14-12-2025, 11:47 PM
El tamaño de la biblioteca era considerable. Por lo menos diez veces más grande que la pequeña biblioteca que regentaba con su madre en sus años de juventud. Las estanterías estaban plagadas de libros, aunque el pasar de los años tenía los mismos en un estado lamentable. Muchos de los lomos de los libros presentaban evidentes marcas de moho y todas las estanterías estaban llenas de polvo. Allí había, sin embargo, un proyecto que Don Bambú veía con claridad cristalina: Aquella biblioteca no debía desperdiciarse. El día que descubrió la biblioteca se dedicó a vagar por la misma, observando qué clase de libros se custodiaban en ella. El actual rey no debía de ser muy aficionado a la lectura, porque ninguno de los libros allí presentes habían visto movimiento en los últimos años. Quizás la colección fuera de alguno de sus antepasados, quizás del antiguo rey Ricardo. En sus largos paseos por entre las estanterías, Max encontró varios libros de gran interés que apartó para posterior consulta, cuando un equipo de limpieza estuviera organizado para restaurar el lugar.
Al día siguiente, Max se comunicó con el jefe del servicio de limpieza para hablarle de la librería y de la necesidad de restaurarla. Acordó con él la elaboración de un contrato para el trabajo y esa misma tarde un grupo de diez personas, hombres y mujeres, se presentó para ayudar en todo el proceso. Max, que tenía extensos conocimientos en el arte de la preservación de documentos, dio la indicaciones necesarias sobre cómo proceder en la tarea. Este trabajo, debido a la suciedad que plagaba la biblioteca, duró dos largas semanas de jornadas de 8 horas exclusivamente dedicadas a arreglar las estanterías y eliminar el moho de los libros. La tarea de revisar cada uno de los volúmenes para revisar los daños en el papel o el pergamino, dependiendo de cuán antiguos fueran, tardaría mucho más. A lo largo de todo el proceso, Don Bambú fue aprovechando la ocasión para hojear y apartar todas las obras que desde su erudita perspectiva pudieran tener algún tipo de interés. Había una gran cantidad de libros de historia, entre los cuales se encontraba una copia del volumen que le regaló Derya hace muchos años: Skypiea: Mito o realidad, de M. B. Noland. Pese al deplorable estado en el que se encontraba este libro, Don Bambú deció guardarlo con los libros de interés que había estado apartando por el cariño que le tenía a la obra en cuestión.
Al día siguiente, Max se comunicó con el jefe del servicio de limpieza para hablarle de la librería y de la necesidad de restaurarla. Acordó con él la elaboración de un contrato para el trabajo y esa misma tarde un grupo de diez personas, hombres y mujeres, se presentó para ayudar en todo el proceso. Max, que tenía extensos conocimientos en el arte de la preservación de documentos, dio la indicaciones necesarias sobre cómo proceder en la tarea. Este trabajo, debido a la suciedad que plagaba la biblioteca, duró dos largas semanas de jornadas de 8 horas exclusivamente dedicadas a arreglar las estanterías y eliminar el moho de los libros. La tarea de revisar cada uno de los volúmenes para revisar los daños en el papel o el pergamino, dependiendo de cuán antiguos fueran, tardaría mucho más. A lo largo de todo el proceso, Don Bambú fue aprovechando la ocasión para hojear y apartar todas las obras que desde su erudita perspectiva pudieran tener algún tipo de interés. Había una gran cantidad de libros de historia, entre los cuales se encontraba una copia del volumen que le regaló Derya hace muchos años: Skypiea: Mito o realidad, de M. B. Noland. Pese al deplorable estado en el que se encontraba este libro, Don Bambú deció guardarlo con los libros de interés que había estado apartando por el cariño que le tenía a la obra en cuestión.
