27-11-2025, 04:29 AM
[personajeinvalido=2587]
Podía agradecer haber sido un niño tan activo en su niñez. Jugar trepando árboles, correr sin parar por horas, todo eso le habían dado una agilidad, fuerza y velocidad más que suficientes para poder lograr lo que estaba haciendo. Además, había vivido en las calles mucho tiempo, escapando de la marina y de quienes querían cazarlo, hasta que su maestro lo encontró y le dio un hogar y entrenamiento.
Tenía un cuerpo forjado por la experiencia, una fuerza muy superior a cualquier residente normal de una isla, y unas piernas más que capaces de saltar más de 20 metros, y aún así había perdido ante el oponente que el destino le puso enfrente esa noche.
Al menos lo habían derrotado, y ahora estaba corriendo por el mismo suelo de piedra donde antes había sucedido esa batalla, que llevaba como una herida demasiado reciente en su pecho. Cargaba aún con Ashveil, quien se había quedado inconsciente luego de recibir un gran ataque, por lo que tenía que cargar con él y con su arma para mantenerlo a salvo.
¿Cuánto faltaba para llegar? Tuvo que levantar la vista mientras evitaba y saltaba rocas que habían quedado en el camino tras el derrumbe de las paredes que antes los aprisionaron. No estaba lejos, tal vez quedaba la mitad del trayecto, pero los obstáculos no hacían fácil su paso. Se encontró con una piedra peculiar, su base se encontraba manchada con un liquido oscuro, no podía distinguir su color exacto debido a la oscuridad de la noche y las sombras, pero no necesitaba levantarla para saber lo que se hallaba abajo, por lo que simplemente la rodeó con destreza y continuó su camino.
Muy seguramente, ahí abajo estaban los restos de quien había conseguido dominar una pelea 1 contra 5, el gyojin que provocó temblores y un miedo increíble en el cocinero. Incluso si estaba dejando atrás su cuerpo sin vida, en su mente aún se encontraban frescas sus palabras, así como el dolor del único ataque que necesitó para dejarlo casi inutilizado. “No será hoy que tus palabras se cumplan Sakana, pero espero que puedas encontrar la paz luego de un ataque tan rastrero de nuestra parte”. Eso fue lo que pensó el pelinegro, sin detenerse ni un segundo a descansar o revisar si alguien podía ayudarlo.
Debía llegar con su gente, y no podía tardar ni un segundo.
Podía agradecer haber sido un niño tan activo en su niñez. Jugar trepando árboles, correr sin parar por horas, todo eso le habían dado una agilidad, fuerza y velocidad más que suficientes para poder lograr lo que estaba haciendo. Además, había vivido en las calles mucho tiempo, escapando de la marina y de quienes querían cazarlo, hasta que su maestro lo encontró y le dio un hogar y entrenamiento.
Tenía un cuerpo forjado por la experiencia, una fuerza muy superior a cualquier residente normal de una isla, y unas piernas más que capaces de saltar más de 20 metros, y aún así había perdido ante el oponente que el destino le puso enfrente esa noche.
Al menos lo habían derrotado, y ahora estaba corriendo por el mismo suelo de piedra donde antes había sucedido esa batalla, que llevaba como una herida demasiado reciente en su pecho. Cargaba aún con Ashveil, quien se había quedado inconsciente luego de recibir un gran ataque, por lo que tenía que cargar con él y con su arma para mantenerlo a salvo.
¿Cuánto faltaba para llegar? Tuvo que levantar la vista mientras evitaba y saltaba rocas que habían quedado en el camino tras el derrumbe de las paredes que antes los aprisionaron. No estaba lejos, tal vez quedaba la mitad del trayecto, pero los obstáculos no hacían fácil su paso. Se encontró con una piedra peculiar, su base se encontraba manchada con un liquido oscuro, no podía distinguir su color exacto debido a la oscuridad de la noche y las sombras, pero no necesitaba levantarla para saber lo que se hallaba abajo, por lo que simplemente la rodeó con destreza y continuó su camino.
Muy seguramente, ahí abajo estaban los restos de quien había conseguido dominar una pelea 1 contra 5, el gyojin que provocó temblores y un miedo increíble en el cocinero. Incluso si estaba dejando atrás su cuerpo sin vida, en su mente aún se encontraban frescas sus palabras, así como el dolor del único ataque que necesitó para dejarlo casi inutilizado. “No será hoy que tus palabras se cumplan Sakana, pero espero que puedas encontrar la paz luego de un ataque tan rastrero de nuestra parte”. Eso fue lo que pensó el pelinegro, sin detenerse ni un segundo a descansar o revisar si alguien podía ayudarlo.
Debía llegar con su gente, y no podía tardar ni un segundo.
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