Luego de mirar con atención puedo leer que las personas si me están ignorando, pero la vista de todos no es sobre mi, hay algo o alguien que llama más la atención que yo. No puedo creerlo alguien está brillando más que el mismo Heras. Esto es más que personal, son todos. Mi vista aguda recorre el restaurante para toparse de frente bloqueado. No puedo negar que me sorprendí con su presencia, pero la verdad fue difícil de procesar. El tamaño, las curvas, la piel, LAS ALAS.
Bajo la guardia, no físicamente, yo nunca alcé los brazos, pero una de mis manos va a mi cintura y otra muestra mi palma abierta. Tengo que ver hacia arriba y esto es una tarea un poco complicada, aunque ella conservó una distancia prudente de mi. Mi cara se inclina un poco de lado. —Si, es muy extraño.— Yo no tengo ni idea de que me está hablando ahora mismo, pero ahora ella tiene mi atención. Ah claro los meseros, los olvidé.
—No creo que sea un saludo que dure horas, dudo que duren par de minutos.— Ahora ya entiendo sus nervios muchachos, si yo que soy la para de la para puedo captar, no imagino ustedes. Mi vista puesta en sus ojos, agudos, sobre mi siento la presión, ellos que son hormigas para ella. Siento su presencia que sin ejercer presión se siente como ver la cima de una montaña, un paisaje majestuoso.
—Estaré encantado.— Sigo a tu mesa con pasos que ni se escuchan por la alfombra del suelo. Ciertamente el lugar elegante palidece cuando la clienta puede tener tanta aura a su alrededor. —Más que un trance son nervios. No creo que hubieran visto algo así en su vida. — Claro mi mirada hacia ella luego de ver la mesa señalada. Si a mi nunca me habían sacado una silla especial, por mis dimensiones, ver que para ella tienen un trono ya me dice mucho más de lo que podrían con palabras. Sonreí ligeramente, recordé cuando tuve que actuar de consorte para ciertas personas de la realeza, pasos ligeros, no apresurados voy hasta el puesto de la alteza y cómodo el asiento para ella.
—Por favor, se que me invitó pero no por ello dejaré mis modales. — Claro en aquellas ocasiones actuaba así porque el cliente así lo deseaba, ahora lo hacía sin haber recibido ningún pago previo. De tomar asiento tras ella, como en el juego de mesa a su izquierda. Con un ademan a llevando la mano a mi pecho. —Me llamo Heras, para mi es un gusto. No puedo parar de notar…— Mis alas que no puede igualar su tamaño se mueven involuntarias, un aleteo pero no para mover el aire ni nada, solo para hacerse visibles. Un pavoneo sutil. —que tenemos cierto parecido. Yo creo que no he visto muchas otras personas con tantas similitudes. — Claro, mis ojos han visto tantas cosas, muchas de ellas de las que no voy a compartir con nadie.
Esta vez es un cuadro que raya en lo angelical. Estiró el mantel de la mesa, no reposo los codos nunca. Toda su presencia y la tiara me hacen sentirme que estoy junto a una persona que no está en el mismo escalón de cualquiera. El aire, la fragancia de la cocina llega a nosotros, pero no es suficiente para apartarle la vista, aun cuando mi abdomen comienza a molestar pidiendo por alimento.
Entonces la voz de un mesero, valiente, tembló como un cachorro recién bañado. Curioso es un Mink canino. —Buenas, bienvenida. ¿Ya está lista para ordenar?— Mi vista afilada, cambió al mesero como la de una marioneta en una historia de posesiones y espantos. Sentí que mi presencia no había sido notada en absoluto, incluso había sido ignorada por completo. No me molestó, pero si picó bajo mi tersa y obsidiana piel. —Ya escuchaste mileidi. ¿Deseas ordenar? — Al final vinimos a comer ahora mismo.
El mesero después de que yo hablo nota mi presencia. Ve mi torso, fisico bien hecho, marcado con ciertas tintas en mis brazos y en uno de mis hombros. —Rastrero. ¿Cómo pudo entrar? Tengo que pedirle que se vaya. Es una norma de etiqueta usar ropas acorde.— Nadie dijo nada cuando entré, eso me ha caído como un balde de agua fría. No se si es su trabajo o si solo es grosero ahora mismo. La violencia nunca es mi camino inicial.
—Pero no dice en ninguna parte que no se pueda. ¿Podría hacer una excepción esta vez?— Hice el esfuerzo de bajar la cabeza, junté mis manos esperando que él entendiera mi petición. Quiero mantenerme cordial con la compañía. No resultó. —Asco no. Váyase de aquí.— Chale, ahora si se está comenzando a ganar mi desencanto, entonces comencé a ponerme de pie, si no podía comer aquí podría buscar otro lugar más acorde.
Bajo la guardia, no físicamente, yo nunca alcé los brazos, pero una de mis manos va a mi cintura y otra muestra mi palma abierta. Tengo que ver hacia arriba y esto es una tarea un poco complicada, aunque ella conservó una distancia prudente de mi. Mi cara se inclina un poco de lado. —Si, es muy extraño.— Yo no tengo ni idea de que me está hablando ahora mismo, pero ahora ella tiene mi atención. Ah claro los meseros, los olvidé.
—No creo que sea un saludo que dure horas, dudo que duren par de minutos.— Ahora ya entiendo sus nervios muchachos, si yo que soy la para de la para puedo captar, no imagino ustedes. Mi vista puesta en sus ojos, agudos, sobre mi siento la presión, ellos que son hormigas para ella. Siento su presencia que sin ejercer presión se siente como ver la cima de una montaña, un paisaje majestuoso.
—Estaré encantado.— Sigo a tu mesa con pasos que ni se escuchan por la alfombra del suelo. Ciertamente el lugar elegante palidece cuando la clienta puede tener tanta aura a su alrededor. —Más que un trance son nervios. No creo que hubieran visto algo así en su vida. — Claro mi mirada hacia ella luego de ver la mesa señalada. Si a mi nunca me habían sacado una silla especial, por mis dimensiones, ver que para ella tienen un trono ya me dice mucho más de lo que podrían con palabras. Sonreí ligeramente, recordé cuando tuve que actuar de consorte para ciertas personas de la realeza, pasos ligeros, no apresurados voy hasta el puesto de la alteza y cómodo el asiento para ella.
—Por favor, se que me invitó pero no por ello dejaré mis modales. — Claro en aquellas ocasiones actuaba así porque el cliente así lo deseaba, ahora lo hacía sin haber recibido ningún pago previo. De tomar asiento tras ella, como en el juego de mesa a su izquierda. Con un ademan a llevando la mano a mi pecho. —Me llamo Heras, para mi es un gusto. No puedo parar de notar…— Mis alas que no puede igualar su tamaño se mueven involuntarias, un aleteo pero no para mover el aire ni nada, solo para hacerse visibles. Un pavoneo sutil. —que tenemos cierto parecido. Yo creo que no he visto muchas otras personas con tantas similitudes. — Claro, mis ojos han visto tantas cosas, muchas de ellas de las que no voy a compartir con nadie.
Esta vez es un cuadro que raya en lo angelical. Estiró el mantel de la mesa, no reposo los codos nunca. Toda su presencia y la tiara me hacen sentirme que estoy junto a una persona que no está en el mismo escalón de cualquiera. El aire, la fragancia de la cocina llega a nosotros, pero no es suficiente para apartarle la vista, aun cuando mi abdomen comienza a molestar pidiendo por alimento.
Entonces la voz de un mesero, valiente, tembló como un cachorro recién bañado. Curioso es un Mink canino. —Buenas, bienvenida. ¿Ya está lista para ordenar?— Mi vista afilada, cambió al mesero como la de una marioneta en una historia de posesiones y espantos. Sentí que mi presencia no había sido notada en absoluto, incluso había sido ignorada por completo. No me molestó, pero si picó bajo mi tersa y obsidiana piel. —Ya escuchaste mileidi. ¿Deseas ordenar? — Al final vinimos a comer ahora mismo.
El mesero después de que yo hablo nota mi presencia. Ve mi torso, fisico bien hecho, marcado con ciertas tintas en mis brazos y en uno de mis hombros. —Rastrero. ¿Cómo pudo entrar? Tengo que pedirle que se vaya. Es una norma de etiqueta usar ropas acorde.— Nadie dijo nada cuando entré, eso me ha caído como un balde de agua fría. No se si es su trabajo o si solo es grosero ahora mismo. La violencia nunca es mi camino inicial.
—Pero no dice en ninguna parte que no se pueda. ¿Podría hacer una excepción esta vez?— Hice el esfuerzo de bajar la cabeza, junté mis manos esperando que él entendiera mi petición. Quiero mantenerme cordial con la compañía. No resultó. —Asco no. Váyase de aquí.— Chale, ahora si se está comenzando a ganar mi desencanto, entonces comencé a ponerme de pie, si no podía comer aquí podría buscar otro lugar más acorde.
