Moja respiró hondo, dejando que el aire cargado de polvo y humedad llenara sus pulmones. La estructura que los rodeaba seguía crujiendo de forma inquietante, como si en cualquier momento pudiera volver a desmoronarse. No había tiempo que perder.
Flexionó las piernas, apoyó las garras contra una roca firme y se impulsó hacia adelante. Su cuerpo se convirtió en una sombra ágil que saltaba de un punto a otro con la precisión de un felino cazador. Cada superficie irregular era un apoyo; cada grieta, un obstáculo que sorteaba con elegancia instintiva.
Primero ascendió por un bloque caído, usando las manos para ganar altura y el impulso de la cola para equilibrarse. Después saltó a una roca más estrecha, que casi cedió bajo su peso, pero Moja reaccionó al instante, corrigiendo la postura antes de que se inclinara demasiado. Otro salto, esta vez más largo, lo llevó a una plancha de piedra que sobresalía oblicua hacia el vacío. La recorrió casi sin perder velocidad, clavando las garras al final para no resbalar.
Un último impulso lo elevó hasta el borde de la plataforma desde la que había partido hacia la torre. Cayó sobre ella con un golpe seco, pero controlado, agachando las piernas para absorber el impacto. Se incorporó de inmediato.
Fue entonces cuando lo vio.
Un hombre con capucha, atuendo oscuro y alas negras: un lunarian sin dudas.
Moja lo observó por un segundo. No percibía hostilidad; solo confusión y urgencia. Le respondió con un tono firme pero no agresivo:
-Si necesitas salir de aquí, lo mejor es que hables con el contramaestre Bertram. Él está en nuestro barco… el Royal Quiver.- Se giró ligeramente y señaló hacia la salida entre los escombros. -Síganme y los guiaré hasta allí.-
Moja no se detuvo. Dio un paso hacia el borde de la plataforma y volvió a moverse. Esta vez no corría como quien huye del peligro, sino como quien abre camino para los demás.
Descendió por una sección inclinada de roca, dejando que sus garras controlaran la velocidad. Luego saltó a un montículo formado por restos del derrumbe, usándolo de puente natural hacia un pasillo estrecho que conducía a la salida. A medida que avanzaba, el aire se hacía menos pesado, más limpio, señal de que estaba cerca del exterior.
La luz de la luna resplandecia con fuerza, iluminando la silueta ágil de Moja mientras avanzaba. Finalmente, tras un último salto hacia un terreno más estable, emergió del recinto semiderruido.
Frente a él, imponente y resistente pese al caos, esperaba el Royal Quiver, anclado y listo para partir.
Moja apretó el paso. Sabía que Bertram necesitaba ayuda, y que los rezagados dependían de él para encontrar la salida.
La misión aún no había terminado. Y Moja corría decidido a cumplirla.
Flexionó las piernas, apoyó las garras contra una roca firme y se impulsó hacia adelante. Su cuerpo se convirtió en una sombra ágil que saltaba de un punto a otro con la precisión de un felino cazador. Cada superficie irregular era un apoyo; cada grieta, un obstáculo que sorteaba con elegancia instintiva.
Primero ascendió por un bloque caído, usando las manos para ganar altura y el impulso de la cola para equilibrarse. Después saltó a una roca más estrecha, que casi cedió bajo su peso, pero Moja reaccionó al instante, corrigiendo la postura antes de que se inclinara demasiado. Otro salto, esta vez más largo, lo llevó a una plancha de piedra que sobresalía oblicua hacia el vacío. La recorrió casi sin perder velocidad, clavando las garras al final para no resbalar.
Un último impulso lo elevó hasta el borde de la plataforma desde la que había partido hacia la torre. Cayó sobre ella con un golpe seco, pero controlado, agachando las piernas para absorber el impacto. Se incorporó de inmediato.
Fue entonces cuando lo vio.
Un hombre con capucha, atuendo oscuro y alas negras: un lunarian sin dudas.
Moja lo observó por un segundo. No percibía hostilidad; solo confusión y urgencia. Le respondió con un tono firme pero no agresivo:
-Si necesitas salir de aquí, lo mejor es que hables con el contramaestre Bertram. Él está en nuestro barco… el Royal Quiver.- Se giró ligeramente y señaló hacia la salida entre los escombros. -Síganme y los guiaré hasta allí.-
Moja no se detuvo. Dio un paso hacia el borde de la plataforma y volvió a moverse. Esta vez no corría como quien huye del peligro, sino como quien abre camino para los demás.
Descendió por una sección inclinada de roca, dejando que sus garras controlaran la velocidad. Luego saltó a un montículo formado por restos del derrumbe, usándolo de puente natural hacia un pasillo estrecho que conducía a la salida. A medida que avanzaba, el aire se hacía menos pesado, más limpio, señal de que estaba cerca del exterior.
La luz de la luna resplandecia con fuerza, iluminando la silueta ágil de Moja mientras avanzaba. Finalmente, tras un último salto hacia un terreno más estable, emergió del recinto semiderruido.
Frente a él, imponente y resistente pese al caos, esperaba el Royal Quiver, anclado y listo para partir.
Moja apretó el paso. Sabía que Bertram necesitaba ayuda, y que los rezagados dependían de él para encontrar la salida.
La misión aún no había terminado. Y Moja corría decidido a cumplirla.
Offroll
*Pienso* -Hablo- Narro
![[Imagen: 5IZMHzN.jpeg]](https://i.imgur.com/5IZMHzN.jpeg)
