26-11-2025, 06:23 PM
Mi última pregunta fue clara y directa. Tan solo necesita que se me respondiera con un "sí" o un "no", no era tan complicado. Pero parece ser que mi primo había tenido una idea añadida a este negocio. El muy asqueroso tenía una caja con algunas frutas del diablo. Abrí los ojos de par en par, sorprendido por ello — ¡CABRÓN, ESTO NO ME LO HABÍAS DICHO! — Grité algo cabreado por ello, pero, al instante, me giré sobre mí mismo, y mientras estaba explicando como iba esa parte al resto de la gente me puse a hablar conmigo mismo por lo bajito.
— ... Oye, pero realmente esto es una buena idea, aunque no sé cómo de moral puede ser esto... — Miré a Mariano, que seguía en hombro derecho, que no se había separado de mí en ningún momento — ... ¿Tú qué dices, amigo mío? — Le pregunté, a lo que su respuesta fue mirarme durante un par de segundos en silencio, para finalizar con un graznido totalmente grave, como si mi fiel pájaro se hubiera fumado un camión de cigarros todos los días de su vida — Tienes razón, que le den por culo — Le contesté y volví a darme la vuelta para observar como mi primo había terminado su explicación.
Al primero que habló fue un chaval alto, con dos lunares en la frente, el cual por la puta cara nos llamó "tontos" porque, según él, no sabíamos hablar. Yo ya estaba mayor para andar discutiendo, así que también fui muy directo — Tontos tus muertos, chaval. Para ti no hay oferta, por listo — Le dije mientras le señalaba con el bastón.
A continuación, una muchachita joven, frágil como una muñeca, y por lo que parecía, era ciega, pues un muchacho pelirrojo le estaba como guiando. Aquella chiquilla se presentó como Gwendolyn, y resulta que tenía problemas con su fruta. Decía que no sabía controlarla, que de su cuerpo desprendía frío cuando está nerviosa, y eso le jugó una mala pasada y dañó a alguien cercano. Estaba pidiendo ayuda, para buscar una especie de "mentor" o "maestro" que le ayudase a controlar su poder. Me llevé la mano a la barba mientras la miraba fijamente. Llegó a hasta darme algo de pena, parecía totalmente un ser inofensivo que solo tuvo mala suerte de comer una fruta del diablo. Pero, si algo me ha enseñado la edad, es que no te puede fiar de nadie, y menos de aquellos que se convierten en piratas. Aun así, por la educación que tuvo en comparación con el anterior, decidí darla una respuesta acorde
— Enfriarte ¿eh? He visto muchas frutas y con efectos muy raros, pero no he visto nunca a nadie capaz de enfriarse... Hace un par de años para vosotros conocí a un hombre que hacía lo contrario, producía calor, pero dudo que acepte ser el mentor que buscas. No recuerdo su nombre, cosas de la edad, pero sí recuerdo que llevaba una máscara llena de agujeros. Mi recomendación es que lo evites — Resoplé, intentando ayudar en lo que podía a la chiquilla. Si le servía, bien, si no, también.
Tras ello, su acompañante, el chico pelirrojo, se presentó gritando, dándome un susto del copón — ¡Me caguen tus muertos! ¡PERO NO CHILLES! — le dije mientras golpeaba con mi bastón en el suelo. Empezó a hacer muchas, demasiadas preguntas, en exceso diría yo. Quería saber cuál fruta era la mejor, la que le hiciera más fuerte y toda esa retahíla de chavales que salen al mar pensando que van a cambiar el mundo — ¡CALLA, DÉJAME HABLAR! ... Primero de todo, chaval, no me gusta la gente pelirroja. Si algo me ha enseñado la vida es que son mala gente. Son el mismísimo puto demonio. Te recomiendo teñirte el pelo — Golpeé de nuevo mi bastón contra el suelo — Segundo, ¿tú a mí me ves con cara de profesor o algo? Soy EL Chamán. Hago un trabajo en concreto y ya. Seguramente estés ante el usuario con la fruta más poderosa de todas — Le dije mientras sonreía orgulloso de ello — Si quieres una fruta, mi primo vende. Porque te comas una fruta no significa que vayas a ser más fuerte. Hasta tu novia ciega ve eso con más claridad que tú. No es cuestión de "comerse la fruta más poderosa", es cuestión de hacerse más fuerte con lo que tienes, aprender a dominarlo. Así que, si quieres una fruta, habla con mi primo y él te dirá — Finalicé la conversación con el chaval pelirrojo.
Y por último, cuando me giré, un Lunarian estaba frente a mí. Este sí que me llamó la atención. Ese porte, ese tono de piel, esas alas... Me recordaba a alguien, además, tenía una rata en el hombro de mascota, como yo con Mariano. Abrió la boca para dirigirse a mí, y, aunque poniendo en duda mi trabajo y que fuera todo una estafa, fue el único con un par de pelotas y decidido a quitarse su fruta, diciendo que iba a desafiar a los cielos y moñadas — Nah nah chaval, déjate de poesía cutre ni de intensidades. Aquí no vas a desafiar a nadie, aquí te voy a quitar la fruta, una siesta, un bocata y pa'lante, verás que no es nada — Le dije para calmar un poco el ambiente — ¡Ven, sígueme! — Le hice una señal con mi bastón.
Le acerqué a una de las camillas que los chavalitos estos que trabajan gratis habían colocado — ¿Cómo curran estos tíos, eh? Como les gusta la pala... ¡Va va, túmbate aquí! Quítate a tu mascota del hombro. Lo que va a pasar es sencillo. Te dolerá un poco, te dormirás otro poco, y te levantarás con una bonita herida. Y ya, te puedes ir ¿Fácil no? Pues si me pagas, podemos empezar — Dije dando otro golpe con mi bastón al suelo y extendiéndole mi otra mano, con la palma abierta esperando a que soltase el dinero.
— ... Oye, pero realmente esto es una buena idea, aunque no sé cómo de moral puede ser esto... — Miré a Mariano, que seguía en hombro derecho, que no se había separado de mí en ningún momento — ... ¿Tú qué dices, amigo mío? — Le pregunté, a lo que su respuesta fue mirarme durante un par de segundos en silencio, para finalizar con un graznido totalmente grave, como si mi fiel pájaro se hubiera fumado un camión de cigarros todos los días de su vida — Tienes razón, que le den por culo — Le contesté y volví a darme la vuelta para observar como mi primo había terminado su explicación.
Al primero que habló fue un chaval alto, con dos lunares en la frente, el cual por la puta cara nos llamó "tontos" porque, según él, no sabíamos hablar. Yo ya estaba mayor para andar discutiendo, así que también fui muy directo — Tontos tus muertos, chaval. Para ti no hay oferta, por listo — Le dije mientras le señalaba con el bastón.
A continuación, una muchachita joven, frágil como una muñeca, y por lo que parecía, era ciega, pues un muchacho pelirrojo le estaba como guiando. Aquella chiquilla se presentó como Gwendolyn, y resulta que tenía problemas con su fruta. Decía que no sabía controlarla, que de su cuerpo desprendía frío cuando está nerviosa, y eso le jugó una mala pasada y dañó a alguien cercano. Estaba pidiendo ayuda, para buscar una especie de "mentor" o "maestro" que le ayudase a controlar su poder. Me llevé la mano a la barba mientras la miraba fijamente. Llegó a hasta darme algo de pena, parecía totalmente un ser inofensivo que solo tuvo mala suerte de comer una fruta del diablo. Pero, si algo me ha enseñado la edad, es que no te puede fiar de nadie, y menos de aquellos que se convierten en piratas. Aun así, por la educación que tuvo en comparación con el anterior, decidí darla una respuesta acorde
— Enfriarte ¿eh? He visto muchas frutas y con efectos muy raros, pero no he visto nunca a nadie capaz de enfriarse... Hace un par de años para vosotros conocí a un hombre que hacía lo contrario, producía calor, pero dudo que acepte ser el mentor que buscas. No recuerdo su nombre, cosas de la edad, pero sí recuerdo que llevaba una máscara llena de agujeros. Mi recomendación es que lo evites — Resoplé, intentando ayudar en lo que podía a la chiquilla. Si le servía, bien, si no, también.
Tras ello, su acompañante, el chico pelirrojo, se presentó gritando, dándome un susto del copón — ¡Me caguen tus muertos! ¡PERO NO CHILLES! — le dije mientras golpeaba con mi bastón en el suelo. Empezó a hacer muchas, demasiadas preguntas, en exceso diría yo. Quería saber cuál fruta era la mejor, la que le hiciera más fuerte y toda esa retahíla de chavales que salen al mar pensando que van a cambiar el mundo — ¡CALLA, DÉJAME HABLAR! ... Primero de todo, chaval, no me gusta la gente pelirroja. Si algo me ha enseñado la vida es que son mala gente. Son el mismísimo puto demonio. Te recomiendo teñirte el pelo — Golpeé de nuevo mi bastón contra el suelo — Segundo, ¿tú a mí me ves con cara de profesor o algo? Soy EL Chamán. Hago un trabajo en concreto y ya. Seguramente estés ante el usuario con la fruta más poderosa de todas — Le dije mientras sonreía orgulloso de ello — Si quieres una fruta, mi primo vende. Porque te comas una fruta no significa que vayas a ser más fuerte. Hasta tu novia ciega ve eso con más claridad que tú. No es cuestión de "comerse la fruta más poderosa", es cuestión de hacerse más fuerte con lo que tienes, aprender a dominarlo. Así que, si quieres una fruta, habla con mi primo y él te dirá — Finalicé la conversación con el chaval pelirrojo.
Y por último, cuando me giré, un Lunarian estaba frente a mí. Este sí que me llamó la atención. Ese porte, ese tono de piel, esas alas... Me recordaba a alguien, además, tenía una rata en el hombro de mascota, como yo con Mariano. Abrió la boca para dirigirse a mí, y, aunque poniendo en duda mi trabajo y que fuera todo una estafa, fue el único con un par de pelotas y decidido a quitarse su fruta, diciendo que iba a desafiar a los cielos y moñadas — Nah nah chaval, déjate de poesía cutre ni de intensidades. Aquí no vas a desafiar a nadie, aquí te voy a quitar la fruta, una siesta, un bocata y pa'lante, verás que no es nada — Le dije para calmar un poco el ambiente — ¡Ven, sígueme! — Le hice una señal con mi bastón.
Le acerqué a una de las camillas que los chavalitos estos que trabajan gratis habían colocado — ¿Cómo curran estos tíos, eh? Como les gusta la pala... ¡Va va, túmbate aquí! Quítate a tu mascota del hombro. Lo que va a pasar es sencillo. Te dolerá un poco, te dormirás otro poco, y te levantarás con una bonita herida. Y ya, te puedes ir ¿Fácil no? Pues si me pagas, podemos empezar — Dije dando otro golpe con mi bastón al suelo y extendiéndole mi otra mano, con la palma abierta esperando a que soltase el dinero.
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