14-12-2025, 10:33 PM
Para él había sido una bestia infernal, colmillos, furia y carrera desbocada. Para mí… era apenas un jabalí joven, nervioso, que ahora chillaba como ratón atrapado. Lo alcé un poco más, lo suficiente para que el pelirosa lo viera bien, y no pude evitar soltar una sonrisa tranquila, de esas que salen solas. No por burla, sino porque me pareció casi tierno verlo darse cuenta de que ya no corría peligro. Perspectiva, pensé. A veces el mundo solo es enorme hasta que alguien más grande se interpone.
Lo ayudé a incorporarse con dos dedos, con cuidado de no apretarlo de más, y asentí mientras se quejaba de las órdenes del capitán, del destino cruel y de los dioses riéndose de su desgracia. —Comprar carne no debería terminar así— Dije, rascándome la barba con el pulgar. —Pero si te sirve de consuelo, dudo que haya algún dios tratando de sabotearte... son dioses, creo que tendrían cosas mas importantes que hacer.—
Cuando dudó al ver mi mano ofrecida como plataforma, la bajé un poco más, firme, estable. —Es más segura que la arena… y que ese bicho.— Añadí, moviendo apenas al animal para dejarlo claro.
Sentí la arena cayendo de él apenas subió a mi palma, tal como dijo. Me hizo cosquillas en la piel, pero no me molestó. Lo acomodé con cuidado y le di unas palmadas suaves en la espalda con la yema de un dedo, sin medir del todo la fuerza. Cuando se agarró a uno de mis dedos para no perder el equilibrio, solté una risita baja.
Desde ahí arriba empezó a mirar mis mapas, desperdigados sobre mis piernas, y asentí cuando preguntó si estudiaba. —Algo así. Trato de que el mar no nos mate.— Respondí encogiéndome de hombros. —Estoy evaluando la mejor ruta para ir hacia la siguiente isla pero no creo que este barcucho aguante el viaje.— Dije, señalando el barco detrás mío. Justo entonces mi estómago rugió con ganas, traicionero, y no pude evitar resoplar.
Lo dejé bajar sin problemas, observándolo saltar con cuidado hasta la cubierta y luego moverse entre cajas y barriles. Desde arriba, seguí cada uno de sus pasos, atento por si volvía a tropezar. Cuando regresó con la soga y me pidió que sostuviera al jabalí, afirmé con un movimiento firme y bajé al animal lo suficiente para que pudiera atarle las patas. El chillido se apagó pronto. —Bien hecho— Le dije, sincero. —Ese nudo no se va a soltar.—
Cuando sugirió dejarlo en la cubierta para la cocinera, asentí de inmediato y lo alcé con cuidado, depositándolo donde correspondía. Luego seguí su dedo cuando señaló la dirección por la que había venido. Arrozales. Jungla. Posible granja. Más jabalíes.
Miré hacia el interior de la isla, entornando los ojos. Desde mi altura podía distinguir manchas distintas entre el verde, líneas que no eran del todo naturales.
—Puede que tengas razón— Dije finalmente. —Desde acá arriba… algo hay. No veo con claridad pero creo que si..— Entrecerre los ojos tratando de afinar la vista. Bajé la mirada hacia él otra vez y estiré la mano, invitándolo a subir de nuevo. —Descansá. Esta vez camino yo. Si hay más de esos, mejor que me vean primero a mí.—
Lo ayudé a incorporarse con dos dedos, con cuidado de no apretarlo de más, y asentí mientras se quejaba de las órdenes del capitán, del destino cruel y de los dioses riéndose de su desgracia. —Comprar carne no debería terminar así— Dije, rascándome la barba con el pulgar. —Pero si te sirve de consuelo, dudo que haya algún dios tratando de sabotearte... son dioses, creo que tendrían cosas mas importantes que hacer.—
Cuando dudó al ver mi mano ofrecida como plataforma, la bajé un poco más, firme, estable. —Es más segura que la arena… y que ese bicho.— Añadí, moviendo apenas al animal para dejarlo claro.
Sentí la arena cayendo de él apenas subió a mi palma, tal como dijo. Me hizo cosquillas en la piel, pero no me molestó. Lo acomodé con cuidado y le di unas palmadas suaves en la espalda con la yema de un dedo, sin medir del todo la fuerza. Cuando se agarró a uno de mis dedos para no perder el equilibrio, solté una risita baja.
Desde ahí arriba empezó a mirar mis mapas, desperdigados sobre mis piernas, y asentí cuando preguntó si estudiaba. —Algo así. Trato de que el mar no nos mate.— Respondí encogiéndome de hombros. —Estoy evaluando la mejor ruta para ir hacia la siguiente isla pero no creo que este barcucho aguante el viaje.— Dije, señalando el barco detrás mío. Justo entonces mi estómago rugió con ganas, traicionero, y no pude evitar resoplar.
Lo dejé bajar sin problemas, observándolo saltar con cuidado hasta la cubierta y luego moverse entre cajas y barriles. Desde arriba, seguí cada uno de sus pasos, atento por si volvía a tropezar. Cuando regresó con la soga y me pidió que sostuviera al jabalí, afirmé con un movimiento firme y bajé al animal lo suficiente para que pudiera atarle las patas. El chillido se apagó pronto. —Bien hecho— Le dije, sincero. —Ese nudo no se va a soltar.—
Cuando sugirió dejarlo en la cubierta para la cocinera, asentí de inmediato y lo alcé con cuidado, depositándolo donde correspondía. Luego seguí su dedo cuando señaló la dirección por la que había venido. Arrozales. Jungla. Posible granja. Más jabalíes.
Miré hacia el interior de la isla, entornando los ojos. Desde mi altura podía distinguir manchas distintas entre el verde, líneas que no eran del todo naturales.
—Puede que tengas razón— Dije finalmente. —Desde acá arriba… algo hay. No veo con claridad pero creo que si..— Entrecerre los ojos tratando de afinar la vista. Bajé la mirada hacia él otra vez y estiré la mano, invitándolo a subir de nuevo. —Descansá. Esta vez camino yo. Si hay más de esos, mejor que me vean primero a mí.—
