¿Descubrimientos? La verdad mi viaje me hizo encontrar un par de secretos sobre mi mismo. Pero que me cambiaran mi manera de caminar no diría que fuera uno solo, si no lo mucho que te das cuenta que has cambiado cuando recapitulas el cómo eras hace un año, o hace dos años. — Claro una pausa directa en lo que escucho el rechinar de las ruedas del carrito que se aproxima.
—Pero si tuviera que escoger el más importante para contarte, diría que el mayor descubrimiento fue la fuerza que puedes tener. Que tú mismo no sabes que tienes y solo puedes darte cuenta que la tienes en ese momento que te empuja al limite y que puedes responder. — No querría contar mucho al respecto pero digamos que su fuerza se había visto evaluada ya en un par de ocasiones y seguramente seguiría pasando.
Hablaba de una situación en concreto peligrosa que tuvo que enfrentar, con un cocinero que estaba más que loco, no me imaginaba que alguien quisiera pasar por algo así. Ver el filo del hambre en sus ojos, que el tipo desquiciado estuviese decidido a matarte por que está insano.
Mire a Asherah en lo que llegaba la comida y somos servidos. Servidos de todo tipo, mariscos, cangrejo, langosta, todo bien separado en cortes acompañado de arroz frito, muchas salsas de varios colores, una verde, una roja, una rosa, una oscura. Tenía un olor embriagador, acompañados de unas bebidas que con solo verla se puede intuir que es a base de limón. Acompañado con unas ensaladas de repollo y unos vegetales preparados al vapor y unas bolas de masa rellenas.
Todo luce espectacular, yo me limito a agarrar el agua y me sirvo un baso para beberlo y así que el ansia de querer comer no me fuera a superar. —Buen provecho Asherah.— Le comenté de manera tranquila, controlando mis deseos y mis impulsos. Me quiero quedar con ella compartiendo el máximo tiempo posible. —Parece que el Chef se esmeró para impresionarte según veo.—
Baje mis manos de la mesa esperando que ella pudiera servirse, es una mujer muy grande así que de seguro debe tener un apetito igual de proporciones. Le miro atentamente sus expresiones su ademán, el cómo parece estar pensando el siguiente movimiento, cómo parece que nos estudiamos mutuamente, no parecemos pero en las diferencias es que queremos descubrir al otro.
—Cuando me viste. ¿Qué es lo que pensaste? —
Ya que esta la comida servida demos un momento más para una corta pregunta antes de la pausa para comer.
—Nada que ver. Si entiendo bastante bien lo que dices. Una vez que comienzas a tomar tus propios cursos te das cuenta que hay muchas más libertades que las de volar. Jahja.— En mi rostro se marca una sonrisa natural inedita, sin fingir y sin contenerse. Claro que es una sonrisa de alguien que puede empatizar con la historia de otra persona. Luego de eso asentir repetidas veces admitiendo que tiene toda la razón en sus palabras ya que ella puede leer que tenemos similitudes.
En cuanto habla de la comida mi mirada se desvía pues es necesario para poder ver que salen con varios platillos y parecen comenzar a armar un carrito en el que van a traer todo lo necesario para darnos un almuerzo decente. Mi vista volvió a ella pero no a la altura de sus ojos se no a la altura de los mis y subió a su rostro dando un recorrido de su silueta de allí hasta su azul vista. —¿Descubrimientos? La verdad mi viaje me hizo encontrar un par de secretos sobre mi mismo. Pero que me cambiaran mi manera de caminar no diría que fuera uno solo, si no lo mucho que te das cuenta que has cambiado cuando recapitulas el cómo eras hace un año, o hace dos años. — Claro una pausa directa en lo que escucho el rechinar de las ruedas del carrito que se aproxima.
—Pero si tuviera que escoger el más importante para contarte, diría que el mayor descubrimiento fue la fuerza que puedes tener. Que tú mismo no sabes que tienes y solo puedes darte cuenta que la tienes en ese momento que te empuja al limite y que puedes responder. — No querría contar mucho al respecto pero digamos que su fuerza se había visto evaluada ya en un par de ocasiones y seguramente seguiría pasando.
Hablaba de una situación en concreto peligrosa que tuvo que enfrentar, con un cocinero que estaba más que loco, no me imaginaba que alguien quisiera pasar por algo así. Ver el filo del hambre en sus ojos, que el tipo desquiciado estuviese decidido a matarte por que está insano.
Mire a Asherah en lo que llegaba la comida y somos servidos. Servidos de todo tipo, mariscos, cangrejo, langosta, todo bien separado en cortes acompañado de arroz frito, muchas salsas de varios colores, una verde, una roja, una rosa, una oscura. Tenía un olor embriagador, acompañados de unas bebidas que con solo verla se puede intuir que es a base de limón. Acompañado con unas ensaladas de repollo y unos vegetales preparados al vapor y unas bolas de masa rellenas.
Todo luce espectacular, yo me limito a agarrar el agua y me sirvo un baso para beberlo y así que el ansia de querer comer no me fuera a superar. —Buen provecho Asherah.— Le comenté de manera tranquila, controlando mis deseos y mis impulsos. Me quiero quedar con ella compartiendo el máximo tiempo posible. —Parece que el Chef se esmeró para impresionarte según veo.—
Baje mis manos de la mesa esperando que ella pudiera servirse, es una mujer muy grande así que de seguro debe tener un apetito igual de proporciones. Le miro atentamente sus expresiones su ademán, el cómo parece estar pensando el siguiente movimiento, cómo parece que nos estudiamos mutuamente, no parecemos pero en las diferencias es que queremos descubrir al otro.
—Cuando me viste. ¿Qué es lo que pensaste? —
Ya que esta la comida servida demos un momento más para una corta pregunta antes de la pausa para comer.
