08-12-2025, 12:17 PM
(Última modificación: 09-12-2025, 04:51 PM por Barald Kane.)
Capitulo 1: ¡Forja tu Camino! Barald contra el guardián del acero.
Uno a veces no sabe bien por donde encarrilar su camino y es normal sentirte perdido en un mundo tan grande. Elegir tu camino no es una decisión que debas tomar a la ligera, toda acción tiene una consecuencia sea buena o mala, pero controlar tu destino ... eso es demasiado ambicioso para un simple mortal, aunque quizás no sea un interés tan descabellado. Barald había escuchado historias de un maestro de la espada conocido por todo el South Blue con un dojo en el Reino de Sorbet, motivado por rumores y demás ambiciones propias tomó una de las decisiones más importantes de su vida, convertirse en un maestro espadachín. Siempre ha tenido un ansia de libertad terrible desde que era niño obsesionado con surcar el mar y ver el mundo, pero alguien tan meticuloso como Barald nunca hacia nada a la ligera, era un chico muy perfeccionista y su objetivo a corto plazo era desarrollar una maestría considerable con la katana para así poder conquistar los mares. Adeptos de todo el mundo viajaban a Shimotsuki en la búsqueda del estilo de combate definitivo pero el muchacho no tenía ni que moverse de la isla en la que se encontraba ni emprender un viaje milenario donde su vida corriera peligro, no señores, lo tenía a unos cuantos kilometros de distancia. Hacía unas semanas que no había parado de tener buenos ingresos gracias a sus trabajos como reparador y había conseguido una katana vieja bastante molona con la que empezar su camino del espadachín. Decidido a blandirla, refinó su hoja, arregló un par de desperfectos y quedó como nueva, digna de colocarse en algún escaparate de una armería común con oferta por tiempo limitado.
Pero antes de presentarse al maestro parecer un puto inepto, decidió mejorar su cuerpo el manejo de su katana autodidactamente. Pasaron unos cuantos meses en los que el muchacho, comenzó a tener una mejora considerable de sus habilidades, había aprendido cosas básicas, había repetido movimientos día y noche, todo para volverse más fuerte. Fue de esa manera como un día, armado de confianza se presentó en el dojo de Sorbet, del que había escuchado aquellas historias de un viejo maestro del que podría aprender el camino del verdadero guerrero ultra definitivo. Entrando en el interior del interior y atravesando uno de los patios interiores consiguió llegar a una zona mas escondida del dojo, allí donde se entrenaban los profesionales.
Al entrar en aquel espacio, Barald percibió como el tiempo parecía detenerse, algo se respiraba en el ambiente que le hacia capaz de canalizar con sus pensamientos más puros y sinceros, era un lugar silencioso, con mucha calma en el que solamente había un hombre allí sentado en medio del lugar, con ambas plantas del pie juntas y ambos ojos cerrados. - No reconozco tu olor chico, dime ... ¿Quién eres? - Aquel hombre, de ya avanzada edad se había percatado de su presencia en el lugar y lejos de alarmarse, habló con paz y serenidad. Barald allí presente dio unos cuantos pasos al frente y mostró respeto frente al maestro, respondiendo a su pregunta. - Me llamo Barald Kane y vengo a hablar con usted si así me lo permite. - Dijo el muchacho en un tono de voz igual de tranquilo que el de el maestro. - Esta bien muchacho, habla entonces. - He recorrido un largo viaje desde mi casa hasta aquí para entregarme en cuerpo y alma a aprender a dominar la espada, quiero ser entrenado. - El viejo frente a la predisposición del muchacho no cambió en su tono de voz, ni si quiera abrió los ojos, pues parecía estar como meditando, aunque sinceramente creo que era solo embuste, era para quedar bien y épico. - No noto mentira en tus palabras, estoy seguro de que eso es lo que quieres pero ... ¿por que he de entrenarte? -
- Eso yo no puedo decírselo porque no lo se, pero las palabras se las lleva el viento así que he venido a demostrárselo si usted me lo permite. - Tras un breve silencio, el viejo continuó con sus palabras. - Enséñame tu espada, chico. - El muchacho agarro de su cintura su arma y se acercó al viejo para ofrecérsela, agachándose hasta estar a su altura para posarla directamente en las palmas de sus manos, abiertas. El viejo sin abrir los ojos comenzó a tocar el arma, desenvainándola, tocando su hoja con la yema de los dedos. - Es una katana muy antigua para estar así de afilada joven, se nota que la cuidas mucho. - Yo mismo la restauré. - - Ya veo ya veo ... mmm crees poder cuidar así de bien las armas del dojo a cambio de tu entrenamiento? Podría ofrecerte eso. - Barald afirmó con la cabeza ante el viejo que ahora si había abierto los ojos, el cual le entregó su arma al chico para inmediatamente levantarse y empezar a tocarlo por todos lados, brazos piernas, pecho espalda. - Todavía eres muy flojo tendrás que entrenar duro, pero todavía queda algo por hacer antes de que te acepte oficialmente como mi pupilo ... vas a hacer honor a tus palabras y me vas a demostrar que realmente eres digno. - A lo que inmediatamente, cambio totalmente de pose, adoptando ahora una posición más flexionada y mas seria que antes. - Quiero saber tu nivel, vamos, muéstramelo -
Ante aquella situación no pudo evitar sentirse bien por haber conseguido una oportunidad de entrar en un infierno del que desearía no haberse metido, ese viejo era duro de pelotas, los próximos meses iban a ser más que un adiestramiento iban a ser un completo suicidio físico. Barald Kane que no había venido a andarse con tonterias recordó sus convicciones de venir aquí y afrontó su decisión en aquel preciso instante sin titubear ni ponerse nervioso, había llegado la hora. Inmediatamente desenfundó su arma con destreza colocándola de manera diagonal sujeta con ambas manos en el mango, dando ligeros pasos a la derecha buscando bordear al viejo. - Vamos ven, no tengo todo el dia. - A lo que Barald, hizo caso decidido entró directamente con ansias de pelear corriendo hacia el viejo directamente cambiando mientras corría su pose de combate, ahora sujetando con una mano su katana para dar un pequeño salto y estirar su brazo lo más que pudo buscando sorprender al viejo con una estocada directa al pecho, un ataque de media distancia, no queria ser predecible.
El viejo esquivo de manera lateral y directamente desenfundó su arma en un abrir y cerrar de ojos lanzando un corte horizontal directo al cuello del chico que reculó gracias a la distancia que había dejado entre ellos, a lo que el viejo simplemente giro su cuerpo rápidamente para adelantarse un poco a la par que giraba y volvía a lanzar un ataque al mismo sitio. Barald elevó su katana para bloquear el ataque pero su katana salió volando hacia un extremo del dojo, dándose por concluido el combate que había durado exactamente menos de 10 segundos. - Tienes reflejos y eres inteligente ... creo que aprenderás rápido, ahora te toca trabajar. Mañana temprano ven con el resto de alumnos he iniciaras tu entrenamiento, ahora ve a la armería a ver que puedes hacer recuerda que tienes que pagar tu entrenamiento. - Y así fue como Barald consiguió la bendición de un maestro de la espada, ahora tocaba aprender como el que más. - Gracias por aceptarme, prometo entregarme en cuerpo y alma. -
Pero antes de presentarse al maestro parecer un puto inepto, decidió mejorar su cuerpo el manejo de su katana autodidactamente. Pasaron unos cuantos meses en los que el muchacho, comenzó a tener una mejora considerable de sus habilidades, había aprendido cosas básicas, había repetido movimientos día y noche, todo para volverse más fuerte. Fue de esa manera como un día, armado de confianza se presentó en el dojo de Sorbet, del que había escuchado aquellas historias de un viejo maestro del que podría aprender el camino del verdadero guerrero ultra definitivo. Entrando en el interior del interior y atravesando uno de los patios interiores consiguió llegar a una zona mas escondida del dojo, allí donde se entrenaban los profesionales.
![[Imagen: b46376b2d9ce5322df1e8d9f0dcad5c3.jpg]](https://i.pinimg.com/1200x/b4/63/76/b46376b2d9ce5322df1e8d9f0dcad5c3.jpg)
Al entrar en aquel espacio, Barald percibió como el tiempo parecía detenerse, algo se respiraba en el ambiente que le hacia capaz de canalizar con sus pensamientos más puros y sinceros, era un lugar silencioso, con mucha calma en el que solamente había un hombre allí sentado en medio del lugar, con ambas plantas del pie juntas y ambos ojos cerrados. - No reconozco tu olor chico, dime ... ¿Quién eres? - Aquel hombre, de ya avanzada edad se había percatado de su presencia en el lugar y lejos de alarmarse, habló con paz y serenidad. Barald allí presente dio unos cuantos pasos al frente y mostró respeto frente al maestro, respondiendo a su pregunta. - Me llamo Barald Kane y vengo a hablar con usted si así me lo permite. - Dijo el muchacho en un tono de voz igual de tranquilo que el de el maestro. - Esta bien muchacho, habla entonces. - He recorrido un largo viaje desde mi casa hasta aquí para entregarme en cuerpo y alma a aprender a dominar la espada, quiero ser entrenado. - El viejo frente a la predisposición del muchacho no cambió en su tono de voz, ni si quiera abrió los ojos, pues parecía estar como meditando, aunque sinceramente creo que era solo embuste, era para quedar bien y épico. - No noto mentira en tus palabras, estoy seguro de que eso es lo que quieres pero ... ¿por que he de entrenarte? -
- Eso yo no puedo decírselo porque no lo se, pero las palabras se las lleva el viento así que he venido a demostrárselo si usted me lo permite. - Tras un breve silencio, el viejo continuó con sus palabras. - Enséñame tu espada, chico. - El muchacho agarro de su cintura su arma y se acercó al viejo para ofrecérsela, agachándose hasta estar a su altura para posarla directamente en las palmas de sus manos, abiertas. El viejo sin abrir los ojos comenzó a tocar el arma, desenvainándola, tocando su hoja con la yema de los dedos. - Es una katana muy antigua para estar así de afilada joven, se nota que la cuidas mucho. - Yo mismo la restauré. - - Ya veo ya veo ... mmm crees poder cuidar así de bien las armas del dojo a cambio de tu entrenamiento? Podría ofrecerte eso. - Barald afirmó con la cabeza ante el viejo que ahora si había abierto los ojos, el cual le entregó su arma al chico para inmediatamente levantarse y empezar a tocarlo por todos lados, brazos piernas, pecho espalda. - Todavía eres muy flojo tendrás que entrenar duro, pero todavía queda algo por hacer antes de que te acepte oficialmente como mi pupilo ... vas a hacer honor a tus palabras y me vas a demostrar que realmente eres digno. - A lo que inmediatamente, cambio totalmente de pose, adoptando ahora una posición más flexionada y mas seria que antes. - Quiero saber tu nivel, vamos, muéstramelo -
Ante aquella situación no pudo evitar sentirse bien por haber conseguido una oportunidad de entrar en un infierno del que desearía no haberse metido, ese viejo era duro de pelotas, los próximos meses iban a ser más que un adiestramiento iban a ser un completo suicidio físico. Barald Kane que no había venido a andarse con tonterias recordó sus convicciones de venir aquí y afrontó su decisión en aquel preciso instante sin titubear ni ponerse nervioso, había llegado la hora. Inmediatamente desenfundó su arma con destreza colocándola de manera diagonal sujeta con ambas manos en el mango, dando ligeros pasos a la derecha buscando bordear al viejo. - Vamos ven, no tengo todo el dia. - A lo que Barald, hizo caso decidido entró directamente con ansias de pelear corriendo hacia el viejo directamente cambiando mientras corría su pose de combate, ahora sujetando con una mano su katana para dar un pequeño salto y estirar su brazo lo más que pudo buscando sorprender al viejo con una estocada directa al pecho, un ataque de media distancia, no queria ser predecible.
El viejo esquivo de manera lateral y directamente desenfundó su arma en un abrir y cerrar de ojos lanzando un corte horizontal directo al cuello del chico que reculó gracias a la distancia que había dejado entre ellos, a lo que el viejo simplemente giro su cuerpo rápidamente para adelantarse un poco a la par que giraba y volvía a lanzar un ataque al mismo sitio. Barald elevó su katana para bloquear el ataque pero su katana salió volando hacia un extremo del dojo, dándose por concluido el combate que había durado exactamente menos de 10 segundos. - Tienes reflejos y eres inteligente ... creo que aprenderás rápido, ahora te toca trabajar. Mañana temprano ven con el resto de alumnos he iniciaras tu entrenamiento, ahora ve a la armería a ver que puedes hacer recuerda que tienes que pagar tu entrenamiento. - Y así fue como Barald consiguió la bendición de un maestro de la espada, ahora tocaba aprender como el que más. - Gracias por aceptarme, prometo entregarme en cuerpo y alma. -
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