[EVENTO CAMBIO ZONA] El camino para ser alguien; Parte 3 [TORRE]
#30
Todavía no había terminado de acomodarme bien otra vez sobre el hombro de Dong tras quedarme observando a aquellos dos sospechosos que tan amigos parecían y que también habían llamado la atención de Dong, cuando escuché al anciano pegar ese berrido que seguramente se oyó hasta en aquellos barcos encallados. Yo solo pestañeé, tiesa como un palo, sintiendo cómo todo el caos de la torre se contraía en un único punto absurdo: esos seres y sus jodidos teatros. No sabía si estaba cansada, harta o ambas cosas a la vez, pero me salió una exhalación tan larga que me despeiné el flequillo.

El “¡CABRÓN, ESTO NO ME LO HABÍAS DICHO!” retumbó como un cañonazo. Juro que sentí a toda la torre tensarse bajo los pies de Dong (¡ni siquiera los míos propios!), supuse que algunos por la sorpresa, otros por ese instinto suyo de mantenerse tranquilo incluso cuando el mundo se está yendo a pique literal y metafóricamente. Yo me llevé la mano al pecho, porque después de la roca cayéndome encima y el derrumbe entero siguiéndonos, lo último que esperaba era que ahora, encima, hubiesen frutas del diablo de por medio. Frutas nuevas. Frutas en venta. Frutas para sacar y poner. Frutas. ¿Habría alguna con algún posible uso médico? Mi vista se fue, curiosa, hacia aquellas endiabladas—. Ay, por favor… —murmuré para mí, ya sin dirección.

Mientras el anciano ladraba a uno, aconsejaba a otro, insultaba a Owen (pobre chico, aunque algo gritón sí era, no podía contradecir al anciano), yo intentaba mantenerme alerta sin caerme del hombro de Dong. En algún momento perdí la cuenta de cuántas veces golpeó el bastón contra el suelo, pero cada vez que lo hacía, más notaba al gyojin mirarnos de reojo con la típica mezcla de irritación y teatralidad. ¿Había algún gyojin normal en toda aquella zona? ¿En qué extraño lugar habíamos acabado? Al menos no había intentado venderme un paraguas mágico o cualquier tontería de su compañero mico.

Y entonces pasó lo inevitable: se giró hacia Dong. Joder. No sabe pasar desapercibido. Es todo lo contrario a mí.

No sé si fue el tono, o la manera en que lo miró arriba y abajo como quien evalúa un mueble caro, o la tranquilidad con la que soltó aquello de “una siesta, un bocata y pa’lante”. Él, que llevaba todo el tiempo cargando peso, luchando, pegando saltos imposibles, esquivando derrumbes, volando… ahora estaba ahí, frente a aquel ser en el que parecía querer confiar pero la cuestión verdadera era: ¿debía? Intuí que lo haría, o más bien que no le quedaba más remedio que confiar.

Yo estaba agarrada a su cuello, pudiendo escuchar su respiración. Estaba a punto de someterse a una operación que casi nadie en el mundo hacía, a manos de un anciano que parecía tener la paciencia emocional de una piedra volcánica. Debía sentirse muy calmado sabiendo que después habría un bocata para comer. Cuando el chamán dio el bastonazo final y le dijo "¡Ven, sígueme!", quise decir algo, cualquier tontería a Dong: “¿estás seguro?”, “puedo revisar primero la camilla”, “esto huele fatal”, “si ese hombre me toca con esa mano que ha usado para señalar a todo el mundo, le meto una venda por la boca”… Algo.

Pero hiciera lo que hiciera Dong, yo avanzaría con él.

— ...Tranquilo —le susurré, inclinándome un poco hacia su mejilla—. No voy a dejar que te pase nada. Y si te pasa, no tardarás en estar mejor.

No sé si él lo escuchó del todo; pues las palabras del chamán eran más fuertes que las mías en aquel momento. El viejo hablaba de heridas bonitas, de dormirse “un poquito”, de despertarse como nuevo. Todo con esa naturalidad que solo tienen los que o son genios… o son completos desgraciados con suerte. Y cuando me nombró como a una mascota, parpadeé tan lento que sentí las pestañas pegarse entre sí por el polvo. ¿Mascota? ¿Yo?

La primera punzada de rabia me subió, pero no dije nada… aún. No porque me faltaran ganas, sino porque intuí que eso no era lo que Dong quería, y eso me bastó para quedarme en silencio… no por mucho tiempo—. ¡Mascota! ¡Límpiese las legañas, señor, que ya le va fallando la vista!

Tras las protestas correspondientes, bajé de un salto y me planté junto al borde como si fuese mi puesto natural. Y lo era. Porque si ese anciano pensaba que me iba a apartar solo porque tenía complejo de jefe tribal… iba listo.

Y entonces llegó el momento del pago. El chamán extendió la mano como quien pide limosna con un descaro digno de un rey. Yo ni esperé a ver si Dong buscaba monedas—. Toma, no alcanzo el precio a pagar pero… quizás juntos podamos pagar al carero este —solté yo, sin pensarlo. No llegaba a las quinientas mil berries, desconocía cuánto dinero tendría encima Dong pero berrie a berrie… quise pensar.

Tenía ya preparado mentalmente el plan completo: si ese hombre hacía un gesto raro, si Dong sufría más de la cuenta, si el procedimiento se volvía peligroso… yo iba a saltar, lo iba a sacar de la camilla, y nos largábamos. Me daba igual si tenía que montarlo en mi espalda o pedirle a un gyojin que me lo lanzara. Pero no pensaba dejar que un tratamiento chapucero le arruinara. Intuía, aún así, que Dong no estaría solo (además de conmigo), que antes o después recibiría ayuda pues aún recordaba cómo había contactado con sus compañeros. ¿Qué clase de personas serían? ¿Tan malhumorados como él y Maki tal vez?

— Oiga —llamé, ya molesta por dentro pero sin subir la voz—. No se confunda. Estoy aquí para asegurarme de que sale bien. Y si hace falta intervenir, intervengo yo. ¿Estamos? —no fue una amenaza. Fue una advertencia, muy educada para lo que merecía, si me preguntas.

Aunque fuese pequeña, aunque no fuese la más fuerte ni la más ruidosa, tenía muy claro cuál era mi trabajo. Cuidar. Y quedarse. Así que allí me quedé, a su lado, sin moverme ni un centímetro, lista para sacarle de allí si hacía falta.

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RE: [EVENTO CAMBIO ZONA] El camino para ser alguien; Parte 3 [TORRE] - por Alana Sahiba - 27-11-2025, 02:04 PM

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