02-12-2025, 06:47 AM
Cuando el sonido del den den mushi lo interrumpió en medio de una sesión de estudio a tan altas horas de la noche, supo que debía tratarse de algo importante, un negocio útil, algo que pudiera darle el suficiente dinero para vivir bien durante un buen par de años aun cuando se diera todos los lujos que pudiera imaginar.
Por eso no rechistó al ser citado en ese mismo momento, por eso se cambió de ropa casi de inmediato y salió a la cubierta del barco para luego deslizarse por una cuerda que lo llevó hasta el suelo cubierto de arena de la playa en donde estaban anclados.
Alguien lo esperaba cerca. El mismo hombre que lo contactó antes. No fue una sorpresa para él que estuviera en las cercanías del barco, esperándolo como si fuera un amigo que le incita a un adolescente a fugarse de su casa…siempre era así en estos casos, entonces ¿para qué alarmarse? Conocía el modus operandi de esta gente luego de tener al menos dos años trabajando con ellos y, sobre todo, conocía el modus operandi del rubio que ahora tenía frente a él, a fin de cuentas, a pesar de su pésima memoria para recordar nombres y caras, con este había interactuado el tiempo suficiente para hacerle un hueco en su nublosos recuerdos.
Una leve inclinación de cabeza de parte de ambos hombres fue suficiente saludo antes de que ambos se pusieran en marcha hacia el pueblo de Isla Karate. Un camino que fue silencioso, no incómodo, solo silencioso, nada tenían que decirse, no en medio de las calles que, aunque casi vacías a esas horas, podían tener siempre personajes inesperados escuchando, mirando…ya saben, los típicos chismosos.
De todos modos, el camino se hizo rápido y pronto estuvieron en frente de una taberna, no esas de mala muerte, no, claro que no, una que lucía lo bastante decente como para permitirse el lujo de no aceptar a cualquiera dentro.
Curioso que un par de criminales entraran como si nada, pero… ¿Quién lo iba a sospechar? Ambos se ven como hombres comunes y corrientes, decentes, bien vestidos, incluso se puede leer algo de inocencia en el rostro juvenil del médico de cabellos rosas, alguien que no aparenta su edad ni deja entrever sus intenciones maquiavélicas con facilidad, aunque, en este caso… ¿Sería tan necesario ocultarlas? A fin de cuentas, así como él, esa taberna de decente apariencia no es más que una tapadera para el tipo de personas como él, un lugar en donde pueden hablar con seguridad sin que nadie intervenga, después de todo… ¿Quién pensará que un sitio en donde venden comida y bebida a cualquier ciudadano que pueda pagarlo oculta algo más?
No hay pruebas. Esta gente con la que trabaja siempre intenta ser sigilosa, pero hoy, algo no le cuadra. Conoce la taberna, sí, ha estado antes en ese lugar en el tiempo que lleva en Karate, pero…este no es el procedimiento para un trabajo como él que esperaba esta noche.
No…hoy no esperaba cerrar un trato, hoy no esperaba hablar de negocios, esperaba ofrecer sus servicios como “médico” …esto se salía del protocolo, se salía de su línea laboral.
—¿Vas a decirme por qué no me llevas con el paciente y en cambio me traes aquí? Que te siguiera desde la playa hasta este lugar no es porque tenga ganas de beber contigo, es porque me prometiste trabajo, parecías extasiado cuando me llamaste —. A pesar de sus palabras, un par de vasos con licor no tardaron en aparecer frente a ellos, eso lo hizo fruncir el ceño…a estas alturas Rafael, el hombre que lo había citado, debería saber que su tolerancia al alcohol no es la mejor, por eso nunca acepta bebidas antes de “atender” a alguien. —Mencionaste que era un caso excepcional, algo que hasta ahora no había hecho…aunque es valiente de tu parte afirmar eso, no es que nos conozcamos de toda la vida como para que te atrevas a decir que he hecho o no —. Apartó el vaso, poniendo un límite claro con su “socio”, antes de cuestionarlo aún más. —Y, otra cosa… ¿Sabe tu jefe que le ofreces bebida a un médico antes de entrar a la sala de operaciones? Eso no lo pondría muy contento.
—Tranquilo, Hyak —. A diferencia del médico, el rubio tomó el vaso y dio un trago antes de continuar con la conversación. —Hoy estás más tenso que de costumbre, además… ¿Qué es esa nueva manía de amenazarme con mi jefe? No te creía así —. A esas palabras, el pelirosa chasqueó la lengua, empezaba a impacientarse con las vueltas que el otro hombre daba para comunicar algo tan simple como el trabajo de la noche. Fue una actitud que no pudo disimular, no cuando empezó a morderse su labio inferior con fuerza, un gesto que le arrancó una risa leve al rubio.
—No desesperes… ¿Tan necesitado estas de plata? —Bueno, si el médico hubiera querido responder, podría decirse que el rubio había dado en el clavo. —Bueno, calma…no es casualidad que te haya ofrecido el trago, lo vas a necesitar para procesar el trabajo que necesito que hagas hoy…no mentí cuando dije que era un pedido muy especial.
—¿Y? ¿Cuál es? ¿Por qué no mejor me llevas allá? Hablar aquí no tiene sentido, es — “Arriesgado”, eso habría dicho, pero se mordió la lengua antes de soltar una palabra tan sospechosa —…incómodo. Hay mucha gente a pesar de la hora y tal vez ese paciente del día este necesitando con urgencia a un médico… ¿No crees?
—No, no creo —. El hombre miró su reflejo en el vaso de licor que sostenía en su mano y una mueca de asco apareció en su cara, como si hubiera recordado algo en verdad desagradable. —Si te soy sincero, pocas cosas me revuelven el estómago como el trabajo que pidieron… ¿Sabes? —Suspiró, ordenando las ideas en su cabeza antes de ponerlas sobre la mesa. —Hay una fiesta mañana…gente importante, en un sitio importante de esta isla…Importante y muy exclusivo, muchos de los asistentes ni siquiera son de estos lares…
—¿Y eso que tiene que ver conmigo? Nunca he operado a nadie en una fiesta, pero…supongo que podría hacerlo si ese es el extravagante pedido que…
El rubio negó con la cabeza y apoyó sus codos sobre la mesa. Había practicado las palabras claves con las que le daría la noticia de su nuevo trabajo al médico, pero ahora le estaba costando que estas salieran.
—No se trata de eso. Necesitan carne y tu vas a ser el encargado de llevarles los cortes que necesitan… ¿Entiendes lo que digo, carnicero? —Recalcó esa última palabra a modo de burla, aunque la expresión relajada del rubio pasó a una de más seriedad en cuanto notó la confusión en la expresión del médico.
—¿AAAAAH? —Indignación. Tanta que no le importó levantarse de su silla y pronunciar su “pregunta” en voz alta, lo suficiente para que otros comensales lo escucharan. —¿Y qué me importa a mi lo que quieran comer en una fiesta a la que no estoy invitado? ¿Y qué es eso de carnicero? Soy méd…—Las manos de Rafael fueron rápidas para ponerlas sobre la boca del pelirosa, callándolo en el acto y disculpándose con los de su alrededor.
—Perdón, mi amigo se pone a hablar estupideces en voz alta cuando está borracho —. Borracho de nada, por supuesto, pero el doctor no era tan estúpido como para no entender que lo mejor en ese momento era guardar silencio.
—Necesitas explicarme mejor y eso no pasará aquí…hay mucha gente y no estoy entendiendo el pedido —dijo en un tono de voz que se perdía entre el resto, un susurro que apenas y pudo ser escuchado por su acompañante. —Si tu intención era decirme algo más delicado, debiste llevarme a un salón V.I.P…
—No es necesario tanto protocolo…eso puede ser peor —. El hombre lo miró con más firmeza antes de alzar un poco más la voz. —Las cosas son simple, Hyak…necesitan carne y la mercancía, ya sabes, el ganado, está en uno de los sitios de siempre. Lo único que necesitan estas personas es que saques unos buenos cortes de “res”, no los vas a preparar tu…solo harás de carnicero —. No tenía que ser un genio para entender el contexto de la conversación…quizá para cualquier persona externa la conversación se trataba de comida común y corriente y ya estaba, pero, por él tipo de trabajo que él estaba acostumbrado a hacer, podía leer entre líneas la macabra petición.
—Eso es… —Dio un sorbo a la bebida que antes rechazó y su acompañante solo susurró un “te lo dije” antes de acomodarse mejor en su asiento. Esperando una respuesta. Paciente.
Se revolvió en su asiento. Incómodo. En shock. Su cerebro procesaba esa petición y la tomaba con pinzas. No habría que hacer una operación, no habría que sacar los órganos de alguien más para ponerlos en un cuerpo ajeno…esto era simple y sencilla carnicería… Esa no es su rama y, aun así, el morbo de destazar a una persona como si se tratara de un animal empezaba a ganar terreno en su mente con tanta facilidad que, por un momento, tuvo miedo de sí mismo.
—¿Y el producto está en buen estado? —Se sorprendió al preguntar aquello con tanta facilidad.
—Eso tienes que revisarlo por tu cuenta. Yo cumplo con conseguirte un ejemplar que se vea sano y que en el “mercado” nos hayan dicho que lo esté…tu cumples con examinar que eso sea cierto. Por eso te llamé a estas horas, porque necesitas hacer exámenes ¿No es así? Tu nunca entregas nada de mala calidad —. Rafael se levantó de su asiento antes de dar un último sorbo a su trago, mientras que veía como el pelirosa parecía aún dubitativo sobre aceptar o no. —Dan mejor paga que cualquier cirugía en la que hayas estado.
Y eso fue suficiente para que su mente terminara de hacer click.
—Acepto…Llévame con el producto.
Se levantaron de sus asientos, salieron de la taberna y se pusieron en marcha hacia ese sitio de “siempre” que Rafael le comentó antes al médico, sin preocuparse por si alguien los seguía o no…a fin de cuentas, se supone que esa taberna era segura para hablar de ese tipo de negocios…¿De quién iban a tener que preocuparse si se supone que parte de la gente que frecuenta el lugar es de su misma calaña?
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