04-12-2025, 06:57 AM
Coño cuál será el pecado que yo estoy pagando con esta gente que no se puede negocia, son unos intratables. Yo a todo ello y cada uno les voy a tener que da una pela que se van a querer mocha lo grano. Un golpe no demasiado doloroso pero lo suficiente para que se me escape el pillo del pez globo. Se les acabó su negro amigable. No me dejaron ninguna opción que beneficiara a la paz, cuando no se puede obtener la paz con el diálogo tendremos que obtenerla por la fuerza. Y la fuerza es algo que yo no puedo medir. Por eso es que no me gusta el conflicto porque es como si perdiera una parte de mi cordura.
Mi manos apretadas y piernas flexionadas hicieron la guardia del Hassoken con el que me atacaban, movimientos que había practicado una tras otra. Ya los conocía. No tendría piedad alguna. Sus golpes ahora me supieron suaves, la furia que destaparon vino con una poca sensibilidad al dolor. Golpes uno tras otro, me importó que rostro de los musculosos hubiera sobre mi, me avanzancé con contundencia, como un ariete, inclemente, intransigente, ya pregunté lo suficiente por mucho que hicieran gritos y súplicas nada de eso detendría a esta máquina de golpear.
No solo golpes con los nudillos rompiendo narices, también con los brazos para hacerlos caer. cabezazos hasta que no quedó ningun en pie. Marcado con sangre ajena y una respiración agitada que le hace subir y bajar el rostro es cuando me dí cuenta de que el chamaquito no aparecía. Lo busqué con la vista por doquier. No lo quería lastimar, pero si me gustaría una buena explicación y esperaba una explicación convincente. Si no puede que le diera también un buen coscorrón para que aprendiera a no ser catalizador de problemas.
—Chamaquito. ¿Qué te hiciste?— Busqué caminando dando pasos por encima de los cuerpos de los luchadores en ropa ceñida. Me limpié un poco el karategui que al ser blanco y estar manchado con sangre no da la mejor impresión.
Mi manos apretadas y piernas flexionadas hicieron la guardia del Hassoken con el que me atacaban, movimientos que había practicado una tras otra. Ya los conocía. No tendría piedad alguna. Sus golpes ahora me supieron suaves, la furia que destaparon vino con una poca sensibilidad al dolor. Golpes uno tras otro, me importó que rostro de los musculosos hubiera sobre mi, me avanzancé con contundencia, como un ariete, inclemente, intransigente, ya pregunté lo suficiente por mucho que hicieran gritos y súplicas nada de eso detendría a esta máquina de golpear.
No solo golpes con los nudillos rompiendo narices, también con los brazos para hacerlos caer. cabezazos hasta que no quedó ningun en pie. Marcado con sangre ajena y una respiración agitada que le hace subir y bajar el rostro es cuando me dí cuenta de que el chamaquito no aparecía. Lo busqué con la vista por doquier. No lo quería lastimar, pero si me gustaría una buena explicación y esperaba una explicación convincente. Si no puede que le diera también un buen coscorrón para que aprendiera a no ser catalizador de problemas.
—Chamaquito. ¿Qué te hiciste?— Busqué caminando dando pasos por encima de los cuerpos de los luchadores en ropa ceñida. Me limpié un poco el karategui que al ser blanco y estar manchado con sangre no da la mejor impresión.
Cosas Off:
