27-10-2023, 03:34 PM
[personajeinvalido=426]
La grandullona se paró cuando la llamé para hablar con ella. Se me quedó mirando pensativa un par de segundos, pero me respondió educadamente. Bueno, quitando lo de que me llamase viejo - ¿En serio parezco tan mayor? Si no tengo ni una cana - Pensé rápidamente, pero escuché atentamente lo que me dijo. Me contó que, al parecer, tuvo una pelea con una loca a la que no pudo darle ni un solo golpe. Lo dijo apenada, se le notaba. Pero inesperadamente se alegró mucho al decirme que el Kanabo es suyo, pero antes perteneció a su madre, la cual fue asesinada por el gobierno mundial cuando ella tenía 4 años. Estas palabras no me gustaron. Lo dijo alegremente, no por no darle importancia. Si no porque es algo con lo que ha tenido que vivir toda su vida y ya se ha acostumbrado. Lo sé al 100%, y la entiendo. Pero que fuera por manos de unos agentes del gobierno mundial, me remató. Cada vez me quedaba más claro que esta grandullona realmente era una niña pequeña. No sé exactamente cuantos años, pero lo era. Y era muy lista, más de lo que posiblemente se piense ella.
Tras todo esto, iba a decirme su nombre, pero se paró unos segundos sin llegar a terminar la frase. Me miraba incluso raro, como analizándome. Tras esto por fin dijo su nombre: Sasha. - Un segundo, ese nombre yo lo he visto en algún lado. Es uno de los nombres de los carteles de Se busca - No podía saberlo con certeza. En aquel cartel salía una chica rubia que valía 36 millones. La cual fue la misma que le dio a Sohem su kanabo y mascara cuando yo fui a rescatarle. De eso estaba completamente seguro. Mi memoria no me falla. Pero no podía saber si esta grandullona era ella o no, ya que con el gorro vaquero y el pañuelo me es imposible saberlo. Pero, era raro. Esta niña, de primer contacto, no parecía una mala persona. Al revés, era eso, una niña, solo que muy grande. Pero tenía que ir con cuidado. No sabía por donde me podía salir. Decidí seguir hablando con ella para saber más. Al fin y al cabo, no llevaba mi uniforme de marine. Quizás se pensaba que era un ciudadano de aquel pueblito.
Tras decirme su nombre, la grandullona se emocionó diciendo lo bien que lo hice en el juego de los topos. Estaba muy ilusionada. Hablamos un rato y nos percatamos de que estábamos a las afueras del pueblo, en una zona despejada, con alguna roca que otra y algunos cactus. La grandullona me pidió que le ayudara a ser igual de rápido que yo. Que le gustaría ser como una ninja. Se acercó a mí y me miro con esos ojos enormes pero llenos de ilusión.
- Hmm, ¿Lo ves? Sabía que eras fuerte, aunque me dijeses que no - Dije con una leve sonrisa. Me alejé, y me situé enfrente de ella. A unos 3 metros entre los dos. Levanté mis brazos y cerré mis puños, adoptando una posición de pelea.
- Vamos Sasha. Demuéstrame de qué pasta estás hecha - La dije con convicción. No me venía mal calentar un poco el cuerpo. Desde el incidente de la plataforma no he movido ni un músculo. Y tras aquello, me juré volverme más fuerte para salvar a todos los que necesiten ayuda. Era hora de probar nuevos movimientos. Se me pasó por la cabeza mi mentor, Spike. El cual me enseñó a pelear y valerme por mí mismo. Y la grandullona iba a ser un gran momento para entrenar y a la vez, ver si era realmente la del cartel. Todo eran ventajas.
La grandullona se paró cuando la llamé para hablar con ella. Se me quedó mirando pensativa un par de segundos, pero me respondió educadamente. Bueno, quitando lo de que me llamase viejo - ¿En serio parezco tan mayor? Si no tengo ni una cana - Pensé rápidamente, pero escuché atentamente lo que me dijo. Me contó que, al parecer, tuvo una pelea con una loca a la que no pudo darle ni un solo golpe. Lo dijo apenada, se le notaba. Pero inesperadamente se alegró mucho al decirme que el Kanabo es suyo, pero antes perteneció a su madre, la cual fue asesinada por el gobierno mundial cuando ella tenía 4 años. Estas palabras no me gustaron. Lo dijo alegremente, no por no darle importancia. Si no porque es algo con lo que ha tenido que vivir toda su vida y ya se ha acostumbrado. Lo sé al 100%, y la entiendo. Pero que fuera por manos de unos agentes del gobierno mundial, me remató. Cada vez me quedaba más claro que esta grandullona realmente era una niña pequeña. No sé exactamente cuantos años, pero lo era. Y era muy lista, más de lo que posiblemente se piense ella.
Tras todo esto, iba a decirme su nombre, pero se paró unos segundos sin llegar a terminar la frase. Me miraba incluso raro, como analizándome. Tras esto por fin dijo su nombre: Sasha. - Un segundo, ese nombre yo lo he visto en algún lado. Es uno de los nombres de los carteles de Se busca - No podía saberlo con certeza. En aquel cartel salía una chica rubia que valía 36 millones. La cual fue la misma que le dio a Sohem su kanabo y mascara cuando yo fui a rescatarle. De eso estaba completamente seguro. Mi memoria no me falla. Pero no podía saber si esta grandullona era ella o no, ya que con el gorro vaquero y el pañuelo me es imposible saberlo. Pero, era raro. Esta niña, de primer contacto, no parecía una mala persona. Al revés, era eso, una niña, solo que muy grande. Pero tenía que ir con cuidado. No sabía por donde me podía salir. Decidí seguir hablando con ella para saber más. Al fin y al cabo, no llevaba mi uniforme de marine. Quizás se pensaba que era un ciudadano de aquel pueblito.
Tras decirme su nombre, la grandullona se emocionó diciendo lo bien que lo hice en el juego de los topos. Estaba muy ilusionada. Hablamos un rato y nos percatamos de que estábamos a las afueras del pueblo, en una zona despejada, con alguna roca que otra y algunos cactus. La grandullona me pidió que le ayudara a ser igual de rápido que yo. Que le gustaría ser como una ninja. Se acercó a mí y me miro con esos ojos enormes pero llenos de ilusión.
- Hmm, ¿Lo ves? Sabía que eras fuerte, aunque me dijeses que no - Dije con una leve sonrisa. Me alejé, y me situé enfrente de ella. A unos 3 metros entre los dos. Levanté mis brazos y cerré mis puños, adoptando una posición de pelea.
- Vamos Sasha. Demuéstrame de qué pasta estás hecha - La dije con convicción. No me venía mal calentar un poco el cuerpo. Desde el incidente de la plataforma no he movido ni un músculo. Y tras aquello, me juré volverme más fuerte para salvar a todos los que necesiten ayuda. Era hora de probar nuevos movimientos. Se me pasó por la cabeza mi mentor, Spike. El cual me enseñó a pelear y valerme por mí mismo. Y la grandullona iba a ser un gran momento para entrenar y a la vez, ver si era realmente la del cartel. Todo eran ventajas.
Resumen y Karma
