[personajeinvalido=426]
Parece ser que convencí a la grandullona. Por lo que veo, no era muy habladora, al menos conmigo. Tras mis palabras, dejó el kanabo en su sitio y se agachó para ver como lo hacía yo. Prestó mucha atención a mis movimientos, fijándose bien y tomando nota - mental - de como poder conseguir golpear los topos con el martillo de juguete. Tras finalizar, le preguntó al viejito del puesto si podía volver a intentarlo. El hombre contestó simplemente levantando la mano como dando paso a que volviera a jugar, pobrecillo, pasó un susto de espanto al ver que su actividad podía peligrar. La grandullona lo volvió a intentar. Esta vez estaba más concentrada. Y eso se notaba. Esta vez estaba haciéndolo bien, sin fallar - ¡Muy bien, eso es! - Dije para animarla. Consiguió finalmente completar el juego, y fue recompensada con un lagarto de peluche. Por su pañuelo no pude ver si estaba sonriendo o no, pero por sus ojos derrochaba mucha felicidad de haberlo conseguido. Me alegré por ella. Se giró y me dio las gracias por los consejos de una manera un poco seca y se alejó unos 4 metros para que los demás niños jugasen. Empecé a atar algunos cabos. Desde luego, era una niña. Tenía una voz acorde y la ilusión por ganar el peluche fue inmensa. Y luego la frialdad que tuvo conmigo. Quizás le dijeron que no hablara o se acercara a desconocidos. Cosa que está muy bien. Lo que pasa que con semejante tamaño no lo aparenta. Es cierta manera me recuerda a Taka y Karl. Un día tengo que hablar con mi compañera y me explique que raza es ella. Entonces, lo dicho. O era una niña, o una persona mayor muy infantil. No hay más.
A continuación, estando un poco alejando, vi como un grupo de niños estaban abusando de otro. Algo horrible, si me preguntan, fui con intención de intervenir, pero la grandullona se me adelantó al estar más cerca. Los abusones salieron corriendo nada más verla y el otro niño estaba en el suelo llorando. No escuché lo que le pasó ni el motivo de esto. Lo que sí vi fue como la grandullona le dio el peluche que había ganado hace unos minutos para que el niño dejase de llorar de una manera muy infantil. Como que le daba rabia dárselo, pero su acto de buena fe era mayor que su ego. Eso es de respetar. Tras esto, la grandullona parecía que tenía intención de marcharse por la calle a las afueras. Decidí ir a hablar con ella, acelerando un poquito el paso para no perderla de vista. En esa pequeña carrera, cogí el cigarro y lo tiré delante de mí para aprovechar mis pasos y pisarlo para apagarlo bien - ¡Espera! - Grité a la grandullona para que me escuchase - Aunque no lo he podido comprobar ni ver, se nota que eres muy fuerte - La dije amablemente mientras me acercaba a ella. Llegué a su lado y acto seguido miré hacia arriba para mirarla - al fin y al cabo media unos 4 metros - ¿Ese kanabo es tuyo? Debes tener mucha fuerza para poder levantar semejante arma - La dije en un tono amigable y con una leve sonrisa en la cara - Me llamo Joe, encantado - Me presenté a ella, esperando ver cuál era su respuesta.
Parece ser que convencí a la grandullona. Por lo que veo, no era muy habladora, al menos conmigo. Tras mis palabras, dejó el kanabo en su sitio y se agachó para ver como lo hacía yo. Prestó mucha atención a mis movimientos, fijándose bien y tomando nota - mental - de como poder conseguir golpear los topos con el martillo de juguete. Tras finalizar, le preguntó al viejito del puesto si podía volver a intentarlo. El hombre contestó simplemente levantando la mano como dando paso a que volviera a jugar, pobrecillo, pasó un susto de espanto al ver que su actividad podía peligrar. La grandullona lo volvió a intentar. Esta vez estaba más concentrada. Y eso se notaba. Esta vez estaba haciéndolo bien, sin fallar - ¡Muy bien, eso es! - Dije para animarla. Consiguió finalmente completar el juego, y fue recompensada con un lagarto de peluche. Por su pañuelo no pude ver si estaba sonriendo o no, pero por sus ojos derrochaba mucha felicidad de haberlo conseguido. Me alegré por ella. Se giró y me dio las gracias por los consejos de una manera un poco seca y se alejó unos 4 metros para que los demás niños jugasen. Empecé a atar algunos cabos. Desde luego, era una niña. Tenía una voz acorde y la ilusión por ganar el peluche fue inmensa. Y luego la frialdad que tuvo conmigo. Quizás le dijeron que no hablara o se acercara a desconocidos. Cosa que está muy bien. Lo que pasa que con semejante tamaño no lo aparenta. Es cierta manera me recuerda a Taka y Karl. Un día tengo que hablar con mi compañera y me explique que raza es ella. Entonces, lo dicho. O era una niña, o una persona mayor muy infantil. No hay más.
A continuación, estando un poco alejando, vi como un grupo de niños estaban abusando de otro. Algo horrible, si me preguntan, fui con intención de intervenir, pero la grandullona se me adelantó al estar más cerca. Los abusones salieron corriendo nada más verla y el otro niño estaba en el suelo llorando. No escuché lo que le pasó ni el motivo de esto. Lo que sí vi fue como la grandullona le dio el peluche que había ganado hace unos minutos para que el niño dejase de llorar de una manera muy infantil. Como que le daba rabia dárselo, pero su acto de buena fe era mayor que su ego. Eso es de respetar. Tras esto, la grandullona parecía que tenía intención de marcharse por la calle a las afueras. Decidí ir a hablar con ella, acelerando un poquito el paso para no perderla de vista. En esa pequeña carrera, cogí el cigarro y lo tiré delante de mí para aprovechar mis pasos y pisarlo para apagarlo bien - ¡Espera! - Grité a la grandullona para que me escuchase - Aunque no lo he podido comprobar ni ver, se nota que eres muy fuerte - La dije amablemente mientras me acercaba a ella. Llegué a su lado y acto seguido miré hacia arriba para mirarla - al fin y al cabo media unos 4 metros - ¿Ese kanabo es tuyo? Debes tener mucha fuerza para poder levantar semejante arma - La dije en un tono amigable y con una leve sonrisa en la cara - Me llamo Joe, encantado - Me presenté a ella, esperando ver cuál era su respuesta.
