[EVENTO LOCAL - MUSHOKU] Una jauría de perros
#3
Leyenda (Guía de color)


80 de Otoño, año 16, 15:00 h
A bordo del Niebla de Guerra, cerca de la Isla Hachinosu, Nuevo Mundo

El rumbo estaba fijado. La enorme formación rocosa que se erigía en el lugar de destino de nuestra peculiar travesía era completamente visible. Por suerte para mí, estaba todavía lo suficientemente lejos como para que pudiera ausentarme unos instantes del timón sin que pasara nada preocupante - Voy a por unas cosas, vengo en un momentito. Si se lía cualquier cosa me avisas - dejé temporalmente al cargo de la tranquila situación, así como del cuidado del eternal pose que apuntaba hacia la gran masa de tierar que teníamos al frente, al joven alado que hacía las veces de vigía, quien daba por hecho que estaría como siempre en lo alto del palo mayor, mientras volvía a mi camarote con celeridad. Me rasqué la cicatriz de mi palma izquierda con los dedos de la misma mano, a la par que abría la puerta del camarote con mi mano derecha. Dejé todas las cosas que tenía encima sobre la mesa. Cogí a su vez el resto de mis pertenencias, poniéndolas también sobre la mesa. Las armas se encontraban alineadas del lado derecho. Pegado al borde se hallaba mi confiable Whistle. A su lado, el reluciente arma que forjó para mí el amigo de los terremotos. Dos hojas hermanas, una carmesí y otra dorada como el sol. Una representaba la guerra, la otra la paz. Un arma con un enorme potencial en gran parte desaprovechado por mí, pues la usaba mayormente como una herramienta defensiva, un seguro para casos extremos. A su lado, las tres pistolas que tenía sobre la mesa palidecían, aunque no por ello eran menos útiles. Al otro lado de la mesa estaban todos los cachivaches y utensilios que pudiera requerir (entre los que había un bocadillo de pechuga empanada y tres pares de mandarinas, todo un suculento manjar), así como la chapa de Willow, separado de las armas por una ingente cantidad de munición. - Cinco, diez, quince, diecinueve, veinte - conté en mi mente los paquetes de munición que había ordenado, antes de abrir las cajas una a una para comprobar que todas estuvieran completas. Conté doscientas y cinco balas. Deberían ser suficientes, aunque teniendo en cuenta que el lugar al que nos dirigíamos era conocido como la colmena y que las colmenas tienden a tener en su interior una ingente cantidad de abejas, lo mismo iba a tener que tener cuidado. Aunque por suerte para mí la puntería era mi fuerte. Descargué las municiones que había en todas mis armas, las cuales cayeron una a una sobre la mesa con un ligero tintineo. Las coloqué junto a uno de los paquetes, en el lado de las armas claramente. Cargué minuciosamente todas y cada una de las armas de fuego. Coloqué dos de las pistolas en mi cintura, una a cada lado mientras que la última la coloqué en la cinta de mi bandolera. Hice lo propio con la munición que había pensado llevarme, pues para mi desgracia no iba a poder cargar con todo. Me coloqué el Log Pose en la muñeca derecha y guardé el botiquín, dos de los Den Den Mushi y la comida en la propia bandolera.

Hice una comprobación rápida, asegurándome de que todo estaba en su lugar y de que había cargado la munición que quería en cada una de las armas - Vale, bien, parece que todo está en su sitio. Para la próxima tendría que comprarme un abrigo de esos con bolsillos por fuera y por dentro, para poder llevar todo. Que ya es la segunda vez que me pasa - suspiré, a la vez que me colgaba a Whistle. Me quedé unos instantes mirando la mesa. Había varias cajas vacías, así como tres que estaban casi enteras. Me dispuse a ordenarlas, pues tampoco iba a irme yo y dejar todo así como estaba.

80 de Otoño, año 16, 15:31 h
A bordo del Niebla de Guerra, cerca de la Isla Hachinosu, Nuevo Mundo

- Madre del amor hermoso, pero qué es lo que está pasando ahora? - pregunté, confuso, ya que todo parecía moverse con brusquedad. Me había asegurado de que el rumbo era correcto, e incluso había dejado al cargo a Artur. ¿Acaso el amigo demonio había salido enfadado porque tardábamos en llegar y ya se había cansado de machetear cosas? Suspiré, resignado, pues era algo bastante probable por desgracia. Un nuevo sonido me hizo ver que estaba completamente equivocado, pues pude identificar con claridad el sonido de los disparos de cañones - Madre de dios, y yo que quería llegar y tomarme un chocolate calentito... - me quejé, mientras comenzaba a correr hacia cubierta. Salí y subí de un salto al timón. Era normal que se pusieran a dispararnos con los cañones, pero que se yo, podrían haber avisado antes ni que sea.

Comprar este barco había sido, sin lugar a dudas, una idea excelente. Había aguantado sin ninguna clase de problemas el viaje desde Sabaody a la Isla Gyojin, y de ahí otra vez la salida al Nuevo Mundo. Pero no había sido esa la razón por la que lo había elegido, no. Había escogido este barco, de entre todos los que había en aquel astillero de Lègance, no porque fuera el más bonito ni por sus velas moradas moradas (como decía el señor del machete emponzoñado), si no por lo bien que respondía. Un leve y preciso movimiento del timón me bastaba para sortear aquellas balas de cañón que buscaban hundirnos sin ningún tipo de reparo. Me centré en evitar aquella lluvia de muerte, haciendo que aquella corbeta que manejaba se acercara más y más a la costa. El enmascarado de las alas se transformó en aquel peculiar centauro. Seguía sin acostumbrarme a que tuviera no uno si no dos pares de alas. Era raro, y parecía bastante innecesario. Innecesario lo de las cuatro alas, no lo de transformarse. No me cabía duda de que había visto algo y, si bien podía utilizar el Haki para tratar de descubrirlo por mí mismo, prefería evitar todo tipo de distracciones. Si bien no podía ir de frente por eso de que nos estaban disparando, el Niebla de Guerra se acercaba más y más a la costa. Cuando nos encontrábamos a unos escasos veinte metros del puerto, el centauro desapareció súbitamente. No pude evitar sorprenderme, parpadeando dos veces. Aunque me sorprendió más todavía ver volar a toda la gente que esperaba en el puerto.

Solté el ancla, logrando que el Niebla de Guerra se detuviera junto al embarcadero, tan exacto que incluso me quedé algo perplejo por aquella hazaña. Me alejé del timón un par de metros, manteniendome en la barandilla de la parte alta del barco, mientras desenfundaba a Whistle y me preparaba por si las moscas


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RE: [EVENTO LOCAL - MUSHOKU] Una jauría de perros - por Korg - 27-11-2025, 02:20 PM

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