03-12-2025, 05:36 AM
(Última modificación: 03-12-2025, 05:45 AM por Maria Merlot.)
Narrador / María Merlot
……………………………………………………………………
“¿Peluche?”
……………………………………………………………………
“¿Peluche?”
La voz del objeto de su adoración se dejo escuchar, los ojos de María continuaban atentos al espécimen humano de llamativa cabellera rosada. Sus palabras, al principio dubitativas, la hicieron pensar lo peor… pero por suerte para su paz mental, él hombre la reconforto dándole la esperanza de que el Mink Huron estuviera sano y salvado en alguna playa paradisíaca tomando una bebida refrescante — ¡Una piña colada, un mojito, un tinto verano! ¡Mi Peluche debe probar todas las bebidas que estén al alcance! Pero sin licor, Algodón de Azúcar, el alcohol en las venas me hace delirar, y no quiero que él pase por eso. Mi Peluche es un ser indefenso, hay que cuidarlo — le comento siguiendo el hilo de sus palabras, teniendo toda la esperanza de que estuviera vivo y en una situación de bienestar físico y emocional. No podía sino desearle lo mejor en la distancia, porque siempre sentiría esa nota de responsabilidad por su desamparado desconocido, aunque él nunca supiera sobre ella.
“Merlot, linda…dime ¿Quieres un peluche? Podríamos conseguir uno luego de comprar un barco digno de nosotros”
Su propuesta hizo abrir la boca de la chica, formando una perfecta “O” por la sorpresa. Si la mestiza no tuviera al hombre endiosado, y por ende no al alcance de un simple mortal como ella, lo hubiera abrazado por la felicidad que su idea le causaba. ¡Un Peluche! Uno marrón, con motes blancos y una pequeña naricita, un animal adorable que le recordará al potencial amigo perdido — ¿Podríamos? ¡Me encanta la idea! Sé exactamente como es mi peluche, aquí en mi cabeza, podríamos buscar algo similar. Cuando le apliqué la medicina cutánea que me diste, lo vi con claridad… ¡Un roedor! — hablo con alegría mientras sujetaba con sus manos las trenzas frontales que caían a cada lado de su cabeza luego se las llevo a la cara para intentar ocultar su felicidad por la idea de Hyakinthos.
“¿Tú tienes idea de barcos?”
La chica soltó su cabello, y siguió los pasos del médico — Lo esencial… pero Thrym-sama me dio una lista de características… — recordó sacando el papel que guardaba en su bolsillo y leyendo la única condición a la que le presto atención… — Debe entrar un gigante de 25 metros — repitió leyendo la nota e intentando imitar la voz de Thrym, luego le paso el papel al hombre para que confirmará la única petición del navegante — … para mi tiene todo el sentido del mundo, Algodón de Azúcar… ¡Compremos el más grande! Y con buenas prisiones, cocinas y por supuesto, consultorio médico para ti — recito sin despegarse de su compañero mientras listaba lo que debían validar en el barco.
“¿Le gusta lo que ve, caballero?”
Un hombre llamo la atención del pelirosado, haciendo que él se detuviera y por consiguiente María También. El sujeto de piel canela comenzó a hablar sobre los barcos, y que él mismo era la persona indicada. Se presento como Marco, y tenía un montón de juguetes colgando de su cintura. Al mirar a Algodón de Azúcar, lo noto algo introspectivo, lo que la llevo a pensar que tal vez, el hombre lo intimido, pero a sus ojos parecía tan normal. Bueno, no importaba, lo único importante en este momento era interponerse entre ambos y validar si el barco que ofrecía se ajustaba a los requerimientos del navegante pelirrojo — Hola Marco, Soy MM y este es Algodón de Azúcar… — se presento con sus apodos, últimamente todos la llamaban así. Le sonrió al hombre con su habitual manera hermosa, lo que causo que sus pómulos morenos poco a poco se tiñeran de carmesí — Hmmm parecen de buena calidad… pero ¿son así por dentro? — dijo la chica llevando un dedo a su mentón pensativamente como si sopesara las opciones que no tenía.
— Son los mejores de toda la isla, Señorita. ¿Qué bu-buscas ex-exactamente? — le respondió desviando la mirada, no porque dijera mentiras sino porque verla directamente le estaba afectando el corazón, causando taquicardia… ¿¡Debía buscar un médico!?
— Algo muy especial… único y poco común… — susurro la chica inclinándose hacia delante, lo que aumento el sonrojo del hombre que empezaba a sentirse demasiado intimidado por la hermosa mujer. ¿De dónde salió? Y más porque su fetiche sin dudas, eran las chicas lindas de sonrisas afables y cabellera larga — Debe entrar un gigante de 25 metros de altura… ¿tendrás algo así? — su voz suave y confidencial, mezclada con sus risueñas maneras, hicieron que el hombre se llevara la mano a la nariz y retrocediera unos manos.
— Si, si, si… vamos a subir… — respondió atropellado sin apartar la mano de la nariz como si intentara detener algo, una hemorragia nasal, tal vez.
Así fue como subieron al primer barco, todo se veía bien, pero las celdas no tenían nada de especial y ni hablar de la cocina… ¡Jamás permitiría que Bonita cocinara en semejante falta de estilo! El segundo barco tenía todo bien, menos el área para el consultorio médico… ¡Ni loca compraría algo que no le sirviera a Algodón de Azúcar! El tercer barco… el que había visto primeramente el hombre de ojos ámbar, ese resulto ser perfecto, no habían palabras, no había nada más que decir, habían encontrado su nuevo navío, su hogar. Ahora venia lo difícil, o fácil, negociar.
— ¿Marco? — lo llamo con su voz y también con un gesto de su mano pero el hombre no se acerco, así que ella rompió la distancia causando que volviera el gran sonrojo a sus pómulos morenos — Me gusta este barco… tienes razón, es una belleza. Aquí podremos surcar los mares, conocer los océanos, resistir tormentas, y conquistar tesoros… como esos que se encuentran al final del arcoíris — confirmo a las primeras palabras dichas por el sujeto al conocerse, María coloco su diestra en el hombro del hombre, y se acerco invadiendo su espacio personal. Claro que se había dado cuenta que como él intimido a Hyakinthos, ella lo intimidaba a él… le solía pasar, muy a menudo — Así que solo queda una pregunta por hacer... — le sonrió con inocencia, sin dejar de mirarlo mientras el miraba hacia otro lado pero nunca se apartó — ¿Por cuantos besos nos vendes el barco? — soltó intentando contener la risa… estaba bromeando... ¿o no?
— ¿Q-qué? — musito abriendo sus ojos al tiempo que un pequeño hilo escarlata dejaba su orificio nasal izquierdo — L-los bar-barcos s-se ven-den en be-berrys, Se-señorita — intento responder pero tartamudeaba, sus ojos por un momento centellaron ante la idea, aunque la negó.
— Entiendo… — fingió tristeza dándose la media vuelta para ver a su compañero — … tendremos que intentarlo con el próximo, no quieren aceptar trueques — dijo avanzando hacía masculino silencioso, y dándole la espalda a Marco.
— ¡No! — la negativa del hombre la hizo girarse, el viento movió su largo cabello y el sol reflejado en su hermosa cara termino de convencer al hombre. Si ella iba a pagar con besos ¿Por qué no ser él? — Un porcentaje de descuento y una cita mañana al atardecer… y un beso… un beso al final… o no… yo,… la compañía… es suficiente… — cedió, después de todo una mujer tan exuberante como la peli celeste no se veía todos los días en Whisky Peak… ¿Quién sería? ¿A dónde iría?
— Acepto… no como nada que estuviera vivo, así que tiene que ser un lugar que cumpla con eso si vamos a comer… y tendrías que buscarme en mi posada porque me pierdo muy fácilmente. Entonces nunca llegaría a nuestra cita — le sonrió con encanto, sabiéndose ganadora — ¿Y sabes qué, Marco? — le pregunto, y sin esperar respuesta acorto la distancia, tomando su cara entro sus manos. ¿Un beso? No era nada, y menos por una buena causa — … siempre cumplo lo que prometo, no lo dejemos para el final — y acercando sus labios a los del hombre de piel canela le dio un suave beso superficial, el hombre por la sorpresa se quedo rígido, frio y hasta tembló — … nuestro navegante vendrá al atardecer a buscar el barco, y tu y yo nos vemos mañana… — le indico, con una seriedad muy dulce. Ahora si emprendió la salida al tiempo que le guiñaba un ojo a Cherry, para que aprobara su buena negociación y resultado. Además, él tenia que lanzarle el dinero al hombre para cerrar la transacción y así poder irse a comprar a su peluche hurón, el que sustituiría al que perdió.
— Son los mejores de toda la isla, Señorita. ¿Qué bu-buscas ex-exactamente? — le respondió desviando la mirada, no porque dijera mentiras sino porque verla directamente le estaba afectando el corazón, causando taquicardia… ¿¡Debía buscar un médico!?
— Algo muy especial… único y poco común… — susurro la chica inclinándose hacia delante, lo que aumento el sonrojo del hombre que empezaba a sentirse demasiado intimidado por la hermosa mujer. ¿De dónde salió? Y más porque su fetiche sin dudas, eran las chicas lindas de sonrisas afables y cabellera larga — Debe entrar un gigante de 25 metros de altura… ¿tendrás algo así? — su voz suave y confidencial, mezclada con sus risueñas maneras, hicieron que el hombre se llevara la mano a la nariz y retrocediera unos manos.
— Si, si, si… vamos a subir… — respondió atropellado sin apartar la mano de la nariz como si intentara detener algo, una hemorragia nasal, tal vez.
Así fue como subieron al primer barco, todo se veía bien, pero las celdas no tenían nada de especial y ni hablar de la cocina… ¡Jamás permitiría que Bonita cocinara en semejante falta de estilo! El segundo barco tenía todo bien, menos el área para el consultorio médico… ¡Ni loca compraría algo que no le sirviera a Algodón de Azúcar! El tercer barco… el que había visto primeramente el hombre de ojos ámbar, ese resulto ser perfecto, no habían palabras, no había nada más que decir, habían encontrado su nuevo navío, su hogar. Ahora venia lo difícil, o fácil, negociar.
— ¿Marco? — lo llamo con su voz y también con un gesto de su mano pero el hombre no se acerco, así que ella rompió la distancia causando que volviera el gran sonrojo a sus pómulos morenos — Me gusta este barco… tienes razón, es una belleza. Aquí podremos surcar los mares, conocer los océanos, resistir tormentas, y conquistar tesoros… como esos que se encuentran al final del arcoíris — confirmo a las primeras palabras dichas por el sujeto al conocerse, María coloco su diestra en el hombro del hombre, y se acerco invadiendo su espacio personal. Claro que se había dado cuenta que como él intimido a Hyakinthos, ella lo intimidaba a él… le solía pasar, muy a menudo — Así que solo queda una pregunta por hacer... — le sonrió con inocencia, sin dejar de mirarlo mientras el miraba hacia otro lado pero nunca se apartó — ¿Por cuantos besos nos vendes el barco? — soltó intentando contener la risa… estaba bromeando... ¿o no?
— ¿Q-qué? — musito abriendo sus ojos al tiempo que un pequeño hilo escarlata dejaba su orificio nasal izquierdo — L-los bar-barcos s-se ven-den en be-berrys, Se-señorita — intento responder pero tartamudeaba, sus ojos por un momento centellaron ante la idea, aunque la negó.
— Entiendo… — fingió tristeza dándose la media vuelta para ver a su compañero — … tendremos que intentarlo con el próximo, no quieren aceptar trueques — dijo avanzando hacía masculino silencioso, y dándole la espalda a Marco.
— ¡No! — la negativa del hombre la hizo girarse, el viento movió su largo cabello y el sol reflejado en su hermosa cara termino de convencer al hombre. Si ella iba a pagar con besos ¿Por qué no ser él? — Un porcentaje de descuento y una cita mañana al atardecer… y un beso… un beso al final… o no… yo,… la compañía… es suficiente… — cedió, después de todo una mujer tan exuberante como la peli celeste no se veía todos los días en Whisky Peak… ¿Quién sería? ¿A dónde iría?
— Acepto… no como nada que estuviera vivo, así que tiene que ser un lugar que cumpla con eso si vamos a comer… y tendrías que buscarme en mi posada porque me pierdo muy fácilmente. Entonces nunca llegaría a nuestra cita — le sonrió con encanto, sabiéndose ganadora — ¿Y sabes qué, Marco? — le pregunto, y sin esperar respuesta acorto la distancia, tomando su cara entro sus manos. ¿Un beso? No era nada, y menos por una buena causa — … siempre cumplo lo que prometo, no lo dejemos para el final — y acercando sus labios a los del hombre de piel canela le dio un suave beso superficial, el hombre por la sorpresa se quedo rígido, frio y hasta tembló — … nuestro navegante vendrá al atardecer a buscar el barco, y tu y yo nos vemos mañana… — le indico, con una seriedad muy dulce. Ahora si emprendió la salida al tiempo que le guiñaba un ojo a Cherry, para que aprobara su buena negociación y resultado. Además, él tenia que lanzarle el dinero al hombre para cerrar la transacción y así poder irse a comprar a su peluche hurón, el que sustituiría al que perdió.
README
Karma Fanático: Hyakinthos.
![[Imagen: mmocheja.png]](https://i.ibb.co/WNPnSwH9/mmocheja.png)
![[Imagen: mmocheja.png]](https://i.ibb.co/WNPnSwH9/mmocheja.png)
