Tomó el primer sorbo, el carmesí tintando ligeramente su labio superior. La cálida serpiente se deslizó por su garganta. Definitivamente era mucho más apetecible que el sake, así que no dudó en tomar otro sorbo, y uno más antes de dejar reposar el vaso sobre la mesa. Sus pómulos ardieron ligeramente, nunca había sido buena aguantando el alcohol pero sentía casi la necesidad de consumir más, sus crispados nervios se lo exigían.
Y entonces el chupito. Este Ryota sí que sabía picar a los demás... Exhaló un suspiro y tomó el pequeño recipiente de sake, suficiente para dar un solo trago. Lo alzó, brindó con ellos e ingirió el contenido de un sorbo. El fuego recorrió su esófago, haciendo arder su interior. Una mueca se posó en su rostro. Asqueroso, innecesario. Con un golpe seco dejó el vaso en el centro de la mesa, decidida a no probar más de ese brebaje. Volvió a tomar un poco de vino, intentando eliminar cualquier atisbo de ese sabor.
Alzó el rostro. Antes de que nadie hubiese dicho nada ella ya había percibido el olor. El olfato no era precisamente su sentido más desarrollado, pero cuando se trataba de comida, de alguna manera la fragancia conseguía alcanzarla. Inconscientemente se relamió los labios, viéndolos a la lejanía, ¿acaso eran dumplings? Su estómago rugió. Vacío, feroz. Reclamando de un alimento que llevaba horas sin recibir pese a que se lo había exigido con anterioridad. Llevó una mano a su abdomen, intentando calmar a la fiera con suaves palmadas.
El gentío, las voces, los gritos. Una canción de felicidad, festividad y camaradería que por lo general le resultaba bastante ajena, pero que quizás, producto del alcohol que corría por sus venas, en ese instante sentía agradable, incluso cercano al verse rodeada de gente.
La siguiente propuesta del castaño captó su atención, desviando la mirada de la comida hacia él.
—¿Cinco mil berries? —Una sonrisa se dibujó en su rostro. Amplia, honesta, confiada, hasta cierto punto altiva.— Ohh... Te noto muy seguro. —Rio levemente. No era una mujer acostumbrada a las apuestas, pese a que el orgullo y el ego eran de los atributos más fuertes en ella, no dejaba que estas la tentaran. Pero... ¿Quién podía negarse a la posibilidad de conseguir unos berries gratis? Con el abismo que regentaba sus entrañas estaba más que segura de que ganaría, era una apuesta segura. No podía perder. No lo iba a hacer. En ese caso no era "apostar"... Era ir sobre seguro.
Cuando los demás se levantaron ella hizo lo mismo, pero con mayor calma. Acorde a su tranquilidad y templanza. El mundo decidió tambalearse cuando se puso en pie, pese a que su lengua seguía ágil pese al alcohol ingerido, su coordinación no podía decir lo mismo. Dio otro sorbo más, disfrutando del sabor del vino en su paladar y se dirigió a la mesa como la rezagada del grupo. Sus pasos, tambaleantes pero firmes, la llevaron a su destino. Aprovechó la cercanía de Heras para apoyarse ligeramente en él. Un poquito de estabilidad extra nunca estaba de más, ¿no?
![[Imagen: 135625434-p2.png]](https://i.ibb.co/gY0hqBT/135625434-p2.png)
![[Imagen: 135625434-p0.png]](https://i.ibb.co/gFbzKqMm/135625434-p0.png)
Se sentó en una de las sillas que bordeaba la mesa de los dumplings. Se acomodó la coleta, apretándola ligeramente. Esperó pacientemente a que dieran el pistoletazo de salida y empezó a ingerir. Rauda, veloz. Devorando o casi casi engullendo la comida. En más de una ocasión casi se atragantaba en el proceso pero nada que un par de golpes en el pecho no la ayudaran a bajar. Comía sin parar, masticaba, almacenaba el manjar en sus mejillas para tragar sin morir en el intento.
Pero todo tiene un límite, y ella estaba alcanzando el suyo. El décimo saquito de masa le costó horrores comérselo. Fue el más lento, el que más duró. Cuando acabó con él dejó los palillos sobre la mesa, viendo la increíble batalla que tenían entre Runin y Ryota. Aún terminando de masticar vio como la morena se hacía ganadora. Por un momento sonrió, al menos hasta que recordó que eso significaba que ella había perdido cinco mil berries. En ese instante hizo un atisbo de puchero. Había dado por hecho que su hambre iba a voraz, no tenía ningún tipo de duda de que se iba a coronar en esa prueba, pero nunca nada salía como esperaba.
Cinco mil menos en su cartera.
Buscó a Tezca con la mirada. Según sus propios recuerdos lo había visto comer con ellos... ¿En qué momento había desaparecido? Lo encontró cerca de una planta, inclinado sobre esta. Sin siquiera pensarlo se levantó y dando eses se acercó a él, se inclinó y posó una de sus manos en su espalda.
—Ey... ¿Estás bien, querido? ¿Necesitas algo? —Deslizó su mano por su columna en una suave caricia que procuraba calmarle de alguna manera, aunque tampoco estaba segura de que aquello era lo que necesitara.
![[Imagen: Sonrisa5.png]](https://i.ibb.co/MxjW7YbD/Sonrisa5.png)
Y entonces el chupito. Este Ryota sí que sabía picar a los demás... Exhaló un suspiro y tomó el pequeño recipiente de sake, suficiente para dar un solo trago. Lo alzó, brindó con ellos e ingirió el contenido de un sorbo. El fuego recorrió su esófago, haciendo arder su interior. Una mueca se posó en su rostro. Asqueroso, innecesario. Con un golpe seco dejó el vaso en el centro de la mesa, decidida a no probar más de ese brebaje. Volvió a tomar un poco de vino, intentando eliminar cualquier atisbo de ese sabor.
Alzó el rostro. Antes de que nadie hubiese dicho nada ella ya había percibido el olor. El olfato no era precisamente su sentido más desarrollado, pero cuando se trataba de comida, de alguna manera la fragancia conseguía alcanzarla. Inconscientemente se relamió los labios, viéndolos a la lejanía, ¿acaso eran dumplings? Su estómago rugió. Vacío, feroz. Reclamando de un alimento que llevaba horas sin recibir pese a que se lo había exigido con anterioridad. Llevó una mano a su abdomen, intentando calmar a la fiera con suaves palmadas.
El gentío, las voces, los gritos. Una canción de felicidad, festividad y camaradería que por lo general le resultaba bastante ajena, pero que quizás, producto del alcohol que corría por sus venas, en ese instante sentía agradable, incluso cercano al verse rodeada de gente.
La siguiente propuesta del castaño captó su atención, desviando la mirada de la comida hacia él.
![[Imagen: Ajam.png]](https://i.ibb.co/DfGP6CJB/Ajam.png)
—¿Cinco mil berries? —Una sonrisa se dibujó en su rostro. Amplia, honesta, confiada, hasta cierto punto altiva.— Ohh... Te noto muy seguro. —Rio levemente. No era una mujer acostumbrada a las apuestas, pese a que el orgullo y el ego eran de los atributos más fuertes en ella, no dejaba que estas la tentaran. Pero... ¿Quién podía negarse a la posibilidad de conseguir unos berries gratis? Con el abismo que regentaba sus entrañas estaba más que segura de que ganaría, era una apuesta segura. No podía perder. No lo iba a hacer. En ese caso no era "apostar"... Era ir sobre seguro.
Cuando los demás se levantaron ella hizo lo mismo, pero con mayor calma. Acorde a su tranquilidad y templanza. El mundo decidió tambalearse cuando se puso en pie, pese a que su lengua seguía ágil pese al alcohol ingerido, su coordinación no podía decir lo mismo. Dio otro sorbo más, disfrutando del sabor del vino en su paladar y se dirigió a la mesa como la rezagada del grupo. Sus pasos, tambaleantes pero firmes, la llevaron a su destino. Aprovechó la cercanía de Heras para apoyarse ligeramente en él. Un poquito de estabilidad extra nunca estaba de más, ¿no?
![[Imagen: 135625434-p2.png]](https://i.ibb.co/gY0hqBT/135625434-p2.png)
![[Imagen: 135625434-p0.png]](https://i.ibb.co/gFbzKqMm/135625434-p0.png)
![[Imagen: 135625434-p4.png]](https://i.ibb.co/9MMbc5w/135625434-p4.png)
Se sentó en una de las sillas que bordeaba la mesa de los dumplings. Se acomodó la coleta, apretándola ligeramente. Esperó pacientemente a que dieran el pistoletazo de salida y empezó a ingerir. Rauda, veloz. Devorando o casi casi engullendo la comida. En más de una ocasión casi se atragantaba en el proceso pero nada que un par de golpes en el pecho no la ayudaran a bajar. Comía sin parar, masticaba, almacenaba el manjar en sus mejillas para tragar sin morir en el intento.
Pero todo tiene un límite, y ella estaba alcanzando el suyo. El décimo saquito de masa le costó horrores comérselo. Fue el más lento, el que más duró. Cuando acabó con él dejó los palillos sobre la mesa, viendo la increíble batalla que tenían entre Runin y Ryota. Aún terminando de masticar vio como la morena se hacía ganadora. Por un momento sonrió, al menos hasta que recordó que eso significaba que ella había perdido cinco mil berries. En ese instante hizo un atisbo de puchero. Había dado por hecho que su hambre iba a voraz, no tenía ningún tipo de duda de que se iba a coronar en esa prueba, pero nunca nada salía como esperaba.
Cinco mil menos en su cartera.
Buscó a Tezca con la mirada. Según sus propios recuerdos lo había visto comer con ellos... ¿En qué momento había desaparecido? Lo encontró cerca de una planta, inclinado sobre esta. Sin siquiera pensarlo se levantó y dando eses se acercó a él, se inclinó y posó una de sus manos en su espalda.
![[Imagen: Atenta.png]](https://i.ibb.co/M0BQgsY/Atenta.png)
—Ey... ¿Estás bien, querido? ¿Necesitas algo? —Deslizó su mano por su columna en una suave caricia que procuraba calmarle de alguna manera, aunque tampoco estaba segura de que aquello era lo que necesitara.
