[EVENTO LOCAL - MUSHOKU] Una jauría de perros
#4
Leyenda

80 de Otoño, año 16, 15:00h
A bordo del Niebla de Guerra, cerca de Hashinosu, Nuevo Mundo

Observaba el gran mar azul desde las alturas, surcando los cielos y atravesando nubes. La alegría desbordaba por cada poro de mi piel: me sentía más libre que nunca, más vivo que en cualquier otro instante de mi existencia. Ni miedo, ni oscuridad interior, todo era paz y felicidad. Hasta que, de golpe, un dolor punzante me atravesó el estómago. Miré hacia abajo y vi una espada desconocida incrustada en mi cuerpo.

Me desperté de repente, desorientado, sin saber dónde me encontraba. Frente a mí, apoyada contra la media pared que rodeaba mi camarote improvisado en la cofa del mástil más alto, estaba Pluma Sangrienta, mi espada. Me levanté y la tomé con firmeza. Una bocanada de aire salado golpeó mi pecho descubierto, recordándome que estaba rodeado por el mar infinito, salvo por una gran isla que se alzaba frente a mí.

Los recuerdos comenzaron a regresar como olas que rompen contra la costa. Estaba en el Niebla de Guerra, junto a mis nakamas, los piratas Mushoku. Nos dirigíamos a invadir y conquistar una isla legendaria: Hachinosu, la isla pirata.

De repente, una voz me llamó desde cubierta. Era Korg, nuestro pequeño timonel, un tontatta astuto y valiente. - ¡No te preocupes, yo vigilo!- Le respondí, mientras intentaba colocar a Pluma Sangrienta en mi cintura. Pero allí donde debería estar mi cinturón… no había nada.

Miré mi cuerpo y descubrí que estaba completamente desnudo. “Suerte que desde allí abajo no me ven” Me dije, mientras me agachaba para recoger mis prendas desperdigadas por el lugar, junto al Den Den Mushi que rodaba por la madera.

Con sudor y lágrimas conseguí reunir todas mis prendas desperdigadas. Los cinturones estaban desmontados, las hebillas sueltas, las botas sin cordones. “¿Qué demonios he hecho durante esta siesta? ¿Acaso he intentado destrozar mi ropa?” Pensé mientras ajustaba cada pieza de mi atuendo con torpeza y prisa.

Finalmente, me puse en pie, con Pluma Sangrienta colgando de mi cintura, y en ese instante un estruendo sacudió el aire. Una bala de cañón pasó silbando por encima de mi cabeza, tan cerca que sentí el calor del metal rozar mi piel.

- ¿¡Qué coño…!?- Exclamé, girando la mirada hacia el horizonte.

La isla estaba ahora mucho más cerca. En el muelle del puerto se agolpaban decenas de figuras armadas, piratas que defendían su territorio con furia. Entre ellos, cañones alineados escupían fuego y hierro hacia nuestro barco. El cielo se llenó de humo y proyectiles que rugían como bestias desatadas.

El corazón me golpeó el pecho con fuerza. Me llevé las manos a la boca, formando un improvisado megáfono, y grité con toda la potencia de mis pulmones:

- ¡NOS ATACAN! ¡TODOS A CUBIERTA, NOS ATACAN DESDE HACHINOSU, CABRONES!

El eco de mis palabras recorrió el Niebla de Guerra, despertando a mis nakamas. La cubierta comenzó a llenarse de pasos apresurados, voces de alarma y el crujir de la madera bajo el peso de la tripulación. La batalla había comenzado.

El Niebla de Guerra siguió avanzando con elegancia imposible, como si danzara sobre las olas, esquivando cada proyectil con la gracia de un ave en pleno vuelo. Yo me aferraba a la baranda con todas mis fuerzas, sintiendo cómo la madera vibraba bajo el impacto de los cañonazos que estallaban alrededor. "Korg debe haber vuelto al timón" Pensé aliviado.

Cuando apenas nos separaban veinte metros del muelle, nuestro compañero alado se elevó hacia los cielos. Sus alas se desplegaron con majestuosidad y, con un rugido de poder, liberó ondas de aire tan violentas que tuve que cubrirme para no ser arrastrado por ellas. El estruendo fue ensordecedor.

Al volver a abrir los ojos, el muelle estaba vacío. Los piratas que antes nos esperaban con armas y cañones habían desaparecido, barridos por la fuerza de aquel ataque. Un escalofrío recorrió mi espalda, mezclado con admiración. -Este tipo se ha vuelto realmente muy fuerte…- Murmuré, con una chispa de emoción en el pecho.

El silencio tras la tormenta era inquietante. El barco se había parado a centímetros del muelle, y yo, aún con la adrenalina recorriendo mis venas, aguardaba la voz del capitán. Sabía que en cualquier momento su orden decidiría nuestro destino: desembarcar y conquistar, o preparar la defensa ante un contraataque inesperado.

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RE: [EVENTO LOCAL - MUSHOKU] Una jauría de perros - por Artur - 27-11-2025, 08:30 PM

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